FIRMAS Juan Velarde

30 euros. Por Juan Velarde

Pegar en España a un policía la primera vez, 30 euros de multa; si eres reincidente, 50 euros…sólo faltaría añadir el manido ‘y para todo lo demás, Mastercard’. Sin embargo, esto no es para tomárselo a chacota, ni mucho menos. La situación ha llegado a unos extremos de gravedad que los sindicatos policiales están pidiendo que se aplique la ley como debe ser, es decir, que se impongan las penas de cárcel, amén de la cuantiosa multa económica, que están aparejadas por agredir a un funcionario policial.

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En estos últimos tiempos estamos viendo como la labor de los policías es una misión de auténtico riesgo. Los agentes rezan para que en cualquier desalojo o cuando tienen que requisar la mercancía de un top-manta no tengan luego que defenderse de una docena de energúmenos que les atacan con lo que sea. Nuestro Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad se ven completamente indefensos ante un sistema que funciona a base de protocolos y que tiene como máximo mandamiento que el policía tendrá que intentar defenderse de las agresiones sin emplear, en la medida de lo posible, la fuerza. Para eso, digo yo, mejor que el Ministerio del Interior se ahorre unos cuantos millones en pistolas, porras y municiones y que en todo caso les instruya en las milenarias artes marciales.

Por supuesto, no se trata de que la Policía actúe como en la época franquista, cuando en más de una, dos y centenares de ocasiones se le iba la mano, la porra y otras cosas en función de prevenir posibles altercados (a veces reales y muchas otras veces figurados, prefabricados por el régimen para justificar abusivas e indiscriminadas detenciones). Sin embargo, ahora, hemos pervertido de tal manera el sistema que los policías se ven atados de pies y manos a la hora de poder ejecutar su trabajo. Tienen que dejarse escupir, insultar, vituperar y hasta ser agredidos por vándalos a los que, en el peor de los casos, les están imponiendo multas completamente irrisorias.

Desde luego, tiene trabajo de sobra el departamento del señor Jorge Fernández Díaz para equilibrar la desnivelada balanza que hay en la actualidad. Ni se trata de que la policía pegue porrazos a diestro y siniestro, ni tampoco de que los fuera de la ley puedan golpear impunemente a los funcionarios de mantener el orden público. Es simplemente aplicar el sentido común. Igual que no se puede encerrar a una persona por robar una barra de pan, tampoco tiene sentido que golpear la cara de un agente suponga 30 euros de multa. Lógica, señor ministro, un poco de lógica.

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