FIRMAS Salvador García

Pero, ¿Qué extraño virus?. Por Salvador García Llanos

No debe dejar indiferencia la respuesta a una convocatoria hecha por Juventudes Socialistas del Puerto de la Cruz para urgir la apertura de la nueva biblioteca municipal, emplazada en la calle Puerto Viejo con una construcción modernista que contrasta claramente con la tipología de los alrededores. Meses y meses pasan desde que, aparentemente, terminaron las obras. Pero allí sigue cerrada, en una actuación inutilizada, tal como escribimos hace algún tiempo. Después, los jóvenes socialistas han dado otro paso para lograr lo importante, la apertura; pero el intento no parece haber encontrado el eco debido: poca gente (unas treinta personas) y escasa repercusión social y mediática. Seguro que la reivindicación no se ha evaporado pero todo da a entender que habrá que seguir esperando.

 De todos modos, yendo al origen, lo ocurrido debe hacer reflexionar a todos, a los convocantes los primeros. Nos consta personalmente su preocupación y hasta su grado de autocrítica: alguno de ellos reconocía la tardanza en remitir la nota informativa a los medios de comunicación y la insuficiente movilización entre sus propias filas y en otros colectivos para producir, cuando menos, una mayor sensibilización. Problemas formales al margen, no menos importantes, lo ocurrido habría de servir para que midan su propio poder de convocatoria y se esmeren en los preparativos, que estas cosas no son para tomársela como si de una fiestita más se tratase.
Pero hay otros aspectos de la cuestión en los que se debe incidir. Por ejemplo, ¿dónde estaban los estudiantes del Puerto de la Cruz, por qué no respondieron a la llamada? Porque este es un hecho que les concierne directamente. Es más, en el pasado, cuando quedaron en evidencia las insuficiencias de la biblioteca en su actual ubicación, y ante la carencia de una sala de estudios adecuada que les obligaba a trasladarse a otros municipios, la justa demanda provino del núcleo estudiantil y adquirió cierto relieve.
Pero esta vez faltaron. ¿Fecha inapropiada, carencia de información, desafección por proceder de la rama juvenil de una organización política? De todas las causas posibles es difícil encontrar una justificación convincente.
En cualquier caso, podríamos encuadrar el hecho en esa atonía general que, de forma preocupante, viene caracterizando a la ciudadanía portuense desde hace algún tiempo. Es como si estuviéramos ante una población anestesiada. En una ciudad donde era fácil crear opinión, donde todo se debatía, donde cambios, iniciativas, determinaciones y acontecimientos generaban sensibilidad y apreciaciones de muy distinto signo y revelaban un estado de dinamismo social o de efervescencia dialéctica, ahora resulta que predominan pasotismo, silencio y permisividad, por utilizar el mismo título de un trabajo publicado recientemente. Una inhibición sobrevenida. Es otra localidad. A este paso, no va a ser reconocida ni por su célebre dicho: en lenguas del Puerto te veas.
Eso es lo inquietante: que ni siquiera una biblioteca nueva, terminada pero no equipada, o sea, cerrada durante meses, necesaria a todas luces, es capaz de despertar conciencias y movilizar siquiera a los más afectados. Es casi increíble. Dando por bueno que los responsables han activado los resortes de la solución administrativa pero que siguen sin encontrarla, es difícil explicarse que no haya reacción popular, que la desidia o la indolencia alcance esos niveles.
¿Qué nos está ocurriendo portuenses? ¿Es que ni siquiera nos mueve la causa de los libros? Años y años clamando por una dotación bibliotecaria, quejándonos de las lluvias que inundaban el actual recinto y causaban daños a los fondos, lamentándonos de la falta de condiciones apropiadas para estudiar y prepararse y ahora no damos una mínima muestra de querer que entre en funcionamiento esa nueva dotación. ¿Qué extraño virus ha inoculado en nuestros espíritus críticos hasta anular la capacidad de acción?
Todavía hay quien cree que los cruceros van a atracar en el futuro puerto de la ciudad y se ilusiona hasta entusiasmarse porque cree que ahí estriba la panacea. Pero por los libros y por la biblioteca, tan cerca, tan al alcance, no hay quien se mueva.

¿Qué nos pasa portuenses?

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