FIRMAS

Génesis de la regionalización de la cadena SER (I): El principio del final de la programación local. Por Gorka Zumeta

En el año 2008 fui reclutado internamente en la SER para formar parte de un equipo cuyo trabajo iba a resultar determinante para el devenir de la cadena, sin yo saberlo. Encabezaba este equipo Lluís Rodríguez Pi, entonces adjunto al Director de la SER, por aquel entonces Daniel Anido, al que acompañaba, como su segunda, Gema Rodríguez Lavín -con la que compartí sección de cultura y sociedad nada más llegar a Madrid-. El equipo de trabajo tenía por objetivo a priori velar por la calidad de los contenidos emitidos, no sólo en su cabecera de cadena (Radio Madrid), sino en todas y cada una de sus emisoras propias.

Personalmente, el objetivo de aquel equipo de trabajo me resultaba del todo defendible, por más que en alguna ocasión tuviera conciencia de trabajar en ‘Asuntos Internos’, puesto que vigilaba lo más esencial que caracterizaba a la SER: sus contenidos, en fondo y forma. Cientos de empresas disponen ahora de un Departamento de Calidad, independientemente de su objeto empresarial, sean fabricantes de tornillos, de chorizos o de automóviles. La calidad de sus productos resulta, en cualquier caso, concluyente para el éxito de la compañía.

Lluís Rodríguez Pi, actual Director de Antena de la Cadena SER

Trabajo de campo

Así, durante varios meses, nos dispusimos, mi gran amigo José Luis Arriaza, al que en su momento dedicaré el espacio que se merece en este blog, y yo, a escuchar las emisiones locales de las estaciones propias de la cadena SER y a tomar notas acerca de su calidad. Valorábamos la selección de contenidos, su puesta en antena, la ubicación de la publicidad, el respeto a los horarios, la utilización de la música, etc. conceptos todos que, sumados, y convenientemente distribuidos, conformaban los diferentes programas locales de la cadena, precedidos siempre por las marcas ‘Hoy por Hoy’, ‘La Ventana’ y ‘A vivir que son dos días’, a las que se sumaban los nombres de las diferentes ciudades desde las que se emitía (‘Hoy por Hoy San Sebastián’, ‘La Ventana de Murcia’, ‘A vivir que son dos días Sevilla’, etc.).

La mecánica era sencilla. A la escucha, y a la recopilación simultánea de notas, le sucedía la reunión de trabajo para poner en común lo escuchado. Tanto el maestro Arriaza como servidor, desde nuestro conocimiento y honestidad, trasladábamos a Rodríguez Pí y a Gema Rodríguez Lavín las correspondientes impresiones sobre lo analizado. Las conclusiones ponían de manifiesto, en la mayoría de los casos –sobre todo en los de las emisoras pequeñas- que la calidad era sensiblemente mejorable. Pero la culpa no era achacable en exclusiva a los compañeros que se encargaban, a veces como auténticos héroes todoterrenos,  de realizar los diferentes espacios, sino a la precariedad de medios a la que tenían que hacer frente.

Mucho oficio ante la precariedad de medios

Escuchando los programas uno se daba cuenta, sin mucha dificultad, de que una gran parte trabajaba en autocontrol. Los periodistas se convertían así en auténticos ‘hombres orquesta’ que dirigían el programa, lo presentaban, lo producían y hasta lo realizaban técnicamente. Y claro, cuantas más funciones asume un profesional mayor es el riesgo de que alguna de ellas pinche. Los oyentes entraban en antena sin ningún filtro –a veces con ‘sorpresas’ desagradables-, la realización técnica evidenciaba elementos discordantes, todo ello sin olvidar tal vez lo más grave: y es que la calidad de los contenidos (las entrevistas, por ejemplo) se resentían porque el periodista estaba más preocupado de qué cuñas había que emitir a continuación, que de la entrevista en sí. Pero era lo que había. Y, a pesar de todo, la radio local, merece cualquier esfuerzo.

Lluís Rodríguez Pí y Gema Rodríguez Lavín escuchaban con atención y respeto, tomaban sus notas, a veces pedían aclaraciones complementarias y agradecían siempre el trabajo realizado. La verdad es que, a pesar de lo poco motivador del encargo, las reuniones me parecían muy productivas. O esa impresión teníamos Arriaza y yo. Mi trabajo, discúlpeseme la petulancia, se me antojaba de una gran responsabilidad, puesto que estaba contribuyendo, en su sentido más positivo, eso creía yo, a mejorar la calidad de nuestro producto radiofónico, la antena, en su estadio más cercano: la radio local.

Puntualizaba en párrafos anteriores que el estudio se realizó exclusivamente sobre las emisoras propias de la SER, y no sobre las asociadas o afiliadas. En estos dos últimos casos, la SER no dispone del control sobre el producto de estas estaciones, porque pertenecen a empresas locales o regionales que mantienen un acuerdo de colaboración con la SER, en el que no se incluye la supervisión de sus emisiones.

Fachada de Radio Palencia, el gran patrimonio de la SER han sido sus emisoras  (Fotografía Gorka Zumeta)

El fantasma de la crisis económica

Ya para entonces, la crisis económica había hecho acto de presencia, y las campañas comerciales empezaban a resentirse en las correspondientes carteras de las emisoras de la SER. Desde la central se empezaba a pedir a los directores una mayor racionalización de los gastos comunes y una contención del gasto en la antena. Nadie podía suponer entonces el cariz que iban a tomar los acontecimientos, ni la duración, insólita, de la crisis.

Anido había encargado a Lluís Rodríguez Pi la creación de este equipo de trabajo interno para someter a una cura de calidad las emisiones de la SER en todas sus emisoras propias. Pero el objetivo no era sólo tomarle el pulso a lo que emitían, sino analizar la situación real e inventariar los elementos, fundamentalmente humanos, de que disponían para reorganizar la programación. Se partía de un supuesto: en lugar de tener setenta (por poner un número) pequeños programas locales en autocontrol, con calidad crítica, sería mejor tener diecisiete programas regionales realizados desde la cabecera, con mayor profusión de medios, humanos y técnicos, a los que se presumía, a priori, mayores índices de calidad.

Continúa…

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario