FIRMAS Marisol Ayala

Cosas mías (20). Por Marisol Ayala

La verdad es que me encanta escribir de cosas que no tienen importancia para nadie salvo para mí y que yo comparto con ustedes sin obligación de que tengan que leer tamaño tochazo. Como les venga bien. Tener un blog personal sirve para estas cosas; sirve como desahogo y distanciamiento a tantas cosas adversas que vemos, conocemos y con frecuencia sufrimos. Letras escritas para aligerar el equipaje.

Creo que lo último que escribí sobre mis cosas fue cuando los obreros “tomaron” mi casa, perdí un pitorro de la olla, una chancla y me perdí yo misma. Hablo de las obras en las que me metí y que duraron más que las del Escorial. Recuerdan que mí obrero de cabecera no solo hacía directamente lo que le salía del pitorro, no, es que amenizaba su curro poniendo a toda mecha a un Jiménez Losantos gritón y enfadado que más de una vez me obligo a pedir asilo político en casas de amigos cercanos. En serio.

Una servidora, en Lanzarote

En unos meses sin contarles mis asuntos han pasado algunas cositas curiosas y divertidas, desde la boda de dos amigas, el nacimiento de un bebé querido, Ruth le han puesto, y conocer gente muy interesante. Por ejemplo en una playa del sur de la isla, Meloneras, he encontrado a una persona maravillosa, 80 años, que me contó con la paciencia de Job como cuidaba la entonces desierta playa siendo apenas un niño; como coqueteaba con los primeros guiris que venían a la isla y como era, de miseria, su vida. Le hice un reportaje (El niño de la playa, creo que lo titulé). Lo tengo colgado en mi blog y también se publicó en el Canarias 7. Hace unas semanas estuve en su casa de Meloneras junto a su mujer y sus hijos para comernos una paella que hicieron en mi honor. ¡Qué gente más buena, más generosa y más sana…¡. NO saben lo que agradezco la existencia de ese tipo de personas, sencillas, llenas de vivencia y de lucha.

Más cosas. La crisis atenaza voluntades porque asusta. Cuando veo a Rajoy como una marioneta, sin ideas claras, haciéndole pagar más a los que menos tienen. Lo mejor que he leído estos días ha sido la información de El País que habla del desplome del PP incluso desde el seno del partido. La editorial del domingo me encantó y les invito a leerla: está en la web. Por no hablar del lumbrera de la progresía, Gallardón. Hablé con un amigo ginecólogo sobre su intención de que la malformación del feto no se contemple como el tercer supuesto para abortar; mi amigo, que aboga por abortar cada vez con más libertad dice que el recorte de las libertades es un clamor. Yo he abortado en tres ocasiones y conozco bien el miedo, la angustia, la desazón de buscar a un ginecólogo amigo que te haga “el favor”. ¿Qué favor…?. Una vez aborté en Londres, dos en Las Palmas. Tenía medios y dinero para hacerlo en condiciones y por eso cuando veo los pasos atrás que en esto pretende el PP, me produce escalofríos. Este Gallarón es un simplón que ya no representa ni a los suyos, que ya es.

Más cosas. Estoy contenta porque dos buenos amigos que luchaban contra dos enfermedades distintas, un proceso linfático y una depresión, están estupendamente. Han tenido el coraje de salir adelante. “Mari, estoy contento. Ya estoy limpio…nada de más quimio”, me escribió hace tres días uno de ellos. Y el otro porque ha ido apartando los fantasmas que le encerraron en su casa desde hace dos años y pico. Durante ese tiempo dos o tres amigos nos pusimos el batín de enfermeros pero sin agobiarlo. Bueno, hoy está estupendo y dispuesto a bailar la rama si lo animo. Si él quiere, allá voy.

Bueno ya sabrán que ando en Lanzarote desde base dos semanas y pico. Colaboro con Miki, mi hijo, para terminar un encargo; algo que hacemos en casa, con una piscina a cinco metros y Leya, mi perrita pesada, a la sombrita. Llamadas de teléfonos y paseos por una isla maravillosa como es Lanzarote no faltan en los ratos de descanso. Hace unos días quise conocer el restaurante más antiguo de la isla y me tropecé, después de mucha confusión, con La Era. Los que entienden de eso dicen que su antiguedad es real. Situado en Yaiza cogí el coche, toqué una puerta verde y grande y me abrió el dueño, Ramírez, un grancanario. La casa es una maravilla; la vi enterita, dentro y fuera. Resulta que esa casa, por lo que me dijo su dueño, la construyó César Manrique para hospedar a sus invitados. Es divina y la comida que sirven es la típica canaria con alguna variedad. Está en Yaiza y aunque cuesta un poco encontrarla con buena voluntad, la verán. Tomé café, vi pinturas de César; entre sus paredes blancas y ventanas verdes se respira la herencia de César.

Por cierto estos días iré a Las Palmas a ver a mis amigas a las que echo de menos. Tengo cena el jueves con dos amigos, tengo más cena el viernes y tengo otra el sábado; me acaban de invitar a la boda de la hija de una buena amiga pero es imposible. No hay noche para tanta gente. Tengo charlas pendientes con unas cuantas. Por cierto, hace quince o veinte días alguna de mis amigas tuvo la feliz idea de celebrar que me venía a Lanzarote un mes para terminar el trabajo que ya mencioné y nos vimos para tomar un cafelito y ya está. Ya está no…Yo llegué a casa a esos de las 4 de la mañana. Apareció una buena banda, comimos, nos tomamos unos vinitos y entonces una voz autoritaria a eso de las diez de la noche dijo: “¿Nos vamos a un karaoke…?”. Teniendo en cuenta que era un miércoles en el local no había nadie de manera que nos hicimos con el micro y una cantó flamencadas, otra, bolerazos, otras rumbas, y otra emulando a “la mujer de los pies descalzos” cantando algo que ni ella sabía bien qué era…Fue tremendo. Esa noche nos reunimos unas diez mujeres protegidas (ejem, ejem…) por un solo hombre pero no le dimos guerra. Lo pasamos muy bien. Como anécdota diré que al día siguiente a las 12 h. tenía que estar en RNE donde había quedado con un compañero para hacerme una entrevista. La voz no me ayudaba pero estaba tan relajada que nos encantó. Hablé como la que tiene resaca y va a medio gas, es decir, no como una carretilla. Quedó estupenda, serenita…

Lo único chungo de estas semanas ha sido la caída fortuita de una querida amiga en la playa; ha sido operada. Se fracturó la pierna y estamos pendientes de ella. No parece nada grave, pero si molesto. Así es la vida; cuando todo te va sobre ruedas llega la muy puñetera y te saca de la carretera. Otra preocupación es la situación de otra amiga a la que han aplicado el deshaucio exprés, es decir, por no poder abonar unos meses de alquiler la ponen en la calle. Pagar dos o tres meses es fácil si nos reunimos varias amigas, pero, ¿y luego…?. La crisis ha hecho mella en su entorno laboral y está contra las cuerdas.

Les cuento. Hay gente, y lo digo porque las conozco bien, que hacen gala de un mal carácter, de una falta de empatía, de tantos dobleces en su vida que incluso olvidan un pasado en el que fueron apoyadas. Gente amargada que manejan mal la vida, la muerte, todo. Esta persona de la que hablo, en la que se puede ver representadas otras tantas, tiene la virtud de intoxicar amistades, entorno, su vida y la de las demás. La soledad les espera en la primera esquina y arrastrará a otras a esa zona tan negra de la vida. Allá cada cual. Cuando se hace tanto mal y el paso por la vida es destruir, un día te cae una piedra en la cabeza.

Hablo un rato grandísimo con Geli, la madre de Iván Robaina, el joven que mataron a patadas en la calle Franchy Rica de la capital grancanaria y me encanta hacerlo. Muchos debían aprender (ojalá nadie tenga que aprender jamás de estas cosas) de su entereza, su ejemplo, su serenidad, su sensatez. Quedamos para una charlita en su casa o en la mía y buscando tiempo estamos. Lo encontraremos, mi niña.

Mercedes Sosa “La Negra”, cantora

Quiero contarles que estoy leyendo -por admiración porque el texto no es de lo mejor- una bografía de la cantante Mercedes Sosa. Se llama “Mercedes, La Negra” (escuchen una de sus canciones pinchando aquí). Es muy interesante porque personalmente me ha descubierto a una mujer que nada tiene que ver con la artista poderosa que se subía al escenario; relata sus debilidades, sus miedos, sus soledades, su dolor, sus amores, sus depresiones. Una mujer que salió de Tucumán, una ciudad tan terriblemente pobre que los niños mueren de hambre. Me la regaló Blas Hernández y se lo agradezco mucho porque el libro no se encuentra en España.

Me llama José Andrés, un joven de 35 años que un accidente lo llevo al coma durante 8 meses y que cuando volvió a la vida lo hizo con serias dificultades físicas y psíquicas. Ha escrito un libro del que hablé en el blog y en Canarias 7; la curiosidad de Juan Andrés es que en los meses que estuvo en coma, ingresado en un hospital, escuchaba como enfermeros y médicos le llamaban, no por su nombre sino por el número de su cama: “¡Yo no me llamo habitación 234, me llamo Andrés…!”, protesta. Presentará el libro de su vida y me ha invitado a presentarlo, algo que haré encantada, si estoy en Las Palmas. Parece que habla de septiembre y seguramente en esas fechas ya tendré mi vida normalizada, espero.

Hace nada volví de Fuerteventura, una isla fantástica, con playas maravillosas pero cuyo solajero no tiene piedad. Mi hermana Alicia y mi sobrina Ada viven en Puerto del Rosario y son tan trastionas como yo. Nos sirvió para hablar de todo, pasar revista a la familia (para bien y para mal); el agua de Corralejo o Playa Blanca (Fuerteventura) son únicas; su color verde es de película, pero (¡qué pesada…!) demasiado sol. Para los amantes de su fuego y las playas, las Canarias son su sitio.

Hace poco volvió a Caracas mi prima canaria/venezolana, Mari Carmen; La queremos mucho en casa y la llevamos allá donde hay vestigios de canariedad auténtica. Cosa complicada. Mis amigas la invitaron a un asadero y allí disfrutó, especialmente con Chachón que le cantó malagueñas y polos margariteños, joropos, zambas, boleros y lo que hizo falta. Es muy canariona. Salió para la destartalada Caracas porque quiere estar presente en el proceso de derrocar a Hugo Chavez, un tipo peligroso, tal como ya sabemos todos y más aun quienes conviven con sus políticas estralafarias.

El actor Ricardo Darín

Poco más. Hace poco volví a ver “Un cuento chino” de Darín y me gusto mucho. La recomiendo pero es según te coja el ánimo. Estoy repasando la serie Mad Men que vi hace dos años pero que me encanta su estética, su ritmo y sus hombres…¡Ñosss!.

Y vuelvo a “Dos metros bajo tierra”, una radiografía a la sociedad americana realizada desde una funeraria.

Nada más. Todo esto que les cuento (lo que les puedo contar) ha sido mi actividad entre trabajo y trabajo no crean. Si te lo propones hay hueco para todo.

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