FIRMAS

Javier del Pino y su ‘I+D’ en ‘A Vivir que son dos Días’. Por Gorka Zumeta

He escuchado a mi amigo Javier del Pino al frente de su nuevo ‘A Vivir que son dos días”, en la cadena SER. Y debo reconocer que no me ha sorprendido. Esperaba esto de él, porque me consta que es un tipo inteligente, con conocimiento del medio, y además brillante. En otro momento de este blog advertí que firmaría un magnífico programa, y así lo está haciendo. No tengo vocación de futurólogo, pero me agarro a lo que he conocido siempre de él. A su solidez.

Es un profesional de la vieja escuela de la casa –sin querer con esto llamarle viejo, y mucho menos antiguo- pero su pedigrí, al lado de Carlos –Charli– Llamas tantos años, forjó una manera de decir y de ver las cosas que nos rodean, siempre con la mirada limpia. Luego, desde la corresponsalía de Washington (EE.UU.) nos ayudó a entender mejor lo que ocurría en la primera potencia del mundo. Pero su lucidez brillaba más en programas que en informativos, cuando podía explayarse en los detalles que, en ocasiones, dejan de ser anecdóticos para pasar a trascendentes.

El fin de semana es un magnífico territorio para innovar

En sus muchos años compartiendo sección con Javier Cansado (la otra mitad del dúo ‘Faemino y…”), con Gemma Nierga de anfitriona en ‘La Ventana’, Javier nos demostró ser un contertulio eficaz, mucho más que un sparring del imprevisible Cansado. Por eso, oportunamente, y como no podía ser de otra manera, Javier del Pino ha recuperado a Javier Cansado para poner en marcha una especie de ‘antiConsultorio’, en el que el humorista se erige en antipredicador. Original, y muy bien llevado. De nuevo Cansado introduce las gotas necesarias de surrealismo para soportar una sección maquillada de humor pero con los arrestos suficientes como para presentar, con un manto simpático, elementos cotidianos y a la vez significativos que nos hacen la vida más cómoda.

La presencia de Ramón Lobo en “A vista de Lobo” hace que la sección de este periodista auténtico, bregado en mil y una guerras (literalmente) cobre un interés inusitado. La conversación entre Lobo y Javier del Pino debatiendo qué debe prevalecer en el caso del topless de Kate Middleton: ¿la libertad de expresión o el derecho a la intimidad? O el caso de las caricaturas sobre Mahoma, que están provocando tantas protestas en los países musulmanes, donde los radicales las están aprovechando para multiplicar su protagonismo y presencia, tienen en el análisis de Lobo una explicación aliada del sentido común y de verdad.

Javier del Pino ha recuperado la figura de José Martí Gómez, uno de los periodistas más prestigiosos, y ecuánimes, de todos los que ha dado Cataluña, y ha dado muchos, y buenos. La mirada de Martí es un gran patrimonio para el nuevo ‘A Vivir. Como lo va a ser la incorporación de José Ignacio Salmerón (Sinacio), que ha parido su concurso “No me lo digas”, en el que enfrenta a dos personajes populares con un cuestionario de actualidad como compromiso. Invitados como Juanjo Puigcorbé y Pera Ponce, Manel Fuentes y Nuria Roca han sido los primeros que han compartido el juego propuesto por Javier del Pino y Sinacio. La sección se enriquece además con la presencia de un pianista –Jerónimo Maeso (recuperando el sonido del piano de cola del estudio central de Radio Madrid, desde La Verbena de la Moncloa’) y un locutor –mi amigo Julio López Fonseca-, cada uno en su papel, enriqueciendo con su trabajo esta original propuesta, tamizada siempre por el buen humor.

El nuevo ‘A Vivir que son dos días de la SER también trae en su zurrón, como es lógico en un fin de semana, cine, música, libros, gastronomía y ciencia. Pero el punto de vista, el envoltorio, también es original. Del Pino y su equipo han trabajado a fondo para esquivar el tópico, lo que se agradece mucho.

Javier del Pino durante la presentación de la programación de  la SER, en septiembre pasado

Pero quería detenerme un poco más en una de las secciones que me parecen más originales, hasta el punto de considerarla, en mi modesta opinión, como una nueva aportación en el lenguaje radiofónico, me refiero a ‘El Jurado’. Cada quince días, Del Pino, acompañado por uno de los tipos que más saben de radio en este país y por el que yo siempre he sentido sincera devoción, Carlos López Tapia, fundador de Lo Que Yo Te Diga, y defenestrado hace algunos años del magnífico programa ‘El Cine’ que dirigía, ha regresado, felizmente, a la antena de la SER, para ofrecer una propuesta que se sale de lo habitual y en la que, colateralmente, el cine vuelve a estar presente, rememorando aquellas grandes películas de juicios, como “Doce hombres sin piedad” o “Testigo de cargo” (con un Charles Laugthon imbatible).

Carlos López Tapia trabaja con eficacia casos jurídicos como “El caso de la comida rápida” o “El caso de la mamá ladrona”, entre otros, en los que, gracias a la ayuda de oportunas y didácticas dramatizaciones, va planteando su evolución, desde el punto de vista del abogado defensor, y el del fiscal, aportando argumentos con los que los oyentes se identifican en el lado del receptor, y toman postura inmediata como si formaran parte del jurado popular que debe enjuiciar el caso. En paralelo, y muy bien combinado en tiempo y ritmo, se alternan las voces de expertos, de uno y otro lado, que van explicando posturas y elementos jurídicos, de manera que se aporta también el lado pedagógico sobre el mundo judicial que añade claridad sobre muchos puntos oscuros de este gremio tan críptico.

El Jurado’ juega muy bien con los recursos radiofónicos: dramatizaciones y entrevistas, alternados por el diálogo entre Javier del Pino y Carlos López Tapia. Es una sección que invita a la participación inmediata de los oyentes, erigidos en improvisados jueces populares. El tono, evidentemente serio, de López Tapia, conduciendo la sección, se me antoja, sin embargo, demasiado frío y distante. Pero, sinceramente, tampoco sabría resolver una alternativa a esa manera de dirigirse al oyente. No es, está claro, una sección de humor. Pero los temas excesivamente sesudos, en radio, tienden a bordear el aburrimiento. De ahí, que López Tapia, inteligentemente, haya introducido las dramatizaciones de por medio para aligerar el peso de la sección. Creo que, durante las entrevistas, ambos, Javier y Carlos, podrían bajarse un poco de su pedestal virtual y bajar a la arena de la calidez, tan propia de este medio.

Este punto, precisamente –el de la calidez- es el que creo que debe reforzar Javier del Pino al frente del programa. No puede olvidarse la procedencia del madrileño, que ha estado adscrito a los Servicios Informativos desde su incorporación a la cadena SER, y todos los que hemos hecho antes ese camino hemos sufrido en nuestras carnes la necesaria e imprescindible mutación de pasar de ser una voz a mostrarse abiertamente –en un programa- como la persona que encerramos dentro. Javier tiene que aprender a sonreír más en antena, como alguna vez le he oído en el simpático concurso “No me lo digas’ del que hablaba antes, pero soy consciente de que el cambio, el enriquecimiento diría yo, cuesta. A la postre, también lo defiendo, situarse al frente de un magazine es, como decía otro gran maestro, Julio César Iglesias, en este mismo blog, “un gran salto profesional”.

 

Javier del Pino se ha esforzado por ofrecer un ‘A Vivir…’ de alta calidad

En muy poco tiempo, Javier del Pino, aunque intuyo que ha heredado algunos compromisos anteriores que no encajan muy bien en su nuevo concepto de ‘A Vivir que son dos días’, ha demostrado que, a pesar de que en la radio casi todo está inventado, todavía hay margen de maniobra para la creatividad y la originalidad en la presentación de los contenidos. Hablar con dos actores que tienen una obra de teatro en cartel es relativamente fácil, si tiramos de buena documentación y un poco de oficio. Pero hacerlo en medio de un marco diferente, incluso aparentemente hostil, como es un concurso, con preguntas sobre actualidad, un piano al fondo como confidente cómplice, e incluso un compañero de informativos que sirve de apoyo a los invitados, con la figura sumada de un locutor, a la usanza de Joaquín Prat en ‘El precio justo’, enriquece enormemente la entrevista y la hace, decididamente, mucho más atractiva para el oyente.

Se ha abierto un debate dentro de la propia SER, que ya está analizando resultados de sus cambios de programación, que califican ‘A vivir que son dos días’ de programa excesivamente elitista, “muy cerrado”, en definitiva, poco comercial, o incluso poco convencional. Es cierto. Estoy seguro de que éste ha sido, precisamente, el objetivo de Javier, que ha logrado con creces. Lo que estaba hecho hasta ahora había cumplido su etapa y Javier ha entendido que había que innovar. La SER no es una radio que deba contentarse con repetir una misma fórmula hasta la saciedad, sino que debe responder al reto del líder: seguir trabajando por ofrecer renovada calidad de sus contenidos.

Creo, finalmente, que Javier del Pino está ofreciendo un magnífico ‘A Vivir que son dos días’, un programa que ha sobrepasado el límite de lo convencional para aventurarse casi en el campo, comprometido, de la I+D (Investigación más Desarrollo) tan poco habitual sobre todo en el mundo de la radio. Seguiré atento su magnífica evolución, divirtiéndome y aprendiendo.

1 Comentario

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  • Estoy de acerdo prácticamente en todo, aunque la verdad es que Javier del Pino siempre me ha resultado muy cálido. Es decir, no es empalagoso -menos mal- pero eso no significa frialdad. Quizás es contenido, algo que desde luego agradezco. Me resulta tan amable -en sentido literal- como Isaías Lafuente, otro grande, aunque los dos lo son de manera distinta. Y desde luego si lo comparamos con la anterior presentadora, media un abismo. Aquella mujer resulta no solo gélida sino directamente borde -qué esperar de alguien que disfruta con la tortura de seres vivos-. lo que le costó decir «un abrazo» y no digamos ya «un beso». Enhorabuena por el blog, por descontado.