Profetas del Mueble Bar estrenan en el Guimerá su particular visión de la obra ‘Las criadas’ de Genet
Elblogoferoz.-’Las criadas’, obra del novelista, dramaturgo y poeta francés Jean Genet, inspirada en el inexplicable y pavoroso crimen de una madre y su hija, será representada en el Teatro Guimerá a las 20.30 horas del próximo viernes, día 6 de julio. La compañía Profetas del Mueble Bar celebra su 33 aniversario con el estreno de su personal versión del que está considerado como uno de los textos fundamentales del siglo XX. Tres hombres darán vida a las tres protagonistas femeninas: Clara, Solange y la señora.
Este espectáculo forma parte de la programación del Organismo Autónomo de Cultura (OAC) del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, que preside la concejal Clara Segura.
Aunque la tragedia se inspira en un pavoroso doble crimen que conmocionó Francia en 1933, el autor se aleja de los hechos reales para crear una historia propia y personal. Genet escribió una pieza dramática magnífica y lírica en la que utiliza la propia teatralidad para sumergirnos en lo simbólico y nos propone una historia paralela en la que indaga sobre la identidad.: dos sirvientas que aprovechan las ausencias de la señora para ponerse sus ropas y joyas, para jugar a ser la señora y la criada.
Dos seres humanos hartos y agotados de ocupar un escalafón social sin ninguna relevancia, el último escalón. Dos seres que desesperadamente buscan una salida y que encuentran, en lo que hoy llamaríamos un “juego de rol”, un alivio a su angustia. “Las criadas”, más que una lectura dramática de la relación opresores-oprimidos, es también una visión atormentada y cruel sobre la condición humana.
Profetas de Mueble Bar nos presenta su versión de este texto sumergiéndonos en el vértigo de esta terrible historia. Un trabajo lleno de aciertos para los amantes del buen teatro, para los que gustan del poder de la palabra. Arriesgada representación, perversa, psicótica… En una frase: teatro en estado puro. “Las criadas” está interpretado por Juan Ramón Pérez (Clara), Fernando Navas (Solange), Miguel Ángel Maciel (la señora). La dirección corre a cargo de Carmelo Alcántara, Fernando Navas y Juan Ramón Pérez.
Las entradas para la representación, al precio de 10 euros, se pueden adquirir en la taquilla del Teatro Guimerá de martes a viernes, de 11 a 13.00 horas y de 16 a 20.00 horas. También se pueden comprar llamando en los mismos horarios al teléfono 902.364.603 o a través de la página web www.generaltickets.com
Hecho real
El hecho real en el que se basa la obra es un inexplicable crimen de dos criadas modelo que se ensañaron en los cuerpos de su señora y sus hija. Crimen “horrible, abominable y monstruoso” perpetrado por dos empleadas domésticas, perfectas, limpias y honestas que saben cumplir perfectamente con el servicio, contra una señora impecable a la que secretamente llaman “mamá”. El hecho real ha sido objeto de numerosos estudios y en aquel momento fue utilizado por los surrealistas como bandera contra la burguesía.
A las 8 de la noche del jueves 2 de febrero de 1933, en la ciudad francesa de Le Mans (departamento del Sarthe) la policía municipal se presenta en casa de René Lancelin, quien no logra entrar en su domicilio. Fuerzan la puerta del ex procurador judicial y descubren en el primer piso a la señora Lancelin y a su hija asesinadas, con los cuerpos horrorosamente mutilados y los ojos arrancados de sus órbitas. En el segundo piso, refugiadas en el fondo de su lecho y pegadas una a la otra, las dos sirvientas modelo, Christine y Léa Papin, confiesan sin dificultad haber cometido el doble asesinato de sus patronas, patronas irreprochables, según las palabras de las propias sirvientas.
Únicamente un incidente menor relacionado con una plancha descompuesta y un fusible que saltó parece haber desencadenado la “sanguinaria matanza”. Esta crónica policial, aparecida en la primera plana del periódico local, “La Sarthe”, abría el misterio del caso “Lancelin-Papin”, misterio que daría lugar, durante medio siglo, a las más diversas interpretaciones y a polémicas entre expertos, pero también a creaciones literarias, cinematográficas y, finalmente, a la instalación de toda una iconografía, lo cual permitió que cada uno le atribuyera al crimen el color más conveniente para sostener su doctrina o su fantasía.


























