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Sacrificar un político a los dioses hasta que todo esto se calme. José Alberto Diaz-Estébanez León

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Entre las mil divertidas locuras que circulan en ese extraño y trepidante mundo del “Facebook”, me llegó una curiosa invitación para unirme a una página cuyo título, entre otras fascinantes reflexiones, me animaba indirectamente al hara-kiri: “Sacrificar un político a los dioses hasta que todo esto se calme”. Supuse que era una mezcla sarcástica entre la broma irónica que ampara una crítica mordaz y despiadada, y la espita donde descargar la indignación y frustraciones que se agolpan como una olla exprés en esta sociedad abrumada por la crisis y el desencanto.

Sacrificar un político a los dioses hasta que todo esto se calme

Leyendo comentarios, mensajes, frases y consejos me iba dando cuenta que casi ha dejado de ser una broma: la crítica y la indignación han dado paso al linchamiento (si no literalmente físico, sí en todo lo demás: moral, económico, profesional, de prestigio…), al más puro estilo de las sociedades primitivas que buscan calmar las iras de una especie de malvada deidad, que no reconocen y que en el fondo está exactamente en el centro de sus entrañas. Lejos de animarme a practicar en mi modesto vientre la técnica ritual del desentrañamiento japonés (no tengo katana en casa, y dudo mucho que valga el cuchillo jamonero que me vino con la pata de Montesano), y mucho menos dispuesto aún a ser incinerado en una pira pública en medio de la Plaza de España (por muy bonita que la hayan dejado con el dichoso “charco”), me lancé a reflexionar un poco –no mucho, ya se sabe: los políticos somos “cortitos” todos y debemos racionar nuestras escasas neuronas- sobre ese sentimiento cada vez más extendido, aunque quizá no tan explícito como en esa página.

Evidentemente, la reflexión debe iniciarse con el reconocimiento del primer “culpable” de tal situación: los propios políticos. Pero no tanto por las torpezas o maldades que puedan cometer (por muchas y graves que sean) sino porque utilizan tanto tiempo y esfuerzo, y durante tantísimo tiempo a desgastar al adversario por todos los medios a su alcance (y no refiero sólo a los de distinto Partido), que ya resulta absolutamente imposible distinguir la crítica fundada de la demagogia rastrera, la petición de explicaciones de la mentira calumniosa… y sobre todo, sobre todo, el argumento más comúnmente utilizado para la defensa y el ataque: “¡…y tú, más!”.

Los medios de comunicación (no, no estoy matando al mensajero) lejos de ser un espectador privilegiado, y mucho menos un factor catalizador y útil a la democracia, ha funcionado como un perverso y perfecto aliado de estas maneras de hacer política. ¿Creen ustedes, de verdad, que hay menos cantidad de golfos, inútiles, majaderos, corruptos, torpes o ignorantes entre los políticos que entre los periodistas (o los taxistas, o los abogados, o los fontaneros, o los repartidores de pizzas)? Sinceramente, no… aunque es igualmente cierto que se puede y se debe ser mucho más exigente con unos que con otros.

La sociedad busca culpables, y la piñata perfecta donde descargar los golpes son los políticos. Y los más cómodo y razonable parece ser sumarse a esa tendencia (al menos hasta que la tormenta amaine), gritando a los cuatro vientos “¡todos son iguales!”, aunque sepamos a ciencia cierta que no, que no todos son iguales. Ni piensan igual, ni actúan igual, ni han tenido la misma trayectoria, ni la misma formación, ni la misma voluntad. La “medicina” que se pretende aplicar es verdaderamente el elixir de fierabrás, una fórmula maravillosa: hay que machacarlos, bajarles el sueldo, quitarles el poco o mucho prestigio profesional que tengan, hayan tenido o puedan tener, y naturalmente dar por sentado que si se dedican a eso son unos golfos (hasta que demuestren lo contrario). Con eso, sin duda, conseguiremos mejorar lo que ahora llaman (personalmente detesto el término) “clase política”. Haciendo todo eso, ¿quiénes creen ustedes que se quedarán y quiénes huirán despavoridos: los mejores o los peores? ¿a quiénes atraeremos en el futuro a tareas de responsabilidad pública? Muchos dirán: ¡qué más da, todos son iguales, todos son malos malísimos! Claro, entonces prescindamos de los políticos, pero… hay un problema: ¿existe una democracia sin políticos? ¿y si acabamos con los políticos, quién queda: los “salvapatrias”? ¿el objetivo no debería ser precisamente tener “mejores” políticos, y no acabar con ellos? ¿o alguno, bajo esa careta –consciente o inconscientemente- lo que quiere realmente es acabar con la democracia?

A medida que avanzaba la crisis (¡maldita palabreja, qué tiempos cuando la llamábamos “desaceleración económica”!), hemos venido oyendo cómo cambiaba el discurso en la práctica. De aquellas proclamas diciendo que esta situación serviría para “cambiar el modelo económico a otro más justo” hemos pasado a un sistema de capitalismo más salvaje, pragmático y férreo en el sistema financiero (desde las inyecciones económicas a los bancos a la nueva Ley de Cajas). De aquellas promesas de que “nunca pagarán la crisis los más débiles ni habrán recortes sociales” hemos pasado al tijeretazo más duro en la historia de la democracia (¡y lo que queda por venir!). Y de la intención de “adelgazar” las administraciones públicas en pro de la austeridad y la eficacia, estamos asistiendo a un cada vez más indisimulado ataque a la descentralización competencial y de dotaciones a Comunidades y municipios.

Uy… pero no. No conviene hacer estas reflexiones. Al menos, no en voz alta. Resulta mucho mejor, y desde luego más seguro, sumarse a la turbamulta anónima en sus gritos desesperados al cielo, pidiendo a los dioses que vuelvan a ser propicios. Y si no somos de los que gritamos, porque se nos vería demasiado el plumero, al menos intentar pasar desapercibidos, disimulando y silbando alguna cancioncilla. Con un poco de suerte, escogerán a otro para el sacrificio. Así que, yo me sumo: ¡Venga, vamos, sacrifiquemos un político a los dioses hasta que todo esto se calme! (a ser posible, que sea el de en frente, por favor).

1 Comentario

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  • MENUDO EVANGELIO.Y TODO ESE REPERTORIO QUE PRETENDE,»CON MI, NO».LO QUE ES «SUCIO» Y DE CORREO JOCOSO MANIPULADOR,ES ESTAR ENROLADO COMO ES SU CASO EN EL GABINETE DE PRENSA DEL AYUNTAMIENTO Y SACAR LA BANDERA DE PERIODISTA PARA DEFENDER LOS INTERESES QUE SE CUECEN EN EL CONSISTORIO,ENGANCHÁNDOSE AL CARRO DE LA MAMANDURRIA.CLARO QUE POLITCOS VIVIDORES NO.PERO NOS TEMEMOS QUE LO SUYO PRECISAMENTE NO ESTA COMO DAR LAS LECCIONES DE ETICAS Y HÁBIL MENTE HACERSE EL VICTIMA PARA SALVAR LOS MUEBLES O SU SUELDAZO PAGADO CON LOS IMPUESTOS DE LOS CIUDADANOS.NO ES USTED LA PERSONA,-EN SU CONDICIÓN DEL PUESTO QUE OBSTENTA- PRECISAMENTE PARA SEMEJANTE «TESIS DOCTORAL»..SI ASI LO DESEA LE ESPERAMOS EN LA BAJADITA…PERO LAS COSAS CLARAS.

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