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Canarias ante la UE. Por Paulino Rivero

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Cuando dejemos atrás este agosto tan difícil, afrontaremos unos meses que se presentan llenos de retos y objetivos de primer orden para Canarias. Entre ellos,  el nuevo encaje en la Unión Europea es, posiblemente, uno de los de mayor dimensión. Es en ese escenario donde nos jugamos buena parte de nuestro futuro inmediato y, de manera especial, la articulación de medidas urgentes para la reactivación económica y la creación de empleo en territorios como el nuestro.

Durante los últimos años hemos planteado los criterios que defendemos las zonas más frágiles y alejadas del continente, e intensificado los contactos para  explicar  nuestras posiciones en una coyuntura especialmente difícil a escala global, pero de especial incidencia, desde luego, en Europa, España y, por consiguiente, Canarias y el conjunto de las RUP.

Todos los que vivimos aquí sabemos que nuestro día a día tiene unos condicionantes que no se dan en los territorios continentales. Esa realidad, que tan directamente influye en nuestro desarrollo, exige un tratamiento específico y diferenciado. Así lo hemos defendido en todos los foros nacionales e internacionales en donde hemos tenido la oportunidad de llevar la voz de Canarias y la del resto de territorios con los que compartimos esa idiosincrasia.

Es mucho lo que hemos avanzado ya en ese sentido. De hecho, las regiones ultraperiféricas contamos con un estatuto jurídico propio, y existe una convicción generalizada y asumida en las instituciones comunitarias de la necesidad de ese tratamiento diferenciado.

Sin embargo, no todo está hecho.

La Unión Europea en la actualidad está inmersa en la definición de un nuevo marco de financiación, proceso que afecta particularmente a las regiones ultraperiféricas por cuanto también se dilucida nuestro peso y nuestro margen de maniobra en el periodo comprendido entre los años 2014 y 2020 -un horizonte que se encuentra ya a la vuelta de la esquina-. En ese reto precisamos de todos los apoyos posibles para alcanzar las metas que nos hemos propuesto. Es una dura negociación que se intensificará en el próximo semestre y que culminará en 2013, una vez se adopten las propuestas legislativas en el Parlamento y el Consejo europeos.

En la última Conferencia de las RUP en Bruselas ya manifesté, una vez conocido el contenido de la comunicación sobre la ultraperiferia, el temor de Canarias de que algunos de los planteamientos más relevantes para la reactivación económica de nuestros territorios quedasen fuera. Cierto es que esta propuesta legislativa recoge algunas de nuestras peticiones, especialmente las derivadas del establecimiento de excepciones; sin embargo, en nuestra opinión hay temas de importancia capital que se han obviado.

Insisto, por tanto, en que resulta fundamental, ahora más que nunca, la implicación de los tres estados con regiones ultraperiféricas –España, Francia y Portugal– en la defensa de nuestros  intereses, sobre todo en esta próxima fase en la que los Estados cobrarán todo el protagonismo en el seno del Consejo.

La fijación de una posición conjunta , de una sola voz,  es absolutamente necesaria para el éxito de las negociaciones.

Unas negociaciones que no pueden obviar que, cuando hablamos de Canarias,  lo hacemos de un territorio con más de dos millones de ciudadanos, es decir con una demografía similar a la población de Letonia o Eslovenia y aproximadamente la misma que Chipre, Luxemburgo y Malta juntos.

No se puede obviar, tampoco, que somos una región comprometida con las medidas de austeridad en una situación de extrema fragilidad económica, presupuestaria, política y social; y que, a pesar de eso,  hemos sido la comunidad autónoma más cumplidora con los objetivos de déficit y la de menor endeudamiento por habitante de todo el Estado -o que, para ello, ha sido necesario asumir dificilísimas decisiones, como la subida de algunos impuestos, la reestructuración de empresas públicas y la reducción de personal,  así como reducciones en los salarios.

Con todo, la cifra de parados en nuestra tierra es alarmante, brutal, inadmisible. Siendo así, las respuestas que nos ofrece la UE  son claramente insuficientes.

La Comisión conoce perfectamente cuáles son nuestros problemas, pero más allá del mantenimiento de los dispositivos existentes (lo cual es en sí mismo algo positivo), se  ha limitado  a decir que nos comprende, que nos tendrá en cuenta, que tenemos muchas potencialidades y que aprovechemos mejor las oportunidades que existen, dejando la sensación de que existe un tremendo miedo o un exceso de prudencia a la hora de comprometerse a algo concreto.

Las reflexiones sobre el futuro son absolutamente necesarias, sí. Nadie duda de que debemos marcarnos objetivos de desarrollo a largo plazo. De hecho, Canarias, como nos pide la Comisión, cuenta con un Plan de Acción con la vista puesta en el horizonte 2020 en donde apostamos claramente por invertir en I+D, fomentar la economía del conocimiento, la internacionalización y el impulso de sectores como la astrofísica, las ciencias marinas o el turismo sostenible.

Pero los deseos de mañana no pueden esconder las acuciantes necesidades de hoy . Necesitamos que las empresas puedan acceder al crédito, que el consumo se active, que la economía se mueva y que se cree empleo.  Para eso es imprescindible que la UE se comprometa, que aporte ideas novedosas, que las concrete, que renueve sus esquemas, que apueste, que abandone inercias que impiden el avance, y que adapte de verdad sus respuestas globales a nuestras necesidades locales.

No estamos pidiendo simplemente más dinero;  de hecho, muchas de las medidas que se deben articular a favor de las RUP no suponen coste económico alguno, sino una adaptación de la normativa europea que demuestre mayor sensibilidad hacia nuestra realidad específica. Pero sí pedimos que  los fondos que nos lleguen  sirvan  para aportar soluciones efectivas a nuestros problemas reales, y que las reglas y los principios estén al servicio de nuestros principales objetivos:

Tratamiento específico real en las políticas y fondos de empleo.

Un POSEI del transporte que incorpore las conexiones con los terceros países vecinos.

Reglas específicas de ayudas de Estado que se ajusten a nuestra realidad.

Un fondo RUP que eleve su tasa de cofinanciación y que no aplique la concentración temática.

Posibilidad de gestionar todos los fondos de la cooperación territorial europea en un programa único que además permita incorporar a las empresas.

Éstas son algunas de nuestras reivindicaciones inmediatas.  Sin duda, no son las únicas dentro de la relación de metas vitales para nuestro futuro inmediato.

Pero todas se concretan hoy, de cara a ese septiembre que casi ya tenemos encima, en una fundamental: las RUP, en general, y Canarias, en particular, precisamos de hechos y no de palabras o buenos deseos.

 

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