FIRMAS Juan Velarde

El Griñán golfista. Juan Velarde

Griñán vuelve a regar con cuantiosas subvenciones una nueva fruslería, aunque en este caso tiene su lógica. Pese al boquete económico de la Junta de Andalucía, el presidente socialista emboca perfectamente una partida de no sé cuántos millones para patrocinar un torneo de golf. Sólo falta que el Gobierno de este ’Tiger Woods del califato andaluz’ ponga los agujeros (financieros) para completar el favor a los organizadores de tan elitista deporte, una especialidad que deben jugar esos señoritos que tanto critica (de boquilla, claro está) el presidente socialista.

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Andalucía, claro está, seguirá siendo un caos gubernativo, máxime en esta legislatura del pacto de la izquierda, porque habrá muchas más bocas que complacer, más favores que cumplimentar y que satisfacer. ¿Qué la comunidad autónoma está a la cabeza del paro, del fracaso escolar o que su sanidad es una de las peores valoradas (seguramente sólo superada por la canaria)? No pasa nada. El señor Griñán saca sus palos, los examina, valora la situación y decide a ver dónde manda la pelota. Normalmente, salvo que el tiro le vaya desviado, ésta acaba cayendo en el tejado de Moncloa. Y es que Madrid, ¡cómo no! parece tener la culpa de todo, es la salida más recurrente para justificar la incapacidad al frente de una administración.

De todas maneras, no nos olvidemos de lo fundamental del asunto, de lo (blanco) nuclear, que es que el 25 de marzo de 2012 los andaluces tuvieron la gran ocasión de cambiar el color rojo del Gobierno, pero optaron por el rojizo comunista, es decir, más de lo mismo, pero salpimentado, más picante al asunto. Sí, dirán ustedes, ganó el PP, pero no alcanzó (por bastante) la mayoría absoluta y al final, salvo cuestiones personalistas como en Extremadura, manda la aritmética parlamentaria.

Así que nada, el señor Griñán podrá seguir tostándose al sol de los campos de golf, de la hípica o de los puertos deportivos más exclusivos de Andalucía. Seguirá habiendo parados a tutiplén, pero pueden sentirse orgullosos de ver a su presidente paseándose y posando en las instalaciones más Vips. Comer, no comeremos, pero al menos unas risas sí que nos echaremos.

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