FIRMAS

HACIENDO AMIGOS. Se acabó Julio. Por José Carlos Alberto Pérez-Andreu

Julio Pérez, el político que parecía tener más solera en el Ayuntamiento, deja el consistorio. Ayer ante los medios no dijo el porqué. Adujo razones personales. Argumento que huele que apesta sin una causa mayor detrás. Es una muy mala noticia para Santa Cruz y el cúmulo de políticos que nos representa, en el que el gris oscuro es el color que prima salvo honrosas excepciones. A partir de ahora cualquier quimera política pudiera llevarse a efecto. ¿Podría darse la demoníaca coyuntura de que Cristina le ofreciera la alcaldía también a José Ángel Martín?¿Con qué resultados? Julio representaba la cordura en un PSOE que continuamente se debate en un trastorno bipolar. Dentro de sus filas lo que hoy es bueno, mañana es malo y viceversa.

Mucho ha tenido que ver en todo esto, toda la caterva estalinista que lo venía presionando y desprestigiando, incluso desde las entrañas de su propio partido. El peaje que pagó para ser cabeza de lista en las pasadas elecciones fue incluir al flanco más radical de la izquierda en sus filas. Es, ni más ni menos, el mismo grupo que ha perseguido hasta la extenuación (sin éxito penal) a Miguel Zerolo. Sí, esa misma secta de chiquilicuatres en la que manda un abogado pleitista, fácilmente deleitable por determinados monumentos de la Europa del Este.

El día de la muerte de Santiago Carrillo escuché una preciosa necrológica en la voz de Alfonso Guerra. Aseguraba que las actuales generaciones no son peores que las de La Transición. Son mejores, decía. Lo que ocurre es que los buenos de verdad no están en política. Julio Pérez no es que me ha defraudado a mí, que también, sino sobretodo a cada uno de los que votaron al PSOE en Santa Cruz; porque no votaron a ningún otro, lo votaron a él. Todos ajenos a que ante la más mínima amenaza, y sin cerrar la puerta, saliera corriendo.

 

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