FIRMAS Salvador García

El gesto de Bolt. Por Salvador García

Hay muchos momentos -momentazos, suele emplearse como aumentativo en la jerga audiovisual- en unos Juegos Olímpicos que forman parte de su historia y que, con el paso de los años, adquieren un valor singular. Londres no ha sido una excepción y a pocos días de poner el punto final ya puede hacerse una síntesis de esas situaciones, de esos gestos que, más allá de las medallas y los récords, de las victorias y las derrotas, de los éxitos y los fracasos, engrosarán la memoria de esta cita olímpica en plena crisis mundial.

Uno de esos gestos lo protagoniza Usain Bolt, el plusmarquista jamaicano, en Televisión Española. Le están entrevistando al término de la prueba -todo un lujo, porque acceder a él debe ser complicadísimo- cuando suena el himno nacional norteamericano para una ceremonia de imposición de medallas, El atleta se percata y tiene aún tiempo de preguntar a la periodista «si estamos en directo». La entrevistadora afirma pero él advierte: «Oh, es el himno».
Y detiene la entrevista poniéndose en actitud respetuosa mirando hacia el lugar de la ceremonia. La entrevistadora corresponde forma muy natural pero no quiere perder el turno. Aguarda unos segundos. Cuando termina el himno, Bolt la mira complacido y reanuda el diálogo.
Claro que honra al deportista la determinación que tomó. Le engrandece. A su superioridad indiscutible en la pista, unió el respeto que se puede y debe mantener fuera de ella. La estatura de Usain Bolt creció por ese gesto que será guardado en los archivos de Televisión Española como un momento célebre. Y en la intrahistoria del olimpismo, como una demostración de caballerosidad deportiva.
Que cunda.

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