FIRMAS

Amor a 90 grados. Ángeles Riobo

¿Se puede medir el amor? ¿Cuánto pesa? ¿Cuántos centímetros tiene de alto?, ¿y de ancho? Esta semana he aprendido que sí, que el amor tiene medidas. Ya estoy segura de una, su temperatura. Señoras y señores, queridos lectores, el amor tiene 90 grados centígrados. Sólo si tuviera 10 grados más, se evaporaría, con lo que eso conlleva, así que 90 es una temperatura más que aceptable… una temperatura estupenda.

Esta semana también recordé que cuando uno de mis sobrinos tenía casi tres años y le preguntaba  ¿tú me quieres? él me respondía: – si tata. Entonces yo volvía a preguntarle insistente ¿cuánto?, ¿cuánto me quieres?… el niño me contestaba ¡grande-grande! y lo acompañaba con el gesto de sus pequeños brazos totalmente estirados hacia los lados, como para abarcarlo todo. Supongo que quería decir mucho, pero, por su escaso vocabulario de entonces, me respondía grande…
Mi pareja, (en un acto de amor, según él), recogió este miércoles todas sus pertenencias de mi casa, incluido su cepillo de dientes. Yo sigo creyendo que lo hizo porque no quería volver nunca más, pero él dice que fue sólo para lavar la ropa en su casa… En este punto, aprovecho para informar que tengo perro, así que, lo que realmente creo es que, con el fin de que su ropa no oliera a mi perro (espero que fuera por eso y no para que no oliera a mi) metió en la lavadora prácticamente todo lo que había tenido en mi casa durante las escasas semanas de convivencia, incluidas dos pares de zapatillas deportivas de la marca Nike.
Al día siguiente, en un acto de reconciliación (según él no, porque nunca se había enfadado) comí en su casa. En la sobremesa aprovechó para sacar la ropa de la lavadora, algo que, sin esperarlo, se  convirtió en todo un espectáculo para mí. Un polo blanco salió en un perfecto azul celeste. Y, a continuación, extrajo un bloque de goma casi indescriptible. Me acerqué un poco más y pude comprobar que se trataba de la parte de goma de una de las zapatillas deportivas, luego, sacó el empeine de otras, acto seguido sacó  otra zapatilla con la suela casi totalmente despegada…, en fin, todo un espectáculo.
Yo, perpleja dije en voz alta: -eso pasa por poner la lavadora con agua demasiado caliente… -Qué va, si yo siempre lavo con agua fría, contestó él, muy seguro de sí mismo…
Y es que mi pareja siempre presumió de saberlo hacer todo en casa y poner lavadoras es una tarea que entra dentro de su lista de supuestas habilidades…
Entonces se habrán colado pirañas con tinta azul por la manguera del agua, pensé yo con ironía, a la vez que me acercaba a la máquina destructora para ver a qué temperatura estaba puesta ¿Pero no lo ves? ¡La tienes a 90! exclamé, ¡eso es sólo para ropa blanca de algodón!
–Si claro, a 90 minutos, contestó él igual de seguro de sus conocimientos domésticos…

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