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¿Quién eres tú? Por Carmen Merino

Cuando hacemos nuestra presentación en un ámbito profesional, las mujeres solemos obviar nuestra situación familiar. Seamos abogadas, cajeras o trapecistas, tendemos a dar a nuestro interlocutor la imagen de que  nuestra faceta profesional, laboral y social es un elemento aislado de nuestro entorno personal. Que nuestra función en el ámbito del trabajo no está atravesada por todas las circunstancias que conforman nuestra vida en el sentido más amplio de la palabra.

Obviamente estamos mintiendo. Aunque se trate tan solo de una mentira piadosa, de piedad hacia nosotras mismas, impuesta por un entorno profesional donde se penaliza a la mujer que ha decidido construir una familia, además de ocuparse de la que le vino dada, asumiendo así responsabilidades más allá de su desempeño profesional.

En otras palabras. La sociedad necesita, y cada vez más, que las mujeres sigan realizando la función de cuidadoras universales, pero no solo no reconoce ni valora tal función, sino que prefiere no verla. Por eso es tan fácil que nos sintamos amenazadas y optemos por obviar lo que, es obvio, constituye un elemento fundamental de nuestra personalidad que necesariamente se pondrá en juego en el curso de nuestro trabajo.

ilustración: Miguel Luque

Con las responsabilidades familiares pasa como con los matrimonios. Hay mucho secreto de alcoba. Cuando una superwoman a bordo de sus tacones, o calzada con el zapato cómodo que requieren horas y horas de pie en un establecimiento cara al público, atraviesa la puerta de su domicilio es cuando se impone la realidad. Padres seniles, niños creciendo, una pareja que reclama su parte y un hogar por alimentar y sostener.

¿Cómo semejante panorama no va influir en nuestro perfil como profesionales? Lo hace, pero ocultándolo tratamos de negar también que hacemos cada mañana el pino puente para que una faceta no se coma la otra, para no tener que sacrificar nuestra vida personal a nuestra vida laboral y/o viceversa. Para que no se derrumbe en definitiva el castillo de naipes sobre el que hemos construido nuestra vida de mujeres trabajadoras, compañeras, hijas y madres.

¿Y de los hombres qué? ¿No están ellos comprometidos en los nuevos tiempos con la vida familiar? Sí, es cierto, pero a su manera, Y esa es una manera en la que en ningún momento, nunca jamás, se pone en entredicho su faceta profesional. Excepciones haylas, pero siempre producto de una decisión muy particular que en ningún caso interfiere el implacable cumplimiento del principio general.

Un ejemplo de los que me atrevería a calificar de hirientes. En su estricto entorno profesional, una mujer se encuentra con otra persona que pertenece a ese entorno. Y lo primero que le pregunta, aunque no tiene ningún relación personal con ella, es cómo están sus hijos. La anécdota ilustra cómo una profesional es vista bajo una óptica inadecuada en el ámbito del trabajo. También explica porqué evitamos dar nuestro santo y seña personal cuando nos presentamos en un entorno profesional. Y además ejemplifica esa suerte de machismo  que consiste en recordarle a una mujer constantemente y fuera de contexto su papel como reproductora y cuidadora.

Se podrá argumentar que, en el fondo, una pregunta de esta naturaleza solo es el síntoma de una galantería trasnochada propia de las viejas generaciones. Y sí, no digo que no. También cabe alegar que cuando una mujer se ha desenvuelto en determinada o determinadas etapas de su vida profesional portando una buena barriga, incluso con el arriesgado perfil de los nueve meses, es difícil que sus colegas olviden su condición de madre en las próximas décadas. Pero la pregunta fundamental sigue en el aire. ¿Un hombre es interrogado por su parentela como primera opción cuando tiene un encuentro profesional? Pues no, la alusión a la vida familiar es en todo caso un cumplido al que se llega al final de la conversación. Y eso en el caso de que exista la confianza suficiente para hacerlo.

¿Quiere todo esto decir que las mujeres debemos continuar ocultando, o dejando discretamente a un lado, nuestra situación familiar cuando estamos en un entorno laboral? Todo lo contrario. Lo que quiere decir es que debemos deshacernos del temor a ser juzgadas por ello y atrevernos a exhibirnos como lo que somos, personas completas con distintas facetas que se interrelacionan inevitable y afortunadamente.

La persona qué eres tú es un como un pack tan original como completo y de tal manera debe ser anunciada, admitida y reconocida, también en el entorno profesional.

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