FIRMAS Marisol Ayala

“Gracias a la vida”. “El apoyo recibido ha sido emocionante”. Por Marisol Ayala

Francisco Alonso, el enfermo del Negrín que hizo público su grave estado de salud escribe una carta de gratitud por la avalancha de apoyos que ha recibido.

Hace tres días Francisco Alonso, un enfermo oncológico de 56 años que permenece ingresado en el Hospital de Gran Canaria Doctor Negrín hizo pública una carta en la que relataba su crítico estado de salud librando una dura batalla contra un cáncer de esófago; pedía dignidad para morir, dignidad para vivir en su estado, censuraba la sanidad dehumanizada y en definitiva, demandaba un trato que aleje sus miedos.

Francisco Alonso

Pero no se rinde. La crudeza y lavalentía de su testimonio caló muy hondo entre los lectores de Canarias7, este blog, las redes sociales así como otros digitales que se hicieron eco de su caso. Centenares de lectores le han brindado su apoyo y hoy Francisco, a modo de agradecimiento a quienes le han brindado ayuda, y le han dedicado palabras de ánimo, ha escrito esta cartadesde su cama del hospital. Como ya es conocido, Paco fue uno de los sindicalistas que en Gran Canaria, junto a otros, puso en marcha a mediados de los años noventa la primera Asociaciónde Enfermos en Lista de Espera que facilitó que muchos pacientes en lista de espera fueran intervenidos.

Francisco Alonso fue asimismo Presidente de Nuevas Generaciones de Alianza Popular.

“El apoyo moral que he recibido no tiene precio. La generosidad de la gente me ha emocionado”, dice desde el hospital.

Gracias…

Gracias a la vida, pero sobre todo en estos momentos en que he podido sacar fuerzas no sé de dónde debido a mi debilidad después de recibida la quimioterapia; agradezco con todo mi corazón a mi amiga, Marisol Ayala, así como al Director de Canarias 7 y a todos los trabajadores de ese magnífico periódico que hicieran posible la publicación el pasado martes 14 de agosto del artículo en el que mi querida Marisol detallaba todas las vicisitudespor las que estoy atravesando dada la evolución de mi cáncer de esófago mientras sigo ingresado en el Hospital Dr. Negrín.

Y como no agradecer también a todos sus lectores, tanto de la versión escrita como de la virtual, los cientos y cientos de testimonios de ánimos, con llamadas telefónicas que llegaron a colapsar la centralita y el deseo de todos ellos para que me reponga en la medida de lo posible de esta grave enfermedad.

Son todas estas muestras humanas las que proporcionan un cierto frescor a mi organismo puesto que por ahora y pronto irá para meses no puedo probar bocado ni agua, ni siquiera un simple helado en este verano, ya que todo lo vomito casi con la misma facilidad con que lo ingiero. Durante semanas enteras pasé hambre, luego vino el suero en vena casi dos semanas más y en la actualidad la alimentación parenteral que me entra por una vía practicada en el brazo y gracias a la cual he podido recibir mi primera sesión de quimio.
Aún tengo que pasar por la Radioterapia y con ella, entre otras cosas, hay que comprobar que un ganglio inflamado deja de estarlo para que así no oprima cierto conducto y éste deje pasar el alimento desde la boca al intestino. Ya sé que esta descripción hecha así de un modo extremadamente simple puede resultar insuficiente a algún médico especialista pero creo que de lo que se trata ahora mismo es de ilustrar de la forma más aproximada posible cuales son mis sensaciones sobre la dolencia que sólo yo vivo en primera persona.

Es difícil por no decir imposible para el sistema de salud la autoregeneración o revisión de sus procedimientos de trabajo para con los pacientes. Sería inviable e insostenible que cada uno de nosotros fuese tratado de un modo totalmente individualizado tal y como nos diferenciamos desde nuestra huella dactilar hasta el tono del pelo o nuestro timbre de voz.

Debido a ello es por lo que los Hospitales Públicos se salvan con creces del malhumor con que a veces nos regalan porque un trabajador hirió nuestra sensibilidad o los protocolos que se siguen son maquinarias tan pesadas que deben ser aligeradas de todo lo superfluo para poder sobrevolar sobre nuestras patologías y curarnos o aliviar nuestros padeceres en un tiempo razonable, además de hacerlo con acierto y no escatimando los medios de que puedan disponer.

En mi caso concreto, además, me consta que todo el personal de la planta incluido el oncólogo, hacen todo lo posible por aliviar mi sintomatología; él se ha convertido por derecho propio en “mi médico” no sólo porque lleve a diario el estudio de mi situación clínica sino porque se detiene a hablar conmigo todo el tiempo que haga falta hasta que yo entienda casi por completo los nuevos ajustes que se van implementando a la mejor resolución de mi historial. Él es un salvador más entre tantos otros buenos profesionales de este sistema de salud de que disponemos que hacen que se materialice la mejor conexión entre los sanitarios y los pacientes.

Aún queda mucho por conseguir para que el sistema en su conjunto valore la gran posibilidad de que “hay vida después del cáncer” o durante el mismo. Por muchas campañas que se hagan y por más eruditos que sean los conocimientos, es bueno de vez en cuando estar a ras de tierra y aceptar aunque sea por unos instantes el testimonio de quien vive para contemplar desde una cama de hospital cómo se combate desde su propio cuerpo a las células malignas.

Solo espero haber traspasado el ecuador en el que la duda económica de alguna instancia de si valdría la pena o no seguir tratándome para paliar esta patología quede despejada a mi favor, no en un intento suicida de vivir a toda costa, sino en la certidumbre de que nada pienso dar por perdido mientras la misma sociedad que a veces me condena con sus graves palabras que hablan de que debo aceptar mi enfermedad, otras veces me anima a que luche contra el cáncer, y prefiero mil veces quedarme con esta última opción.

Fui operado con éxito de cáncer de esófago hace algo más de dos años y medio. En los dos últimos meses se descubrió que mi marcador tumoral se había disparado. A partir de aquí ha comenzado de nuevo una lucha que había olvidado. Y es la lucha lo único que me queda, pero es suficiente para no abandonar esta causa aún a riesgo de ser una carga para el sistema y esta sociedad de recortes en la que vivimos.

Espero que mi vida siga siendo rentable para mi familia, mis amigos, todas las personas que se han interesado últimamente por mi salud y sobre todo que sea rentable para el sistema de salud en el que debo aparecer también yo en su catálogo demostrativo aunque pixelado recónditamente en una de sus páginas.

Gracias a todos por dejar expresarme, por plantear la visión de alguien directamente implicado en este proceso de vida que es el cáncer.

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