FIRMAS Salvador García

Desoladora esperanza. Por Salvador García Llanos

Cuando los resultados de las elecciones gallegas y vascas eran objeto de diversas interpretaciones que tenían, faltaría más, un punto de convergencia en el retroceso socialista que no sólo regodea al espectro conservador sino que cuestiona el rumbo del PSOE, las conclusiones de la encuesta de condiciones de vida del Instituto Nacional de Estadística (INE) ponían de relieve que empeoran hasta contrastar la auténtica realidad social y económica de un país sacudido por la recesión que no sabe cómo se traga eso de unos presupuestos más sociales que nunca cuando la progresiva reducción de ingresos está dificultando la supervivencia en todos los órdenes.

Algunos resultados de esa encuesta son significativos, desde luego. El 12,7% de las familias, por ejemplo, no llega a fin de mes. Casi tres puntos más que el porcentaje de 2011. El 44,5% de los hogares ya no se puede permitir vacaciones fuera de casa al menos una semana del año. Un 40% de familias no tiene recursos o capacidad para afrontar gastos imprevistos. Y casi el 7,5% ha tenido que demorar los pagos de obligaciones contraídas con su vivienda principal.

Es verdad, siempre según el estudio del INE, que disminuye el porcentaje de población que se sitúa por debajo del umbral de la pobreza (21,1% frente al 21,8% del año anterior), debido a la reducción del porcentaje entre los mayores de 65 años; pero no es menos llamativo que las familias hayan ingresado casi un 2% menos con respecto a 2010. O que el ingreso medio por persona se haya fijado en 9.321 euros, un 1,3% menos. Canarias, por cierto, con el 33,8%, se sitúa en cabeza de las comunidades donde más riesgo de pobreza se registró en 2011.

Y por si estos datos no fueran suficientes, los de la última Encuesta de Población Activa (EPA), referidos al paro, acentúan la gravedad de la situación y hacen ver un panorama desolador. La tasa de desempleo supera el 25%: nunca ha habido tantos parados en el país. Uno de cada cuatro trabajadores o personas en disposición de trabajar está en paro. El aumento de los desempleados en los tres primeros trimestres del año supera los quinientos mil. Claro que son dramáticas las cifras, como ha calificado el Gobierno. Por tanto, cabe aguardar políticas que favorezcan su reducción. El estrepitoso fracaso de la reforma laboral obliga a alternativas como un acuerdo de rentas que combine la moderación salarial con los beneficios empresariales con el fin de mejorar la productividad y ajustar los precios. Y aconseja, por supuesto, políticas de crecimiento que impulsen la creación de puestos de trabajo. Pero en los Presupuestos Generales del Estado se consigna que las políticas activas de empleo se ven reducidas un 34%.

Y entonces, el alma se viene a los pies. Qué desoladora esperanza. Menos mal que los Presupuestos son los más sociales de la democracia.

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