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El alcohol, según Christopher Hitchens. Por Eduardo García Rojas

Son demasiadas las reflexiones que recojo del volumen Hitch-22 para reproducir en este blog a modo de modestísimo homenaje, ese y no otro es el impacto que me está produciendo la lectura de este libro de memorias, aunque coincido esta mañana mientras comento el libro con un amigo las delicadas maravillas que contiene, este curioso fragmento sobre el alcohol.

“Hitch: establecer reglas sobre la bebida puede ser la señal de que eres un alcohólico”, como me dijo burlonamente Martin Amis (Adorno también habría saboreado eso). Por supuesto, mirar el reloj para ver si ha llegado la hora de empezar es probablemente una mala señal, pero aquí van algunos consejos sencillos para los jóvenes. No bebas con el estómago vacío: el principal sentido del refrigerio es realzar la comida. No bebas si estás deprimido: es una mala cura. Bebe cuando estés de buen humor. El alcohol barato sale caro. No es cierto que no debas beber solo: pueden ser las copas más felices que tomes nunca. Las resacas son otra mala señal, y no deberías esperar que te crean si te refugias diciendo que no recuerdas lo que pasó la noche anterior. (Si de verdad no lo recuerdas, es una señal todavía peor). Evita todos los narcóticos: te harán más aburrido en vez de menos y no están pensados –como la uva y el grano– para animar a la compañía. Ten cuidado a la hora de ascender demasiado hacia el escocés de malta: cuando viajes por países duros no será fácil conseguirlo. Ni se te ocurra conducir si has tomado una gota. Es mucho peor ver a una mujer borracha que a un hombre: no sé por qué es cierto, pero lo es. Nunca seas responsable de ello.”

(Christopher Hitchens, Hitch-22, Debate).

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