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La paz está en Benijo. Por María Jesús León

Antes de empezar a escribir esta entrada me lo he pensado un poco. ¿Por qué voy a revelar dónde se esconde una joya?¿Por qué voy a desvelar la situación de un sitio mágico como este?¿Merecerá la pena que mucha gente sepa que el paraíso está a la vuelta de la esquina?

Pero, claro, no soy la única que lo conozco y, después de todo, muchos foráneos saben ya dónde está situada la casa de Benijo, de mis amigos Antonio y Alfredo, y llegan de sus países de origen para disfrutarla. Les confieso que no he ido tantas veces como debería pero las veces que he estado, han sido idílicas.

La playa de Benijo tiene ese paisaje agreste, de arenas negras y calientes, con olas salvajes en marea alta, que baten sin conmiseración sobre los roques que le dan nombre. Siglos y siglos arremetiendo contra la lava sólida, más el pasar del viento por las rendijas de sus piedras afiladas, han conformado un paisaje casi lunar. Posee un perfil angosto por arriba y suave en lo bajo perceptible sólo cuando la marea se retira. Entonces, la playa se vuelve remanso y las charcas sirven de patio de juegos para los niños, que disfrutan sin peligro y a su antojo.

La casa de Benijo está situada en el caserío del mismo nombre, llegando a través de los montes de Anaga por una serpenteante carretera que transita el Parque Rural y penetra en la otra cara del macizo. Titsa viaja con su línea 946 hasta Almáciga, muy cerca de nuestro destino.

Pasados los barrios de Las Palmas, El Draguillo, Almáciga o Taganana la laurisilva es bañada por el salitre y la luz del mar. Aún en el Parque Rural de Anaga, la casa de Benijo es un lugar privilegiado en el que disfrutar de la belleza de los atardeceres y el silencio bullicioso de las olas en la comodidad de un hogar.

Para los que no tengan tanta pasión por el mar, la casa de Benijo también es una plataforma base estupenda para disfrutar del paisaje virgen de Anaga, con su gran diversidad natural, resultado de la propia orografía, las diferentes cotas que le otorgan mayor o menor humedad y horas de sol. Esta diversidad de ambientes favorece el asentamiento de una rica y variada naturaleza, un abanico de comunidades de numerosas especies animales y vegetales, con más de 120 endemismos locales, algunos de ellos muy escasos y amenazados.

Entre los hábitats naturales de Anaga se encuentran algunas de las mejores manifestaciones de los ecosistemas canarios. Destacan por su buen estado de conservación los bosques de laurisilva de sus cumbres, los sabinares como el de Afur o los cardonales tabaibales del extremo oriental del macizo.

Por sus condiciones naturales y por el esmero de sus gentes, Anaga guarda un tesoro de variedades locales de productos que son únicos, como las papas borrallas, variedades de batatas, de ñames, de viñas y de muchos frutales. En sus caseríos es aún posible descubrir muchas prácticas ecoculturales que remarcan todavía más la singularidad ambiental y cultural de esta comarca tinerfeña. Comer en los pequeños restaurantes de la zona (pocos y dispersos pero inmejorables) es otra razón para darse un salto hasta la casa de Benijo. Si la paz está en Benijo, ¿por qué no intentar alcanzarla?

Pruébenlo lacasadebenijo@gmail.com

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