FIRMAS Juan Velarde

Suspenso universitario. Por Juan Velarde

Las universidades públicas españolas deberían echar el cierre lo antes posible. El prestigioso Ranking de Shangai ha dejado al desnudo las carencias de los centro de educación superior de nuestro país y el mejor clasificado es la Universidad Autónoma de Madrid, en el puesto 206, un verdadero desdoro para aquellos politicastros a los que luego se les llena la boca del fomento de la calidad de la enseñanza pública, pero que a la hora de los resultados la realidad marca que nuestros universitarios y futuros profesionales no están en manos de los mejores especialistas o que los medios que tienen en sus universidades no son los idóneos.

El problema de España, con respecto a las universidades, se llama comunidades autónomas. Los pequeños reinos de taifas autonómicos han metido mano a la hora de confeccionar los centros a su imagen y semejanza y allá donde el nacionalismo era más radical, pues mucho más aún. Pero, en líneas generales, con nacionalismos o independentismos aparte, lo que ha pasado con las universidades españolas es que se han rebajado hasta un nivel de patetismo insostenible. Cada centro quería poner sus notas o asignaturas de color para congraciarse con el entorno donde estaba enclavada, ofertando unas materias cuyo aprovechamiento posterior era igual que intentar pasear por el averno con un abrigo de piel; o sea, nulo total.

Por supuesto, otro de los grandes males que ha aquejado con los años a nuestra universidad se llama la reproducción ‘al estilo Gremmlings’. Si Salamanca tenía un campus, inmediatamente lo pedían Palencia, Zamora, Soria o Segovia, de tal suerte que a día de hoy todas o casi todas las provincias españolas disponen de una universidad. Lo que pasa es que se pueden construir y abrir facultades por doquier, pero lo que no puede sacarse de la manga es la calidad. No existen tantos y tan buenos catedráticos y profesores para que impartan en todos los centros. Al final, se hacen encajes de bolillos que, normalmente, suelen suponer una chapuza encima de otra.

Y tampoco vale el tirar de talonario para tener a un gran elenco de docentes si luego los medios no son los más adecuados. Hace 16 años, cuando se puso en marcha la famosa ‘pirámide’ de Ciencias de la Información de la Universidad de La Laguna, esa facultad contaba con un fantasmal estudio de televisión, y digo fantasmal porque estaba hecha la estructura, pero nada más. Y el estudio de radio era mucho más artesanal e improvisado que el de Sito Simancas y su Onda Tagoror. Y luego así pretenden que los estudiantes salgan formados. Normal al final que en el Ranking de Shangai estemos en un puesto tan bajo y que quien tiene un estatus económico apañado trate de mandar a sus hijos a hacer un máster.

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