FIRMAS Juan Velarde

Bomberos toreros. Por Juan Velarde

Demostrada la incompetencia del Gobierno de Canarias en el incendio que asoló gran parte de la isla de La Gomera, la pregunta que cabe hacerse ahora es la siguiente, ¿quién fue el lumbreras (nunca mejor dicho) que dio la orden de bajar el nivel de riesgo? En un excelente reportaje elaborado por el compañero Moisés Montero el domingo 19 de agosto para la edición nacional de ABC, los testimonios de los afectados es clave para ver hasta qué punto se engañó a los vecinos asegurando que el fuego nunca alcanzaría las viviendas de la parte alta de Vallehermoso y de Valle Gran Rey. Prácticamente, entre los mensajes tranquilizadores de quienes estaban al frente del operativo y la orden de desalojo de las casas sólo hubo un lapso de una hora y no precisamente se debió a un cambio repentino del viento, sino que simplemente no se había realizado una estimación como Dios manda.

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Da lo mismo que ahora se quiera explicar detalladamente lo que pudo suceder o echarle la culpa al viejo enemigo, es decir a Madrid, al Ministerio de Medio Ambiente. Los que han perdido todo no se contentan con excusas, quieren realidades y las quieren ya. Los hay que se han quedado sin hogar, sin coche, sin fincas, sin ganado y no están por la labor de aceptar las buenas palabras con las que el Ejecutivo de Paulino Rivero pretende saldar su responsabilidad en el asunto.

Desde Presidencia del Gobierno de Canaria se intentó culpar al ministro del ramo, Miguel Arias Cañete, de su torpeza y de su impericia a la hora de dar las órdenes pertinentes para que los hidroaviones operasen. Incluso, en el colmo del despropósito, Rivero llegó a afirmar que desde Madrid se les había ninguneado con la petición de disponer de una base temporal de hidroaviones. Sin embargo, ni las hemerotecas recogen tal fallida petición ni el titular de Medio Ambiente iba a consentir que le dejasen por mentiroso. Él fue claro y contundente: “En la conferencia sectorial nadie del Gobierno de Canarias nos pidió hidroaviones”. Más claro, el agua.

Otra cosa, evidentemente, es que desde el Ejecutivo estatal se velase por la integridad de los terrenos más proclives a incendiarse (o a ser incendiados, como parece que es el caso de La Gomera) y cubrir lo que la incompetencia de ciertas comunidades autónomas deja al descubierto. Las autonomías piden y piden, pero luego se lavan las manos en cuanto surge un problema de hondo calado. El Gobierno de España tiene su parte alícuota de culpa en este incendio, pero desde luego quienes tenían la responsabilidad, Cabildo de La Gomera y Ejecutivo canario, han actuado de manera nefasta y esperemos que se aclare punto por punto quién, cómo, cuándo, por qué y dónde se dieron unas órdenes que no respondían a la dramática situación que han vivido los gomeros.

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