FIRMAS

La importancia de las palabras. Por Marta Barrero

El pasado 31 de octubre nos volvíamos a quedar pasmados con una nueva sentencia de la ya tristemente “famosa” Audiencia Provincial de Murcia. Su cabecilla, el Juez Juan del Olmo, revocaba una condena de un año de prisión a un hombre por llamar ZORRA a su mujer. El llamado “Juez” argumenta que la palabra “Zorra” no siempre tiene que ser un insulto. También tiene acepciones positivas, como por ejemplo “persona astuta, sagaz….”. Así, el marido de la “no víctima”, esa persona que aseguró al hijo de ambos que la próxima vez que la viera sería en una “caja de pino”, ese ZORRO – astuto y sagaz – quedaba en libertad de la noche a la mañana. ¡Pero qué importantes son las PALABRAS!

Pues bien, pasaron unos días y llegó a una de mis Redes Sociales la siguiente Carta de una Ciudadana Indignada. Como veréis, la nota es como el CERDO, no tiene nada de desperdicio. Que la disfrutéis…

«Estimado juez Del Olmo: Espero que al recibo de la presente esté
usted bien de salud y con las neuronas en perfecto estado de alerta
como es habitual en Su Señoría…

… El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo
judicial ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela
Felicitas y que me tiene un tanto preocupada. Paso a exponerle los
hechos:

Esta mañana mi tía abuela Felicitas y servidora nos hemos cruzado en
el garaje con un sujeto bastante cafre que goza de una merecida
impopularidad entre la comunidad de vecinos. Animada por la última
sentencia de su cosecha, que le ha hecho comprender la utilidad de la
palabra como vehículo para limar asperezas, y echando mano a la
riqueza semántica de nuestra querida lengua española, mi querida tía
abuela, mujer locuaz donde las haya, le ha saludado con un jovial «que
te den, cabrito
«.

Como una hidra, oiga. De poco me ha servido explicarle que la buena de
la tía abuela lo decía en el sentido de alabar sus grandes dotes como
trepador de riscos, y que en estas épocas de recortes a espuertas,
desear a alguien que le den algo es la expresión de un deseo de buena
voluntad
. El sujeto, entre espumarajos, nos ha soltado unos cuantos
vocablos, que no sé si eran insultos o piropos porque no ha
especificado a cuál de sus múltiples acepciones se refería, y ha
enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo oídos sordos a mis
razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, y a los de la
tía abuela, que le despedía señalando hacia arriba con el dedo corazón
de su mano derecha con la evidente intención de saber hacia dónde
soplaba el viento.

Como tengo la esperanza de que la denuncia que sin duda está
intentando colocar esa hiena -en el sentido de que es un hombre de
sonrisa fácil– llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por
favor, que intente mediar en este asunto explicándole al asno
-expresado con la intención de destacar que es hombre tozudo, a la par
que trabajador– de mi vecino lo de que las palabras no siempre
significan lo que significan
, y le muestre de primera mano esa
magnífica sentencia suya en la que determina que llamar zorra a una
mujer es asumible siempre y cuando se diga en su acepción de mujer
astuta.

Sé que es usted un porcino -dicho con el ánimo de remarcar que todo en
su señoría son recursos aprovechables– y que como tal, pondrá todo lo
que esté de su mano para que mi vecino y otros carroñeros como él
-dicho en el sentido de que son personas que se comen los filetes una
vez muerta la vaca
– entren por el aro y comprendan que basta un poco
de buena voluntad, como la de mi tía abuela Felicitas, para
transformar las agrias discusiones a gritos en educados intercambios
de descripciones, tal y como determina usted en su sentencia,
convirtiendo así el mundo en un lugar mucho más agradable.

Sin más, y agradeciéndole de antemano su atención, se despide
atentamente, una víbora (evidentemente, en el sentido de ponerme a sus
pies y a los de su señora
), salude a las zorras de su esposa y madre.

 
http://www.dooid.me/maravega

 

 

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