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Un trabajo correcto. Por Eduardo García Rojas

 

Miguel G. Morales cuenta ya con una variada y nutrida producción audiovisual a sus espaldas. Sin embargo, y en contra de otros cineastas más o menos de su misma generación, Morales ha centrado su mirada en el documental.

Las alas verdes del dragón. Drake en el mar de Canarias, el último de sus trabajos estrenado en un archipiélago que se pliega ante los vientos de desorden que se anuncian, no es sin embargo una de sus obras más personales ya que se trata de un encargo en el que se pretende contar el paso de Francis Drake, héroe para unos, villano para otros, por las costas del archipiélago.

Las alas verdes del dragón. Drake en el mar de Canarias, que contó en su momento con el respaldo económico del programa Septenio –un programa que como todo el mundo sabe ha aplazado su próxima convocatoria hasta no sé cuándo…– se trata de una modestísima cinta que, desgraciadamente, y por no tener muy claro sus objetivos, deja demasiados interrogantes para un espectador al que le guste la Historia.

Con todo, no deja de ser un trabajo curioso, así como una elogiable síntesis sobre un personaje, Francis Drake, y su tiempo. Lástima, en este caso, que no se contara con más imaginación para resolver esas claves que, a mi juicio, resultaban fundamentales para darle grosor y profesionalidad a un trabajo que apenas araña sus posibilidades… Entre otras, una descripción de cómo era Canarias en aquel tiempo como territorio de frontera. También de la sociedad que comenzaba a desarrollarse en las dos capitales –Santa Cruz de La Palma y Las Palams de Gran Canaria– que atacó el marino que nunca perdió la gracia del mar.

Cuenta el documental, no obstante, con elementos que juegan a su favor. En especial el tono didáctico, o ese halo a lo Canal Historia pero a lo pobre.

En este aspecto, y si las cosas funcionasen Las alas verdes del dragón. Drake en el mar de Canarias debería destinarse a ver en las escuelas que salpican nuestra insular geografía.

Espero y confío que parte de su explotación comercial se escore en esa dirección, aunque sus responsables estarían entonces en la obligación de acentuar lo que significó de verdad el capítulo de Canarias en la biografía de Drake:  una anécdota más en la intensa y apasionante vida del marino, pero importante también para comprender la dimensión de un hombre de su tiempo así como la de un imperio que comenzaba a configurarse.  

Claro que, objetivamente, el documental carece de un análisis profundo de lo que  supuso para el imperio español el enfrentamiento contra otro imperio que comenzaba a dar sus primeros balbuceos. Imperio que recurrió al oficio de hombres con ambiciones como Drake para robarle, literalmente, las riquezas que tenía la corona española repartidas por medio mundo.

Aclaro que lo escribe alguien que perdió muchas tardes de su vida jugando al Risk. También quemándose las pestañas viendo documentales de Historia.

Resultado de una afortunada fusión, Las alas verdes del dragón. Drake en el mar de Canarias es producto de una combinación de factores en las que se encuentra la productora Digital 104, Miguel G. Morales, y Daniel Martín y Leoncio González, los responsables del guión.

Esta especie de unión temporal de voluntades cuenta en la historia del cine canario con un mediometraje que aún continúa siendo referente: Esposados, de Juan Carlos Fresnadillo. Filme que en tiempos igual de difíciles o más que los actuales logró unir a tres empresas (Zodiac Films, La Miradas Producciones y Papi Producciones) para hacer realidad el que todavía es el corto más premiado del cine español así como el primer trabajo en su clase por optar a los Oscar de Hollywood en esta categoría.

Esta forma de trabajar quizá sea lo más interesante de Las alas verdes del dragón. Drake en el mar de Canarias.

Y es que no son buenos tiempos –insistimos– los que aguardan a la cultura subvencionada en Canarias. Una cultura acostumbrada hasta el día de ayer a vivir de subvenciones no demasiado transparentes así como poco exigente en contrastar su explotación comercial.

Sin embargo, y ante la escasa capacidad de acción que tiene en la actualidad la inservible Consejería de Cultura por estimular lo que pudo ser –cuando aún contaba con dinero suficiente para crear cimientos y no derrocharlos porque la vida entonces parecía alegre y divertida–  quiero pensar que su colosal ceguera no terminará con eso que algunos conocen como cine canario.

Algo me da en la nariz que el cine continuará en la brecha gracias a los independientes, a los locos que se aglutinan en torno a eso que llaman Cine Leve así como a pequeñas productoras que, como Digital 104, saben que su supervivencia depende ahora de su capacidad para aunar esfuerzos privados sin contar con los dineros públicos…

Y si bien es probable que sus producciones no vayan más allá de Canarias, no es razón para criticarlas cuando el Gobierno regional con todo el dinero que invirtió –y perdió malamente– en ese fantasma que llamó cine canario hizo exactamente lo mismo.

Es hora pues de que los que hacen cine piensen en fórmulas para promocionar y  proyectar sus trabajos más allá de nuestras fronteras, con independencia de una Consejería que con o sin dinero nunca tuvo imaginación y mucho menos capacidad de riesgo.

Es hora pues de que lo que hacen cine hagan llegar sus trabajos a públicos que no solo forman entusiasmados amigos y familiares. 

NOTA: Seis filas de butacas del salón de actos de Tenerife Espacio de las Artes TEA el día de su estreno estaban reservadas. Imagino que para amigos y familiares… 

Saludos, sean realistas: pidan lo imposible, desde este lado del ordenador.

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