FIRMAS Salvador García

Fuego en el alma. Por Salvador García Llanos

Pregonamos anoche las fiestas de La Zamora-Grimona, en Los Realejos. Antes de comenzar el acto, se escuchaba en el recinto música ambiental de Taburiente que nos hizo recordar uno de sus mejores tema, «Fuego en el alma», y nos inspiró unas breves palabras antes de leer el texto. Fueron éstas:
«Agradezco al presentador su gentil introducción y expreso, antes de leer el texto del pregón, la misma desazón que seguro embarga a todos los que aquí nos congregamos motivada por los incendios que han asolado estos días las islas de Tenerife y la Gomera, y hace unas fechas, La Palma.
Esta noche anunciamos una fiesta pero compartimos el mismo dolor de tantos isleños que han perdido sus bienes y que han visto cómo la Naturaleza ya no es la misma.
Manifestemos nuestra solidaridad y hagamos un reconocimiento a cuantos han intervenido en las tareas de extinción en una lucha desigual, entre la eficiencia, el desespero y la impotencia.
Hagámoslo con los versos de Luis Morera y Taburiente que  nos vienen a la memoria y que dejó escritos así en “Fuego en el alma”:
        “Hay fuego en el alma/ si el bosque se quema/, que lloren las nubes/ y acaben las penas.
        “Hay fuego en el alma/ si el bosque se quema/, los mirlos no cantan/, las grajas no vuelan/ reina la tristeza/ reina la tristeza.
        “Que por un descuido de aquel que lo quema/, se pierde la vida/ creada en el tiempo/. ¡Ay, todo está gris!/, ¡Ay, todo es silencio!
        “Paisajes desiertos/ de lodo y ceniza/ aumentan las penas/ de la tierra mía/ y brota en el alma/ la melancolía”.
        “Cuidar nuestra tierra/ del fuego maligno/ es cuidar la herencia/ para nuestros hijos.
        “Hay fuego en el alma/ si el bosque se quema”.
Los versos lo dicen todo y hasta los más escépticos, los que consideren que la poesía no sirve para nada, ojalá obtengan de estas estrofas las más directas enseñanzas para que esta situación, la de las llamas abrasadoras destruyendo masa forestal, arboleda y vegetación, riqueza natural, en definitiva, jamás se reedite».

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