FIRMAS Salvador García

En el océano infinito… a su debido tiempo. Por Salvador García Llanos

Mar Abad, redactora-jefe de Yorokobu, un amenísimo e innovador sitio web, plagado de creatividad, ha estimulado el amor del periodista por la tecnología al ponderar su condición de principal vehículo de la información. Es curioso: se nos pide que no seamos máquinas, que haya más “humanismo” en el ejercicio profesional; pero, por encima de todo, el soporte tecnológico. O lo que es igual: sin él, no hay nada que hacer. Algo así como amarás la información sobre todas las cosas. Y la tecnología como a ella misma.

Mar Abad se basa en este razonamiento por el que llega a la flexibilidad, concepto en el que basa las propiedades de la información: hay que ordenarla, enriquecerla y contrastarla. Vale. Esa triple apreciación la conduce a una de sus conclusiones en la entrevista que concede a Yorokobu:

– El periodismo ya no va de contar historias antes que nadie. Su misión es convertirse en una buena fuente dentro de un océano infinito de información.

Esto rompe algunos esquemas. Quienes nos criamos al calor de la búsqueda de información novedosa o inédita, basada en contactos personales, aprendimos sobre la marcha a administrarla. Cuando tuvimos clara la idea de la competencia, o cuando ésta nos envolvió como uno de los grandes alicientes, especialmente en el ámbito radiofónico, el factor inmediatez aceleró los afanes de procesarla y transmitirla. Era una gestión meritoria si se tienen en cuenta ciertas rigideces en la programación, la multifuncionalidad y el pluriempleo, las dificultades para acceder a las fuentes y hacer todo el proceso (localizar, hablar, redactar, emitir…) prácticamente en solitario.

Se apoderó de nosotros el sentido de la anticipación. Y el término primicia habitó entre nosotros. Vivíamos ligeramente obsesionados con tener la información en exclusiva. Y queríamos soltarla cuanto antes. Estábamos pendientes de la “compe”, ¡a ver si no se había enterado! Cuando eso ocurría, aumentaba automáticamente la autoestima. Y nos decíamos interiormente:

– ¡En forma! A por más…

En fin, eran otros tiempos. Había mucho de romanticismo en todo. Llegar antes que los demás, horarios al margen. Disponer de la información (tras haberla trabajado) y transmitirla. Ganar por llegar antes. A veces, pecando de osadía. Pero sabiendo y cumpliendo con los principios elementales para forjar la credibilidad como informadores y profesionales. Lograr un testimonio que los otros no tenían. Dar al protagonista de la noticia el valor correspondiente. Ser humildes para no confundir los planos. Teníamos sentido de la responsabilidad social, el mismo que ahora reivindica Mar Abad.

La redactora de Yorokobu asegura que “contar historias antes que nadie” ya no se estila. O lo que es igual: mejor contarlas bien, con seguridad, con originalidad, con elementos que aporten rigor para hacerlas atrayentes y creíbles. Para informar, en definitiva, con garantías pues para eso hay unos destinatarios. Y esa información, es verdad, crea opinión pública y genera dos efectos: fortalece o desmoraliza a los ciudadanos.

En cualquier caso, es uno de los cambios radicales del periodismo. Amemos la tecnología para ser lo suficientemente flexibles y contar las historias como mejor hay que hacerlo. No antes, que eso igual precipita o hace incurrir en falsedades y errores.

Y no están los tiempos -ni la profesión- para eso.

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