FIRMAS Salvador García

Salvemos el Lago. Por Salvador García

Habíamos dado por cerrada la serie sobre la realidad del complejo turístico ‘Costa Martiánez’ pero la controversia suscitada tras la finalización de la relación contractual con la cooperativa ‘Cosmar’ y la situación en que quedan las instalaciones, propensa al deterioro y nada favorecedora de la proyección de la principal empresa turística del Ayuntamiento, hacen que sigamos analizando esa realidad con el mismo ánimo constructivo de aportar alternativas e impulsar soluciones. Tranquiliza comprobar, en ese sentido, que hasta hora, nuestros criterios son respetados y no refutados.

El caso es que cuatro días después de haber destapado el asunto en el espacio de opinión que gentilmente nos ha ofrecido Teidevisión, y cuando ya las señales de desconcierto y de funcionamiento anómalo eran evidentes, el gobierno local compareció ante los medios para explicar el proceso seguido ante la caducidad de la concesión administrativa. En la explicación, revela los pasos dados hasta producirse la ruptura con la cooperativa contra la que arremete por sus incumplimientos y sus pretensiones. El relato del gobierno es muy respetable y coherente. Falta conocer la versión de ‘Cosmar’ cuyos responsables, un suponer, estarán haciendo acopio de argumentos en sentido contrario, más que nada para justificar algo y salvar los muebles.

Pero ésta, aunque inacabada, es la vertiente técnico-jurídica del contencioso que probablemente aflorará. Hay otra que acaso pueda considerarse como la cuestión de fondo y es el aspecto real que ofrezcan las instalaciones. El riesgo de deterioro es evidente; las molestias pueden incrementarse; las reclamaciones seguro que irán en aumento; las posibilidades de que alguien se sienta defraudado al acceder subirán; la merma de calidad en los servicios y prestaciones es un hecho evidente; el descontrol en las entradas y salidas, en las prestaciones interiores y en el abuso de los hechos no autorizados -como por ejemplo, llevar calderos de comida o utilizar aparatos de música- serán factores perjudiciales que coadyuven a proyectar una imagen negativa del complejo, la joya de la Corona, como hemos escrito en reiteradas ocasiones.
Esto es lo que debe preocupar prioritariamente a los responsables del gobierno local que, en estos, por cierto, deben tener competencias compartidas. La situación presente es bien sencilla: estamos ya, prácticamente, en temporada veraniega; el lunes próximo podrán ser utilizados nuevamente el Lago y aledaños, concluidas las tareas de mantenimiento -¿habrán sido suficientes, por cierto-; y los servicios que estaban a cargo de ‘Cosmar’ seguirán cerrados y sin funcionar, o lo que es igual, en una situación poco edificante desde el punto de vista estético y poco productiva para usuarios y para el propio Ayuntamiento.
Algunos de los clientes habituales hablan de abandono y nos transmiten su preocupación porque palpan -algunos, a diario- el progresivo deterioro de las instalaciones que puede empeorar, sin duda. Tengamos presente que el Lago es la principal empresa turística del Ayuntamiento. Por tanto, el gobierno local -incluida el área de Turismo- no sólo debe ser sensible sino que está obligado a esmerarse que, en este caso, dadas las circunstancias reseñadas, equivale a operar diligentes medidas correctoras. Si también el complejo va a entrar en un proceso de desgaste -difícilmente recuperable-, si algunas provisionalidades van a chocar con parámetros de calidad y se van a prolongar, el coste va a ser altísimo para una ciudad que intenta superar, con grandes penalidades, su tránsito de decadencia.

Salvemos el Lago. No es una exageración ni un timbre de alarma: es un deber de todos.

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