FIRMAS Marisol Ayala

4 años del accidente de Spanair: “Vivir no es esto, es sobrevivir porque el dolor no cesa”. Por Marisol Ayala

Se cumplen 4 años del accidente de Spanair que se llevó por delante la vida de 154 personas. La crónica y el dolor de aquellos días están marcados a fuego en el corazón de todos los canarios.

El dato más esperanzador que hallamos es el de Ángeles y Alfredo; salieron vivos del avión pero con gravísimas secuelas. “La luz nos ha llegado con dos nietas que nacieron después. Son nuestra vida”.

Loreto González, médico, perdió a Clara, su única hija. “Íbamos en el mismo vuelo pero en distintas filas. Al separamos le dije “Clara, cuando lleguemos almorzamos. No la vi más.”.

Rafael y Ángeles, supervientes del accidente con sus dos nietas.

El lunes 20 de agosto de 2008 se conmemora el cuarto aniversario de un accidente aéreo cuyas dramáticas consecuencias ha marcado de dolor la isla de Gran Canaria. 154 personas perdieron la vida. Ese mediodía de aquel agosto el vuelo JK5022 de Spanair tenía previsto su despegue para hacer el trayecto Barajas-Gran Canaria a las 13:00 horas. Problemas técnicos aconsejaron aplazar el despegue. A las 14:45 el comandante lo intentó de nuevo y llegó a elevar mínimamente la aeronave que finalmente se salió de la pista causando una tragedia que se saldó con 154 fallecidos de los que la inmensa mayoría eran residentes en Gran Canaria. Ahora, cuatro años después, el dolor de los familiares sigue igual de intacto y quienes hablan lo hacen por una sola razón; “para que no se olvide” porque en todos los casos el dolor “el duelo sigue igual, no se ha superado”, dice Rafael Morillo, padre de Patricia Morillo, la joven llena de vida que se tatuó una mariposa en el pecho “y yo me enfadé mucho”, recuerda hoy Rafa, y que con su desparpajo era la que mas vendía en un bar de la Plazoleta Farray de Las Palmas de Gran Canaria. Todos tienen mucho dolor y mucha necesidad de pasar de puntillas por aquel maldito agosto del 2008.

José Domínguez perdió en el accidente aéreo del 20 de agosto del 2008 a su hija, su nieto, de 12 años y su yerno. Le quedan cuatro hijos pero la ausencia de los fallecidos no le deja vivir; es un hombre de campo que ahoga sus penas en una tierra, un huerto, que trabaja en Vecindario cerca de su casa: “Mire usted; el dinero viene y va pero esto, esto no, esto se queda…”. Hablamos de aquel día en el aeropuerto y le recuerdo espantando periodistas  porque, decía, “¿no ven cómo estoy?”. No podía hablar. José tiene 66 años y su mujer 62. Él la cuida y ha tratado en estos cuatro años de que una luz de esperanza entre en su vida pero no hay manera: “Mi mujer no se ha recuperado nunca. Hablas con ella y dice cosas que no sabes bien que quieren decir…la pobrecita está muy mal. Yo me vengo al campo y me refugio en la tierra pero cuando llegan estas fechas no quiero saber de nada. Me escondo; siempre me escondo,.. Yo tampoco estoy bien pero tengo que tirar adelante…Mi pobre hija quiso llevar al niño a Disney porque era buen estudiante. Fueron los tres. Y los tres no vinieron. Yo no estuve en tratamiento psicológico, mi pobre mujer sí, pero no le ha servido de nada: no quiere vivir”.

Ángeles Carpintero y Rafael Moreno tienen 73 y 72 años respectivamente. Vivían en Vecindario, (Gran Canaria) en una casa cómoda adaptada a sus edades y achaques pero el día 20 de agosto del 2008, cuando habían pasado unos días con su familia en Madrid y regresaban a Gran Canaria, su vida se dio la vuelta como un calcetín: quiso el azar que entre tanto vuelo y los deseos de volver a casa eligieran el vuelo maldito, el JK5022 de Spanair y fue entonces cuando el infierno se abrió a sus pies. Desde Málaga, donde viven ahora, ambos, Rafael y Ángeles, uno al teléfono y otro a través de un emotivo e-mail relatan sus recuerdos y el dolor que “no se supera nunca”.

“Cuatro años después de “aquello” (accidente) se sobrevive con el único bálsamo que cura nuestras heridas, físicas y psíquicas; el saber que estamos aquí, que lo podemos contar y seguir disfrutando de nuestros hijos y nietas”. Dos nietas, Lucía y Raquel, de dos años que son la luz que les alumbra y de las que no se separan. “Son un primor, ¿y listasss…?, ¡muy listas…!”. Dos abuelazos.

Pero, dice Rafael, “las dolencias que duelen más que las físicas son las morales; el vernos abandonados a nuestra suerte. Nosotros tuvimos que dejar nuestro dúplex de Vecindario, cerrarlo y venirnos a Málaga con las hermanas de Ángeles con las que ella se siente muy arropada. Aquí hemos tenido que alquilar un piso bajo porque ella no puede subir escaleras debido a la lesión tan grave que sufrió en la pierna”. Los hijos del matrimonio viven en las Palmas pero dada la situación de precariedad física de sus padres después del accidente y la terrible carga económica que supone su atención, la vida laboral imposibilitó la extrema atención que demandan sus padres enfermos pero todos están pendientes de ellos: “Mire; Ángeles ha perdido la audición del oído izquierdo y la pierna izquierda también la tiene fatal; ella entró al quirófano para que se la amputaran y después de 13 horas de intervención se la pudieron salvar, menos mal”. También Ángeles permaneció trece días en coma profundo a causa del traumatismo cráneo-encefálico que sufrió en el accidente y sufre daños neurológicos…”. Pero aun así, “damos gracias a Dios porque todo pudo haber sido mucho más grave”…

Patricia Morillo en Las Canteras. Una de las vidas que se llevó la tragedia.“Mi hija Patri nació con 8 meses. Recuerdo que al nacer la tuve que trasladar a pie en una incubadora portátil desde la Clínica del Carmen a la Clínica del Pino; eran las cuatro de la mañana. Allí sufrió una infección generalizada en todo el cuerpo, una especie de sepsis, le raparon la cabecita y allí estuvo durante un mes muy malita. Se nos moría, pero al mes la sacamos de allí y pesaba 1.900 gramos. Era una minucia, pero ella salió…Luchó siempre, era la reina del optimismo pero la vida pudo más que ella…”.

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