FIRMAS

La expulsión racista de José Morales. Por Juan G. Luján

Parece que la democracia española marcha viento en popa. Rajoy presionó para conseguir un préstamo para los bancos y logró 100.000 millones de euros. Operación perfecta aunque todavía no sabemos cuánto nos costará a los que pagamos impuestos y padecemos la maldición bíblica de ganar el pan con el sudor de nuestra frente.

Ahora que tenemos perras para tapar los agujeros y los finiquitos de los golfos nuestro gobierno puede dedicarse a otras cosas. Por ejemplo este martes la policía realizó una gran operación en Tenerife ¿detuvo a empresarios implicados en casos de corrupción?¿visitó los despachos de los promotores de 20 hoteles de Lanzarote declarados ilegales por el Tribunal Supremo?¿registró las oficinas de cientos de empresas que explotan a trabajadores en apartamentos y hoteles que están fuera de la legalidad? No, la operación policial consistió en detener al ciudadano José Morales en el mismo momento en el que se acercaba a firmar en el juzgado.

¿Cuál es el delito de Morales? Pues José Morales tuvo la osadía de manifestarse contra las prospecciones petrolíferas de Repsol frente a la sede del PP, cuando dentro de las oficinas de ese partido político estaba el Excelentísimo Ministro José Manuel Soria, y eso no se puede permitir en esta democracia avanzada en la que no se ha detenido a ninguno de los grandes atracadores que han dirigido bancos y cajas de ahorros y muchas instituciones públicas.

Cuando la policía no está para detener a los ladrones debe dedicarse a otras cosas. Por eso esta tarde detuvieron en Santa Cruz de Tenerife a José Morales cuando acudía al juzgado a firmar como hace cada 15 días desde que se dictó la orden de expulsión contra él. Un ciudadano que ha demostrado que está dispuesto a utilizar todos los recursos legales para defender sus derechos y que acude al juzgado a cumplir las resoluciones administrativas recibe como pago la detención justo cuando está fuera de Lanzarote, la isla donde reside y donde nació su hija de 5 años. No lo dejan ni despedirse de sus seres queridos. La Ley de Extranjería aplicada con la máxima celeridad y crueldad en unas islas donde los golfos que se saltan las leyes son premiados con puestos en las listas electorales.

José Morales deja en la isla de Lanzarote y en otras islas multitud de amigos, también deja trabajadores que le agradecen su compromiso sindical, también los deja entre el pueblo saharaui. Su expulsión fue recurrida ante las instituciones europeas, pero el gobierno español no esperará a los pronunciamentos de otras instituciones porque tiene prisa por culminar una expulsión a un ciudadano que participó en una manifestación pacífica contra las prospecciones de Repsol, que no provocó ninguna detención policial ese día.

Con el PSOE en el gobierno del Estado se había abierto otro expediente de expulsión como represalia a José Morales que tuvo la osadía de denunciar a un policía de paisano que había sacado una pistola en una manifestación pacífica en defensa del pueblo saharaui. El expediente se había suspendido hasta que los tribunales se pronunciaran. Ahora con el PP en el ejecutivo del Estado no están dispuestos a esperar por los pronunciamientos de los tribunales ni de las instituciones europeas. Estamos ante una expulsión racista porque castigan a un ciudadano pacífico por su origen extranjero. También quieren mandar un mensaje clarito a los que se atrevan a manifestarse para pedir que se cumpla la voluntad de las instituciones canarias que rechazan las prospecciones de Repsol. Porque eso fue lo que hizo José Morales, un activista proderechos humanos que llevaba 10 años residiendo en Canarias y que parece que es más peligroso que las decenas de golfos que han estado robando en las instituciones conejeras en las últimas décadas. ¡Qué asco!

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