FIRMAS Juan Velarde

Carrillo y nuestra Historia. Por Juan Velarde

Santiago Carrillo ha fallecido a la edad de los 97 años. ¡Descanse en paz! Cuesta bastante poder hacer un artículo elogioso sobre una persona que tuvo tras de sí un filón de muertos (niños incluidos) en las fosas comunes de Paracuellos del Jarama y que, curiosamente, sólo pedía el revisionismo de las barbaries de la Guerra Civil que habían sido cometidas por un bando, en esa eterna diferenciación entre los buenos (porque son los míos) y los malos (los que están contra mí).

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Carrillo se consideraba asimismo mártir de brazo incorrupto por soportar estoicamente las atrocidades del medio metro de Franco. Pareciera que ningún español más sufriese las amarguras de un régimen que durante 40 años cercenó las libertades de los españoles. No podías expresar una opinión contraria al establishment porque corrías el riesgo de que algún agente de la secreta primero te pegase, luego te llevase a la comisaría, te torturasen y finalmente, si habías sobrevivido a la brutal paliza, te preguntasen.

El gran problema de Carrillo ha sido precisamente ése, el pensamiento erróneo de considerar que aún estábamos en el año 36, que esta España que nos vio nacer seguía dividida en trincheras azules o rojas. Al líder comunista se le legalizó en un momento crítico para la incipiente democracia de este país su PCE y ya hemos visto adonde llevó el comunismo a muchos países (la extinta URSS, Hungría, Polonia, China, Cuba, Venezuela) naciones que o bien ya no existen en la actualidad o bien su calidad democrática es similar a la de garantizarse el bienestar metido en una cueva.

Es curioso como algunos no han tardado ni cinco minutos en salir a homenajear la figura de Carrillo, especialmente desde las filas de la derecha, y en cambio, cuando se trató de rendir homenaje al fenecido Manuel Fraga, pareciera que toda su vida había estado ligado al régimen franquista y que no había más episodio que contar que su manía persecutoria contra todo lo que oliera a libertad de prensa.

Pero a esto estamos acostumbrados, a que aquí la Historia se nos cuente según le vaya en la feria a cada uno. Mientras entremos en divisiones sobre rojo bueno, azul malo o a la inversa, jamás podremos ser una nación que se enorgullezca de su pasado, sino que lo intentará ocultar en una alfombra. El problema es que nunca va a desaparecer.

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