FIRMAS

Cara de acelga. Por Alberto Vázquez-Figueroa

Cuando el destino de los países y sus millones de habitantes no dependen de lo que trabajen y la cantidad de alimentos, zapatos o productos que sean capaces de fabricar, sino de que un señor con cara de acelga mustia se coloque tras una mesa e insinúe que “tal vez si o tal vez no” el Banco Central compre o no compre deuda, lo que provoca que unos pocos ganen millones mientas millones pasan hambre, ha llegado el momento de renegar del sistema que popició que llegáramos a eso.

Ni siquiera un monstruo como Adolf Hitler pudo causar tanto dolor con un simple gesto.

!Y mira que también tenía cara de acelga!

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