FIRMAS Salvador García

No escampa. Por Salvador García

A estas alturas, se duda, cada vez más, sobre qué es peor: si los silencios o las contradicciones, si el oscurantismo o la imposición mayoritaria y esperar a que escampe. El país empieza a ser un sinvivir, un síncope continuado, un sindiós, del que se pueden salvar, eso sí, los defraudadores, que ese debió ser, otro acuerdo preelectoral de los que no van al programa, claro.

A qué precio se está pagando la mayoría absoluta de aquel aún cercano 20-N. Liquidado el Estado del bienestar, se trata de sobrevivir mientras las espadas de Damocles de los mercados y de los poderes económicos penden inexorables, con sus amenazas y sus primas de riesgo. Ministros que han desaparecido -o los han desaparecido para evitar más controversia- y comunidades autónomas que no llegan a fin de mes. La quiebra de la institucionalidad, palpable. La fractura de la cohesión social, en cuarto creciente.

Y no, no es un problema de comunicación, ni del Gobierno ni del partido gubernamental, donde bastante hay con batirse a remolque y a la defensiva. Incluso, desde dentro, ya se cuestionan capacidades. Pero es otro cantar. Si ya es difícil argumentar, ante la que está cayendo, imagínense persuadir. ¿Persuadir de qué? Ni con la involución de la radiotelevisión pública se arregla esto. Es un problema que desborda, a la espera de los resultados del fútbol para contrastar que no es crisis todo lo que reluce.

Miren por dónde aquel verso de Víctor Manuel recobra vigencia: “Un país que anda descubriendo cómo es/ aunque sabe muy bien lo que no quiere ser”. Ya no se sabe qué es peor, por mucho que se niegue el precipicio. El caso es que no escampa y el escepticismo se acentúa.

¿Resistir, vencer? No están los tiempos para ciertos ejercicios…

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