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El choque de trenes entre Encarna Sánchez y José María García. Por Gorka Zumeta

De todos es conocido que tanto Encarna Sánchez, hoy desaparecida, como José María García tuvieron sus enfrentamientos cuando ambos trabajaban en la Cadena COPE. Encarna, a la que le sobraba carácter, y García, que no se quedaba atrás, rozaban siempre que la actualidad deportiva se entrometía en el programa de la tarde.

 Encarna y García, dos gallos en el gallinero de la Cop

Ocurrió durante un Giro de Italia, cuando Encarna vio reducido su tiempo en una hora, por culpa de los ciclistas. En lugar de comenzar a las 16:00 horas, lo hacía a las 17:00 horas. Previamente, entre los dos hubo un acuerdo tácito de respetar ese horario. Una tarde, un redactor de deportes que se creía el mismísimo García, prolongó el tiempo de la conexión. Se sobrepasaron las 17:00 horas, las 17:05, las 17:10, las 17:15. Cuando Encarna Sánchez recuperó el micrófono, ¡a las 17:20 horas!, fue para dos cosas: para despedirse de su audiencia (ella decía que se marchaba, y se marchó) y para encomendar a García que continuara «¡él!» haciendo el programa. Aquella tarde fue otra locutora, Julia Bustamante o Adela Cáceres, la que se encargó de conducir el espacio vespertino de la COPE.

Al día siguiente, para limar asperezas, José María García fue a pedirle disculpas a Encarna y no se le ocurrió otra cosa que entrar en el estudio cuando la locutora se encontraba en directo. No se fijó en la luz roja que advierte de esa situación. El caso es que toda España pudo oír las excusas del periodista deportivo: “¡Leches! Encarna, perdóname… pero ¿tanto cabreo por eso? ¡Vale, joder, tranquila, que no vuelve a pasar! “Las aguas volvieron a su cauce, no por mucho tiempo…

El choque de trenes entre Encarna y García era en realidad el choque entre programas y deportes. O entre programas y programas. El respeto al horario establecido en las parrillas  no siempre se contempla entre compañeros. No hace tanto tiempo que Carlos Herrera saludaba a sus oyentes de Cope diciendo: «Son las 9 y Herrero«, aludiendo al retraso que, sistemáticamente, imprimía a la antena el informativo de Antonio Herrero, que se pasaba lo que le daba la gana, sin respetar al que venía detrás de él, promocionando aquel latiguillo popular que decía: «el que venga detrás, que arree«.

El desaparecido Herrero y Herrera

Pero el caso de Herrera con Herrero no ha sido nunca una excepción. Yo no recuerdo nunca haber oído un comienzo puntual, con las señales horarias limpias, del «Hablar por Hablar«, en la SER, porque José Ramón de la Morena prolonga, sin que haga ninguna falta, su ‘Larguero‘ hasta bien pasada las 1,30 de la madrugada. Haría bien Macarena Berlín, igual que sus predecesoras, en empezar el programa, emulando al maestro Herrera, diciendo «Es la una y de Morena«. Pero nunca lo harán porque en la SER pesa quien pesa. Y el miedo es libre, y comprensible. Y más ahora. Pero lo considero una falta de respeto no sólo hacia el compañero que está esperando su turno y ha preparado sus contenidos y timing, sino hacia los propios oyentes, que esperan pacientes .y ya acostumbrados- el comienzo del programa de madrugada. Y aún hay más, el comportamiento, carente de toda justificación, emponzoña la imagen de la SER, donde no hay nadie que se atreva a meter en vereda a Joserra, cuyo programa sigue siendo líder de ese tramo horario, por méritos propios e indiscutibles. Lo cortés no quita lo valiente. Y en este caso, insisto, hay poco de cortés.

Pero donde más problemas se han producido siempre ha sido durante las carreras ciclistas. Las llegadas del Tour de France o la Vuelta a España siempre han sido imprevisibles, por mucho que existiera una previsión de la organización. Recuerdo cómo me tocó en varias ocasiones suplir el tiempo que faltaba alguna tarde o cómo echamos por la borda contenidos que teníamos previstos, porque a los corredores les daba por llegar antes a la meta. Javier Sardá era algo que no aguantaba. Y así lo transmitía a quien correspondía, pero los deportes siempre han marcado las pautas de la programación, y no siempre han respetado el trabajo de los demás compañeros. Sardá, un purista de los contenidos, que trabajaba tan a pecho sus entrevistas y secciones, no entendía que todo se le viniera abajo por falta de previsión y organización.

 José Ramón de la Morena y Macarena Berlín

De modo que lo que les ocurrió a Encarna Sánchez y a José María García no nos debe parecer tan lejano en el tiempo. Encarna tenía un carácter tan fuerte que no le dolían prendas en mandar a freír espárragos al mismísimo García. Y García, en el fondo buen tipo, fue quien recondujo la situación. Seguro que muchos de los lectores de este post han vivido casos similares. No estaría de más destaparlos aquí para escarnio de quien los comete. Invitados quedan.

 

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