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El follón marítimo en El Hierro deriva en lío político. Por Juan Carlos Díaz Lorenzo

Lejos de apaciguarse los ánimos en El Hierro por el malestar del transporte marítimo, en las últimas horas se ha producido un calentamiento de orden político, que será oportuno seguir al detalle para conocer su evolución. Ojo con los herreños –y esto es un aviso a los navegantes-, que no por ser los habitantes de la séptima isla –como la llamaba el siempre bien recordado José Padrón Machín- hay que desestimar sus aspiraciones y sus movimientos. En las islas mal llamadas menores estamos cansados de la prepotencia de algunos representantes de las “islas mayores”. Salvo para lo que les interesa.

Alpidio Armas está hecho un gallo político y le ha enviado un órdago a los dirigentes regionales de su partido (PSC-PSOE), de que están dispuestos “a cualquier cosa”, como abandonar su militancia socialista, si el Gobierno de Canarias no atiende como ellos entienden que debe hacerlo sus demandas en materia de comunicaciones marítimas y aéreas. Se trata de un sufrimiento prolongado, encajado, además, en una crisis que afecta gravemente a la economía de El Hierro y que atenaza muy seriamente a las navieras que prestan el servicio -Fred. Olsen y Naviera Armas-, dos compañías privadas que están comprometiendo su resistencia financiera ante la realidad de un mercado muy limitado.

Los socialistas herreños, como los palmeros, han salido contestones a la dirigencia regional y pactaron con el Partido Popular, desalojando a Coalición Canaria de la presidencia del Cabildo, que parecía su feudo de por vida. Y, por lo que parece, el pacto goza de muy buena salud, como en el caso de La Palma, a tenor de las recientes declaraciones de su presidente insular y nuevo secretario general del PP regional, Asier Antona. Un político joven y con un empuje arrollador, a tener muy cuenta, y eso que no ha hecho más que empezar.

Dice Alpidio Armas que “no descarto nada. O estamos para que se nos entienda o no estamos, porque no somos correa de transmisión de nadie”. Clara advertencia al pacto que sustenta el Gobierno de Canarias, formado por CC y PSOE. No le faltan razones. La isla tiene un 41 % de desempleo, no sólo por la crisis que nos ahoga a casi todos, sino también agravado por la espantada del turismo que ha supuesto la gestión de la erupción volcánica submarina acaecida frente a La Restinga, lo que ha complicado mucho más las cosas.

Alpidio Armas, líder indiscutible de este singular episodio

Alpidio Armas es piñero para más señas y eso infunde carácter en El Hierro. El Pinar es el municipio más joven de la isla y de Canarias y la segregación de Frontera salió adelante porque, entre otras razones, unieron sus fuerzas tres piñeros relevantes, que son pesos pesados dentro y fuera de la tierra bimbache: Manolo Fernández, destacado dirigente del PP de larga y exitosa trayectoria, hasta hace poco secretario general en Canarias; Eligio Hernández, socialista de socialistas, notable representante de la vieja guardia de izquierdas y jurista prominente; y Tomás Padrón, carismático dirigente de la Agrupación Herreña Independiente, muy experimentado, hábil, sagaz e igual de respetado que sus paisanos citados. Los tres, como decimos, unieron sus fuerzas al unísono sin colores políticos y su pueblo se convirtió en municipio.

Están muy lejos, por incapaces y sectarios, los actuales dirigentes de la AHI –pues ni están ni se les espera- de alcanzar el listón tan elevado que les ha dejado Tomás Padrón, cuya voz desde su retiro voluntario echamos en falta en ésta y en otras circunstancias que afectan a su isla. Pero han enviado un mensaje que no debe tomarse a la ligera: se desmarcan de Coalición Canaria por entender que el Gobierno de Paulino Rivero no atiende como es debido las necesidades de la isla. Y de paso piden la dimisión del consejero de Obras Públicas y Transportes, Domingo Berriel, a quien hemos visto desbordado e impresionado por el curso de los acontecimientos.

Alpidio Armas se frota las manos. “AHI ha tomado esa decisión por no ser correctamente atendidas sus demandas ni en Coalición Canaria ni en el Gobierno de Canarias, y nosotros también haremos lo que sea necesario”. Pues sucede, para el mejor entendimiento de nuestros lectores, que todas las fuerzas políticas de la isla –más los empresarios y los transportistas y toda la población, más los ausentes- están en esta ocasión como lo han estado en otras anteriores “en absoluta sintonía”, ya que el transporte marítimo y el aéreo son de vital importancia para la economía de la isla y para la potenciación del sector turístico, gravemente afectado por las razones que anteriormente hemos comentado.

Aunque los ánimos estaban caldeados desde hacía unas semanas, el estallido se produjo el pasado martes, cuando el barco de Naviera Armas dejó en el puerto de Los Cristianos carga para El Hierro, en un porcentaje importante para lo que es el movimiento y la demanda de la isla. Entonces prendió la mecha. El barco todavía no había salido de su atraque cuando la noticia se había regado como la pólvora a 66 millas de distancia. Hay que conocer a los herreños para comprender lo que esto significa. El resto ya lo saben nuestros lectores. Se armó un lío de proporciones considerables, que ha sorprendido por su inusitado alcance.

Naviera Armas ha dicho que abandona la línea de El Hierro, en la que no obtiene una mínima rentabilidad y en la que se ha sentido ultrajada. A la espera de que la pasmosa maquinaria del Gobierno de Canarias reaccione –y ello se traduce en un decreto de Obligaciones de Servicio Público, dinero de por medio para que la naviera adjudicataria realice seis conexiones semanales-, la tensión política en El Hierro no entiende de pactos de gobierno en la región, sino de soluciones contantes y sonantes para que los herreños tengan la misma consideración y el mismo trato que el resto de los canarios, pues lo son sin menosprecio alguno.

Solidarizados como estamos con las legítimas aspiraciones del pueblo de El Hierro, sin embargo, la actuación del pasado martes de los políticos herreños merece un comentario contundente. ¿Quién o quiénes van a pagar a Naviera Armas el daño y las pérdidas que le ha supuesto tan sonada actuación?. No hemos leído que, al menos, sus protagonistas se hayan disculpado públicamente con la compañía por el perjuicio causado no sólo a su economía, sino también a su imagen. Y los decimos quienes, como nosotros, hemos sido muy críticos en más de una ocasión con el servicio de esta compañía sobre todo en lo que a La Palma se refiere, algunos de cuyos dirigentes cabildicios son un ejemplo de tibieza política y mal entendimiento de la defensa de su isla. Pero esa es otra historia.

Porque, sinceramente, hubo momentos en que los protagonistas principales y quienes les secundaron -y lo decimos con todo el respeto- parecían revestidos de un aura de populismo criollo. Ellos –los políticos herreños, incluido el senador-, que deben ser ejemplo de adecuado comportamiento y civismo, se han permitido el lujo de bloquear el acceso a un barco, de viajar como polizones, de cometer una ilegalidad, de alterar la programación de una naviera y de generar un considerable retraso a los pasajeros de otras islas y encima han conseguido, con la mediación del Gobierno de Canarias, que Naviera Armas no los denuncie.

Su hazaña les ha salido gratis. A su regreso han sido recibidos casi como héroes. Han ganado una popularidad enorme entre sus paisanos y se han convertido en noticia de primera página en todos los medios informativos de estas islas. Su acción, además, ha trascendido las fronteras insulares. Cuestión por la cual nos hacemos una pregunta: si los protagonistas de la protesta no hubieran sido políticos, ¿la actuación y condescendencia hubiera sido la misma?, ¿qué podemos esperar entonces, llegado el caso, de otros colectivos sociales cercenados por la crisis?

Foto: EFE / Diario de Avisos

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