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MODA. Alfonso Bravo, el poeta de la fotografía. Por Mónica Ledesma

Elblogoferoz/Mónica Ledesma.- Sobre la arena negra de la playa, juguetonas olas tiñen de espuma blanca las huellas de los recuerdos. En el cielo, vaporosas nubes se desgarran en infinitos hilos que van cubriendo de gris el atardecer. Solo el batir del agua rompe el mágico silencio, mientras la brisa empieza a mecer las hojas de una vieja libreta que yace sobre una roca. A su lado, Alfonso levanta la mirada hacia el infinito y atrapa con sus grandes ojos la última luz del ocaso para transformarla en palabras que van dando forma a la pasión de un artista: la poesía.

Casi 20 años después, el fotógrafo tinerfeño Alfonso Bravo aún añora aquellas tardes de soledad que pasaba en la playa del Puerto de la Cruz con la única compañía de su libreta, fiel confidente de sus sueños, de sus tristezas y de su arte en forma de poemas. Letras encadenadas que iban tallando el joven corazón de un artista que no pensaba por aquel entonces que hoy, a sus 37 años, acabaría convirtiendo aquellos versos en imágenes de exquisita elegancia.

Alfonso Bravo recuerda que sus comienzos en el mundo de la fotografía fueron toda una aventura y que su actual profesión se la debe, en gran parte, a su tío Lolo. “El tenía una cámara canon ae1 colgada en un perchero de su casa y un día me dijo que la cogiera, que estaba seguro de que yo le iba a sacar partido. Así fue. No tenía ni idea de fotografía pero cogí aquella cámara y cuando miré a través de su objetivo aprendí a ver la vida de otra manera y, lo más importante, a verla de la manera que uno quiere”, explica el artista.

El fotógrafo lleva tres años realizando las imágenes para el calendario Peroni.

Una cámara que hizo que Alfonso fuera cambiando letras por negativos y que empezara a interesarse por un nuevo mundo a contemplar a través de una lente. “Nunca recibí clases de fotografía ni estudié Bellas Artes. Soy totalmente autodidacta en mi profesión, pues considero que la fotografía no tiene muchos secretos, ya que aparte de luz y velocidad, lo demás es el ojo y el corazón que pongas en cada disparo”, añade.

Aún conserva su primer negativo, una foto que hizo en el muelle de su Puerto de la Cruz natal a los retrovisores de unos coches que estaban aparcados. “Recuerdo que metí el carrete en la cámara y no sabía ni lo que era la sensibilidad, ni la luz ni nada. Pero los empleados de las tiendas de revelado Kodak de aquellos años me fueron ayudando a controlar todos estos aspectos y a que me interesara por indagar en este campo”, comenta el fotógrafo. “También me ayudó el hecho de que a los 23 años tuve la suerte de comenzar a trabajar en una tienda de revelado del Puerto, Foto Atlántico, y ahí aprendí y experimenté más sobre el color y la luz”.

Esencia

Fue de esta manera como la magia del negativo fue filtrándose en su piel y aferrándose a su memoria y, aunque hoy en día ha cambiado el carrete por la fotografía digital, considera que “la calidad fotográfica que da un negativo, el grano natural y la luz de esos objetivos de las cámaras antiguas es algo de lo que aún adolece la nueva tecnología”. Por ello, resalta que “los que venimos de la era de la película creo que tenemos sobre los de la era digital un poco más de ventaja, pues conocemos el color y la luz de otra manera que, en definitiva, es la esencia de la fotografía”.

 

Dos retratos de moda de Alfonso Bravo.

El fotógrafo tinerfeño ha alcanzado el reconocimiento internacional gracias a sus trabajos personales y a su especialización en el campo de la moda

Admirador de grandes fotógrafos como Peter Lindbergh o Henri Cartier Bresson, entre otros, Alfonso Bravo bebió a través de los libros de la inspiración en blanco y negro de estos artistas que, en cierta manera, fueron marcando su estilo a la hora de retratar. Como enamorado de la mujer, de su sutileza y elegancia, también empezó a sentir atracción por la belleza de lo humano y fue así como un día le pidió a sus amigas que posaran para el. “No es que me gustara la moda ni la alta costura, pero captar la sensualidad del rostro es lo que me fue llevando al campo de la fotografía de moda, a pesar de que no me considero un fotógrafo de moda sino que hago retratos actuales vinculados a este campo. Detrás de cada foto que hago de moda hay algo más que eso”, matiza el creativo.

Fotos de glamour, coquetería y sensualidad que han sido publicadas en revistas nacionales e internacionales como Vogue, Elle, Hola, Absolute o Todoboda, entre otras, además de trabajar en importantes campañas publicitarias para el colectivo Tenerife Moda, las tres ediciones del calendario Peroni, o actualmente la nueva promoción para Turismo de Tenerife, en la que lleva trabajando dos meses y medio. Aparte, ha sido el artífice del cartel del Carnaval de 2011 de Santa Cruz de Tenerife y su cámara ha fotografiado a modelos internacionales luciendo diseños de modistos de la talla de Marco y María, Dámaso Gaudí, Christian Alayón, Jorge Gómez o David Hach.

El blanco y negro marca la mayoría de fotografías de este artista internacional.

Asimismo, acaba de quedar elegido entre los cinco finalistas, de más de 6.500 fotógrafos internacionales presentados, a los Premios Lux, una candidatura que ha sido toda una sorpresa. “Me presenté el último día a estos premios con tres imágenes de la serie Memories, que es con la cual gané el concurso de fotografía de Tenerife Moda. Cuando me comunicaron que estaba entre los finalistas fue un subidón. El 8 de noviembre se conocerán los ganadores, pero aunque suene a tópico, para mí la candidatura en sí ya es el premio”.

De Tenerife a Londres

Lo cierto es que la trayectoria profesional que avala a Alfonso Bravo le ha hecho merecedor no sólo de tantos premios, sino del reconocimiento a su trabajo a nivel internacional, casi más que en Canarias. Un salto a la fama que, además, llegó casi de casualidad, pues un día fue su corazón bohemio el que le pidió abrir camino y sin pensarlo cogió la maleta y sus trabajos personales y se marchó a Londres, donde vivían unos amigos. “Dando un paseo con una amiga por el centro de Londres pasamos por delante de Vogue Home y ella me animó a entrar y a presentar mi trabajo. Esa misma tarde, la editora de Vogue me llamó y en la entrevista me dijo algo que después se ha repetido hasta la actualidad. Sus palabras fueron que era una de las personas vivas que fotografiaba como los fotógrafos muertos. Y quizás es cierto, pues mi fotografía tiene ese punto clásico de los años 40 y 50 debido a los grandes artistas de los que tanto leí y aprendí de joven”, indica.

Pero aunque Vogue le abrió las puertas a la popularidad en el sector de la fotografía de moda, Alfonso destaca que “he triunfado más fuera por mi trabajo personal que el de moda, pues realmente ahí es donde sale a relucir el verdadero artista que llevas dentro”. Puntualiza que “un buen profesional no es sólo una persona que hace buenas fotos, sino el que sabe dirigir a un equipo, ya que al fin y al cabo eres como un director de cine que crea una historia y tienes que darle forma para que el público la entienda. Por ello, aunque alguien tenga mucha técnica y recursos, si carece de corazón no puede hacer que las imágenes transmitan”. Sin apenas «abusar» del Photoshop, herramienta que considera «un laboratorio que no huele a químicos», sus fotografías son hechas desde el corazón, sin retoques ni falsear la realidad, pues tal y como asegura una imagen no vale más que mil palabras sino que “tiene que borrar mil palabras. El día que tengas que explicar una foto será un problema, porque las fotos tienen que hablar por si solas”.

La luz es la obsesión de Alfonso Bravo para inmortalizar sus imágenes.

Bravo es el autor del cartel del Carnaval chicharrero de 2011, ha ganado el I concurso de fotografía de Tenerife Moda y ahora opta a los premios Lux

Quizás por su búsqueda particular de el diálogo visual entre imagen y espectador es por lo que Alfonso Bravo está considerado actualmente como uno de los mejores retratistas del mundo. Así afirma que en su escala de preferencias en fotografía pondría en primer lugar el retrato, seguido de paisajes y por último el fotoperiodismo. “Creo que todas las ramas de la fotografía tienen que tener el ojo educado para ello, pero en mi caso el retrato es el que más simboliza ese reto entre fotógrafo y persona. Es lograr esa conexión invisible que haga surgir la magia en la imagen”.

Viaje a Cuba

En este sentido, narra que en 2009 se fue a Cuba durante 45 días para hacer un trabajo personal sobre los emigrantes canarios que vivían en este país. “Fue un reto personal, ya que me siento muy unido a Cuba por vínculos familiares. Me marché solo a la Isla para fotografiar a los guajiros y es ahí donde te enfrentas al verdadero trabajo, ya que tienes que captar ese segundo robado en personas que sin ser modelos profesionales ni haber visto una cámara en su vida tenías que fotografiar sin conocerlos de nada. Lograr esto es muy difícil, demasiado complicado. Pero ahí radica el que seas o no un buen profesional. Si fuera fácil creo que todo el mundo sería fotógrafo”, argumenta Alfonso Bravo.

Cuba es para Alfonso Bravo una fuente de inspiración en su otra pasión: los paisajes.

El fotógrafo de la luz

Cuestionado sobre qué busca cuando mira a través del objetivo de su cámara, el fotógrafo es claro. “Busco la luz, es algo que  me obsesiona porque el 80% de la fotografía es luz, además de lo que pueda aportarte la modelo en la idea que buscas transmitir”. Por ello, una sesión de moda que realice puede llevarle unas cinco horas de trabajo hasta que consigue el efecto que tiene en mente, aunque cuando fotografía su otra gran pasión, los paisajes, este tiempo se diluye entre la soledad bañada de esa luz natural con la que le encanta inmortalizar cada momento.

Otro hecho curioso en este maestro de la fotografía es que pese a haber retratado a cientos de personas, en cambio nunca nadie lo ha retratado a él. “No me gusta que me fotografíen, me siento incómodo y entiendo cuando una persona posa para otra sin apenas conocerla. Las imágenes que tengo de mí son autorretratos, pues también experimento conmigo sobre lo que busco”, subraya. Un viaje hacia su interior al que le encanta ir con frecuencia para alimentar ese alma de artista y proyectar futuros trabajos. “He llegado a provocar tristeza en mí para poder fotografiar algo triste. Es por ello, que mis fotos van cargadas de romanticismo y de esto me nutro en mis momentos de soledad”, apostilla Alfonso Bravo.

Y es que pese a que hoy camina sobre una alfombra tejida de fama, este artista mantiene intacta su humildad para poder seguir en la senda de una trayectoria repleta de éxitos. “El problema de mucha gente, sobre todo de los jóvenes que empiezan en este mundo, es que no aceptan crítica alguna y han dejado de lado la humildad que debe de tener toda persona. En mi vida nunca he necesitado de un reconocimiento ni de una palmadita en la espalda para confiar en mí y en mi trabajo y creo que ahí precisamente, en esa confianza, es donde radica el éxito de todo artista”, matiza.

Dos fotografías de la serie Memories. A la derecha, la ganadora de la I edición de Tenerife Moda.

«El artista canario cree que necesita del apoyo del político para triunfar y no es así. Política y arte no van unidos», afirma el fotógrafo portuense

No obstante, aunque ahora vive del prestigio mundial a su labor, asegura que no cambiaría sus inicios por nada. “Añoro al Alfonso de los inicios y esa soledad que me acompañaba, aunque también es cierto que ahora ya no puedo hacer eso que me gustaba porque me debo al trabajo y he de atender a los clientes, a las modelos y a las agencias”, lamenta con cierta tristeza. Pero, lo que es cierto es que cuando Alfonso no está con su cámara en mano, es un hombre al que le encanta disfrutar de la música clásica y del jazz y, sobre todo, de compartir su ansiada soledad con buenos ratos de charla con los amigos.

Alfonso Bravo mira hacia el futuro con la cabeza alta y sobre todo sus miras están puestas fuera de Canarias. “El artista canario tiene un grave problema y es que cree que necesita del apoyo del político para triunfar y no es así. Política y arte no van unidos y si aquí no eres reconocido pues tienes que coger tus trabajos y recorrer mundo buscando tu oportunidad y, sobre todo, escuchando lo que otros que llevan más años en esto te puedan decir u aconsejar”, destaca el fotógrafo.

Retrospectiva por sus 20 años

Pese a esta espinita clavada, el fotógrafo también reconoce que le debe mucho a su Isla y, sobre todo, a la gente que apostó por el. Y es por ello por lo que planea realizar el próximo año en Tenerife una retrospectiva de sus obras para celebrar sus veinte años en el mundo de la fotografía. «Curiosamente, he expuesto en Nueva York o Miami, pero en mi Isla nunca he mostrado mis trabajos personales, salvo algunas colectivas en el Puerto de la Cruz,”, subraya. «Es por ello que me gustaría hacer una exposición con todas mis obras con motivo de mis dos décadas como fotógrafo», resalta.

El fotógrafo logra transmitir sentimientos a través de sus retratos.

Asimismo, otro reto pendiente que aguarda en la mente de Alfonso Bravo es el de plasmar la obra de una de sus grandes inspiraciones, la poetisa cubana Dulce María Loynaz, en imágenes, haciendo de cada poema una obra visual de elegancia atemporal. Igualmente, en breve se embarcará en otro proyecto laboral en Tenerife: Bounty Atelier, una nueva tienda que abrirá sus puertas en la capital impulsada por José Francisco Álvarez en colaboración con los diseñadores Marco y María, el estilista Juan Castañeda, y la modelo Vanesa Cabeza.

En definitiva, Alfonso Bravo sigue llenando su día a día de sueños inmortales que llenan de luz y magia cada instante que su cámara le roba al reloj del tiempo. Huellas de un pasado, captado en un presente y con proyección hacia un futuro, que hablan sin palabras sobre un mundo que se desnuda ante la mirada de quien se detenga un segundo a contemplar su obra.

Alfonso Bravo madura como profesional y como persona, pero aún así se resiste a dejar escapar de su interior a aquel joven que hace 20 años se sentaba en una playa a escribir poesías, quizás por miedo a perder esa inocencia vital para poder sobrevivir en un mundo que no es tan glamuroso como aparenta. Por ello, aunque ya no enhebra versos a su libreta con la frecuencia que le gustaría, de vez en cuando aprovecha esa soledad entre avión y avión para encontrarse a sí mismo entre palabras y dejarse fotografiar el alma.

 

Alfonso Bravo opta ahora a los Premios Lux de fotografía por su serie Memories.

 

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