FIRMAS

Comer solo engorda. Por Lorena Díaz

El ritmo frenético de vida que llevamos nos impide en muchas ocasiones compartir pequeños momentos con nuestros seres queridos. Gestos cotidianos que con el paso de los años han ido perdiendo el ritual al que antes estaban sometidos. Uno de ellos es comer. Ahora cada cual se sienta a la mesa cuando puede o cuando tiene hambre y en muchas ocasiones solos.

Dejando claro y por anticipado que cada uno come cuándo y cómo quiere me gustaría darle importancia a compartir este momento. Alrededor de la mesa se puede disfrutar de grandes viandas, de humildes manjares, de buena conversación y experiencias irrepetibles, porque esos pequeños recuerdos nos acompañarán a lo largo de la vida.
Además comer en familia socializa, enseñamos a nuestros hijos hábitos saludables y buenos modales que no aprenden alimentándose frente a un televisor, les escuchamos y compartimos con ellos sus cosas importantes: con quién jugó, la larga jornada de cole que han tenido…pero especialmente nos regalan sus sonrisas, su eterno cariño.
En ocasiones es imposible comer siempre con ellos pero cada vez que se pueda los psicólogos y los endocrinos recomiendan sentarse con ellos a la mesa. Y si son de estadísticas aquí las tienen. Los niños que comen en familia al menos tres veces en semana disminuyen  en un 32% el riesgo de padecer un trastorno alimentario y en un 15% la posibilidad de ser obesos, según la SEEN, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición. Pero es que además, los menores que comen solos ingieren menos verdura y fruta fresca. Y se decantan por productos industrializados como la bollería.
Lo reconozco, yo soy como una gallina clueca a la que le gusta tener a todos los polluelos alrededor, para mi hacer de comer es un gesto de cariño, de mimo para honrar a quien se siente en la mesa de mi humilde cocina. Con hambre o no procuro sentarme cada día junto a mi pequeña, saber si el potaje o lo que le haya preparado le ha gustado. Y prepararle con mimo en el fin de semana algún plato especial.
Ella desde pequeña ha disfrutado de la cocina, de mayor quiere ser testadora, vamos algo así como Crítica Gastronómica. Hoy ya se maneja entre fogones. Utiliza la Thermomix con precisión e incluso se marca algún que otro invento con el que pone a prueba nuestro estómago. No me puedo quejar yo también torturé a mi hermano y a mi abuelo. Les preparaba unas tortillas de cubitos concentrados que eran incomibles, pero ellos se las terminaban, champiñones con vinos e incluso uvas guisadas…pero nunca hubo gastroenteritis ni úlceras. Sólo un pequeño accidente cuando explotó un bote de leche condensada a estilo bomba. Aún hoy me pregunto cómo el dulce de leche que estaba haciendo llegó a esquinas imposibles por las leyes físicas
Mi pareja ya me conoció con kilómetros de experiencia, pero he de decir que no le añade a nada mayonesa. Siempre dicen que tras una boda esta salsa se convierte en la reina de la cocina, por eso de bajar los platos incomibles…su mayor queja es que se pone a dieta y le preparo tartas…desconsiderada de mi
Y retomo el tema que me voy por los cerros de Úbeda, comer en familia es un hábito saludable. Pero comer incluye hacer la compra y preparar los alimentos con ayuda de los niños.
Por su salud, para evitar el colesterol, la obesidad e incluso la hipertensión….
Les dejo una de esas recetas con las que empecé mis andanzas en la cocina
Champiñones al vino.
Ingredientes.
Champiñones frescos una bandeja o en su defecto dos latas de conserva
 Aceite
Ajos
1 vaso de vino tinto
Tomillo
1/2 Cubito de caldo
Dorar los ajos en el aceite añadir los champiñones y sofreír, Añadir el vino tinto, las especies y el cubito de caldo dejar cocer a fuego medio durante 10 minutos.
¿Sencillo ehh?

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