FIRMAS Salvador García

Hoteles distinguidos, oferta cualificada. Por Salvador García Llanos

Un cliché, un estereotipo que hay que borrar en el contexto del turismo portuense es ese de que los hoteles están viejos y que no inspiran reclamos o atractivos como los de otros destinos. Muchos años llevamos con esa foto fija que ha hecho mucho daño a la hora de promocionar y de mantener ese casi infalible sistema de propaganda boca-oído.
          
Se siente uno legitimado para hablar así. Cuando ejercimos la alcaldía, y aún en otras funciones públicas, mantuvimos el discurso contrario. En cierta convocatoria en Hannover (Alemania), un destacado empresario sureño llegó a comentar que defendíamos más los hoteles del Puerto que sus mismos propietarios o directores.
           
Es verdad que durante mucho tiempo fue el abandono lo que caracterizó el aspecto de los establecimientos hoteleros. Eso se extendió con cierta rapidez. Las todopoderosas cadenas que entonces arrendaron se desentendieron por completo, tenían sus contratos de arrendamiento, sabían que llegaría el final y para entonces, como ya te he explotado lo suficiente, ahí te quedas, dicho coloquialmente.
           
Hay que tener en cuenta, por supuesto, que una buena parte de las construcciones data de finales de los cincuenta, de la década siguiente y de los años setenta, cuando se produjo un “inteligente” parón que se mantiene durante casi cuatro lustros. Existe, por tanto, una carga de antigüedad que propició bastante la obsolescencia no corregida y la desconsideración. A ello hay que añadir que muchos propietarios y empresarios no se preocuparon, acaso porque creyeron que no habría una explosión similar en otra franja de la isla o porque otros destinos emergentes no serían serios competidores del Puerto de la Cruz. Ese abandono contribuyó al estereotipo. Además de una tipología constructiva demodé, los adelantos y las comodidades interiores de vanguardia hacían aún menos atrayente la reserva en establecimientos que fueron vanguardia en su momento y destilaron clase. Hasta para un turismo selecto, de alto poder adquisitivo. La desidia produjo su coste negativo.
           
Hasta que algunos propietarios tomaron conciencia y emprendieron reformas en un claro intento de modernización. Esa puesta al día se basó en programas crediticios y en ayudas públicas excepcionales. Varios hicieron importantes esfuerzos, concentrados en el cierre parcial temporal del establecimiento, con los trastornos que supone la ejecución de obras y, en algunos casos, la reducción de precios.
           
Hubo resultados estimables de remodelación, reorganización interior y nuevas dotaciones. Algún experto dice que fue tarde, que cuando eso se consumó ya en otras zonas llevaban ventaja, especialmente para afrontar el modelo sol y playa, no importa que la oferta se desbordara.
           
Pero lo cierto es que nadie puede discutir la solvencia y la calidad de la planta alojativa del Puerto de la Cruz, sobre todo la mayoritaria hotelera. Tradición, experiencia, profesionalidad, buen gusto, servicio esmerado, atractivos diversos, accesibilidad, dotaciones… Esas cualidades distinguen y han vuelto a tener eco recientemente cuando se ha conocido que tres de los prestigiosos galardones “TUI Holly” han ido a parar hoteles portuenses.
           
Así, el máximo reconocimiento a la gestión ambiental ha sido para el hotel Tigaiga, de los Talg; en tanto que el Rui Garoé, uno de los de más reciente edificación propiedad de la cadena balear; y el Botánico, de Wolfgang Kiessling, han obtenido también respectivas distinciones en la convocatoria anual de TUI.
           
Hay que congratularse pues al estímulo empresarial y profesional hay que unir la aportación a la proyección turística de la ciudad. Son galardones que cualifican la oferta propia y, en cierto modo, la del conjunto hotelero. Sobre todo, para acabar de una vez con esa foto fija de establecimientos obsoletos que no atraen ni a los más fieles.

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