FIRMAS Marisol Ayala

“Tiro al plato”: El Viajero. Por Marisol Ayala

Hoy no tiramos al plato, tiramos a la copa, pero no a una copa cualquiera, sino a la copa elegante, la copa sofisticada, la copa que se aprecia y saborea con todos los sentidos… Por eso, porque el local de ocio del que hablamos hoy no es un bar más del panorama capitalino, le dedicamos unas palabras en este rinconcito nuestro donde hay sitio para casi todos y más, como es el caso, si son buenos.

El Viajero abrió sus puertas en la calle Joaquín Costa hace apenas tres meses, el ocho de junio de este año, para ser más exactos, y ni siquiera Esteban y Gregorio, dos jóvenes emprendedores que pusieron toda su ilusión y sus ahorros en un nuevo proyecto que no sabían a dónde les conduciría, esperaban el rotundo éxito que les ha asaltado casi desde que inauguraron. Sin embargo, a nadie que visite este bar de copas especializado en ginebras y vodkas (gin & vodka bar, como los llaman los anglosajones) le sorprenderá lo más mínimo este éxito:

La decoración es de un gusto exquisito, ecléctica y valiente, porque pocos se atreverían a combinar una serigrafía del Guernica con un mobiliario al más puro estilo de los modernos bares de la Gran Manzana y una decoración de rosetas de escayola en el techo, que emula al de las antiguas casas canarias del siglo pasado, con un efecto absolutamente espectacular.

Sin son amantes de los gin-tonics, encontrarán aquí todo un mundo con el que deleitarse. Además de los tradicionales o las últimas tendencias, atrévanse también con las creaciones de su bar-tender, toda una maestra en el oficio, como el Gin-blue, que debe su nombre a la llamativa tonalidad azul que le confiere uno de sus componentes, el curaçao, o el Perfume, de ingredientes tan misteriosos como delicioso. En vodkas, la joya de la corona es la botella de Roberto Cavalli que miman como a su más preciado tesoro, pero también presumen del Blatt, el vodka canario que dice ser el de mayor pureza del mundo y que triunfa escandalosamente fuera de nuestras fronteras, así como de un montón de cócteles de lo más variopinto. Y para estos calores, mojitos y caipiroskas de todos los sabores y colores, además de los clásicos, cómo no. Si se atreven, y les sugiero que lo hagan, prueben el de papaya, el de melón, o el de fresa y albahaca; un sobresalto para las papilas gustativas y un verdadero peligro, porque incluso los abstemios convencidos querrán tomar más de uno en cuanto los hayan probado. Y un dato importante respecto a la coctelería: Sólo utilizan ingredientes naturales para su preparación. Nada de concentrados, jugos, néctares, ni similares, que otorgan a las bebidas dulces un desagradable sabor medicinal. Nada de eso. Frutas, bayas, raíces, hierbas aromáticas, zumos naturales y especias se alinean en su bien surtida barra, para incentivar la explosiva creatividad de su experta coctelera.

Si todo esto no les ha parecido más que suficiente, recientemente han puesto en marcha una iniciativa original y atractiva: Los jueves ofrecen mini gin-tonics con una pieza de norimaki por tan sólo tres euros, o también mini mojitos y mini perritos calientes por el mismo precio.

Y si fuman o gustan más de los espacios abiertos, también disponen de terraza, así que ya ven: No tienen excusa. Acérquense cualquier día entre las cuatro de la tarde y la una de la mañana y prueben; les aseguro que les encantará.

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