FIRMAS

Sobre el Protocolo y la importancia de la imagen. Por Mónica Fernández de Armas

-“¿Protocolo?

La gente no invierte en eso, y menos aquí en Canarias y en el momento en el que estamos, blablabla…”

Eso es lo primero que me dijeron hace años cuando comenté a lo que quería dedicarme; y lo que hoy en día “por desgracia” sigo escuchando.

Es cierto que las empresas en época de crisis prescinden de lo que “no es necesario” para ahorrar, pero ¿porqué prescinden de las relaciones públicas y del protocolo?

¿Es que acaso cuando las cosas comienzan a ir mal tenemos la libertad de permitirnos hacerlas de peor manera? Total… ¿si ya están mal… no?, si estuvieran bien las cuidaríamos, pero, ¿si están mal para que vamos a invertir dinero en ello?

Estarán de acuerdo con que esto es una gran equivocación, pero es la realidad. Las empresas consideran que prescindiendo de los servicios de protocolo, no pierden nada porque “¡Total eso lo puede hacer la secretaria que algo sabrá de eso, digo yo!”, o porque “total, lo hago yo mismo que tampoco tiene mucha ciencia”. Grave error otra vez.

El protocolo, la organización de un acto, las relaciones publicas de una empresa -por muy grande o pequeña que esta sea- es una labor a realizar con extremo cuidado, con cariño, dedicación y muchas, muchas, ganas, puesto que eres la imagen de la empresa, la cara visible, el contacto.

Hay que conocer bien a fondo la filosofía de la empresa para poder transmitirla como si de tu personalidad se tratase. De un relaciones públicas penden muchísimos aspectos; y no solo el de hacer buenas relaciones, asistir a distintos eventos, poner buena cara y sonreír.

La función de un relaciones publicas es también la de comunicar en situaciones de crisis, la de interactuar con distintos públicos -los que apoyan y los que van en contra de nuestras ideas y maneras de hacer las cosas-, de mantener relaciones mutuamente beneficiosas entre la organización o empresa y su público.

Y no solo su público externo: no debemos de olvidar el público interno. El que hace que la organización cobre vida, de brindar consejo y asesoramiento, de investigar, de difundir, etc. De estas funciones depende el éxito o el fracaso de la empresa.

Es entonces por lo que no entiendo que muchos empresarios no vean esto tan claro y prefieran prescindir del puesto.

Mucha de la gente de “a pie”, aquellos que no tienen que ver con el mundo empresarial (sin discriminar), limitan sin saber el concepto de relaciones públicas a la persona contratada por una empresa que te invita a una copa en un bar, el que te hace la promoción del 2×1 en un restaurante o aquel estudiante de 1º de carrera, que reparte entre universitarios entradas gratis para la discoteca de moda.

Es cierto que se crea una relación beneficiosa entre empresa y publico pero créanme, un relaciones publicas es muchísimo más que eso.

Comencé el post hablando de la importancia del protocolo y terminé con la importancia de las relaciones públicas. Es muy fácil pasar de un concepto a otro, puesto que van de la mano.

Cuando hablamos de relaciones públicas hablamos de acciones orientadas al público, es decir al contacto con las personas y es por ello donde el uso del protocolo se hace necesario. Uno actúa como agente, estableciendo formas de proceder ante diversas situaciones que se dan en la interactuación.

En la antigüedad, el protocolo servía para proyectar imagen de poder y hoy en día las ramas de ceremonial, simbología, colores y vestimentas siguen vigentes para proyectar la imagen de empresas e instituciones de distintas índoles. Por lo tanto, parece una herramienta que complementa y a la vez es muy enriquecedora a la figura del relaciones públicas, para cumplir los distintos objetivos marcados, entre los que están lanzar o reforzar la imagen de una organización.

 

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