FIRMAS Juan Velarde

Galicia no quiere ni a Condes ni aristócratas. Por Juan Velarde

Las elecciones gallegas han dejado también claro que en política los arribistas tienen pocas o ninguna oportunidad de poder hacer carrera. Cuando un ex banquero que, bien es cierto, ha pagado sus deudas con la sociedad (o al menos parte de ellas) tras su paso por la cárcel y ahora pretende convertirse en el paladín y en el adalid de la regeneración democrática, mal vamos; pero él por creerse que puede tener su espectro en política y esa masa de votantes que confía en una persona de apellido tan aristocrático y tan sospechoso como pensar que se puede hacer uno rico con acciones de Nueva Rumasa.

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Mario Conde se la pegó en la cita electoral de Galicia, pero no porque Feijóo anticipara cuatro meses las elecciones, sino porque el ciudadano puede estar saturado, harto, cansado, desmotivado, desmoralizado o simplemente hasta el mismo gorro de los de siempre, pero tampoco va a confiar su voluntad al primero que pase por la puerta de tu casa (eso ya lo hace el PSOE, como dijo el genial Carlos Herrera). Y si encima quien toca a tu puerta fue el mismo hombre que un 28 de diciembre de 1993 provoca que el Gobierno tenga que intervenir Banesto donde muchos españoles tenían sus ahorros, pues imagínense el síncope.

La política española tiene que regenerarse, pero desde el ático hasta la planta del garaje más profunda. El sistema actual permite demasiados especuladores, muchos jornaleros de la gloria a los que uno o dos escaños les convierten en parte activa del sistema donde tarde o temprano intentan perpetuarse en él. Las lecciones de Conde, en el plano teórico, pueden dar para ocho libros de economía, diez entrevistas y hasta para montar alguna tertulia. Pero desde el punto de vista de la decencia, el ex banquero bien haría en guarecerse por si acaso resucita de la ultratumba judicial, donde los expedientes más cadáveres vuelven a la vida en un chasquear de dedos.

Ahora la formación de Conde se fija como objetivo las elecciones catalanas donde también le espera darse un zurriagazo espectacular y luego, se supone, la idea es prepararse a fondo para las elecciones europeas de 2014 y las autonómicas y generales de 2015. Ahora bien, sin poltrona y despacho oficial que llevarse a la boca, me temo que rápidamente se quede sin fondos y no aguantará tanto tiempo con números rojos. Y es que una cosa es impartir principios y otra cosa quedarse sin sillón.

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