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Destino el mar: el placer de navegar. Por Teresa Hernández Herrera

Periodista-es/Teresa Fernández Herrera. Navegar es una excelente opción de viaje para escapar de la rutina cotidiana cuando ésta llega a ser agobiante y la huida de ella una necesidad. Navegar durante una semana en un extraordinario hotel flotante, que permite instalarse cómodamente, como en casa, sin tener que mover la maleta cada día, recibiendo en todo momento una atención exquisita, disponer de varios restaurantes a elegir, piscinas, jacuzzis, solariums, animación diurna y nocturna de buen o gran nivel, spa, casino, shopping y visitas siempre interesantes a ciudades bellísimas, es una cura de relajación y un privilegio.

Recientemente he tenido esa experiencia que me atrevo a recomendar a todo el que necesite ese tipo de escape, relajación y disfrute. Un crucero en el Grand Celebration de la Compañía Ibero Cruceros, una de las compañías filiales de la norteamericana Carnival Corporation, la más grande y demandada en la actualidad.

Embarcamos en Venecia, ciudad que conozco ‘casi’ tan bien como Madrid, donde pude dedicarme a descubrir nuevas calles, ríos y campos , palacios, iglesias, scuole grandi y …el fantástico hospital civil de Venecia situado en el antiguo hospital de los santos Giovanni e Paolo, junto a la iglesia del mismo nombre.

El itinerario continuó a Dubrovnik, Corfú, Santorini, Mykonos, (con la posibilidad de visitar la arqueológica Delos), la altamente estratégica Rodas, para finalizar en Atenas, ciudad a la que volver es casi siempre un placer para los que nos alimentamos de arqueología.

TFH-GC-capitan-Modaffari

El Grand Celebration fue botado en 1987, pero el barco actual –aparte de la estructura- no tiene nada que ver con aquel, ya que hace cuatro años se realizó más que una restauración, una reconstrucción total, ‘hasta la última chapa’, en palabras del capitán Antonio Modaffari. Comprobado, nada de lo que vemos hoy, pudo haber sido así hace veinticinco años, lo más importante, las instalaciones con tecnología de última generación en la sala de control de máquinas y en el Puente de Mando. Camarotes, en fin, todas las instalaciones del barco, ‘se vé’ que son nuevas.

Once cubiertas, con camarotes de pasajeros de la cuatro a la seis, interiores y exteriores, suites con terraza y balcón, junior y royal suite en la cubierta 11. Las cubiertas ocho a diez están dedicadas a restauración y entretenimiento. Piscina Grill, Buffet Triana (interesantísimo, con una oferta especial cada día para el almuerzo, aparte del buffet normal muy variado) que puede ir desde el más exquisito roast beef británico a la más típica cocina hindú, un excelente curry de cordero, acompañado de ‘chappati’ y ‘pappadum’, sin faltar la crema de yogur con frutas u hortalizas. Dos restaurantes ‘a la carta’, Vistahermosa y Riazor para almuerzo y cena, de libre elección para el primero, con mesa reservada para la cena durante el crucero. Ambos en la cubierta ocho, así como el atractivo Teatro Mirasierra que cada noche ofrece el espectáculo estrella, siempre distinto, presentado por la profesionalísima Elaine Santana, la brasileña directora de Animación. El bar Bellavista, a la entrada del Restaurante Riazor, es el territorio de Ariel, el excelente saxofonista argentino, siempre interpretando bellas canciones para la nostalgia o el recuerdo…

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La cubierta nueve es de proa a popa la del entretenimiento. Disco Alameda, La Rambla – un lugar en full swing noche y día, el bar 7 Calles (mi lugar nocturno favorito) con el cuarteto That’s Alljazz, bossa nova, éxitos internacionales, piano, guitarra, percusión, todos los componentes del cuarteto son cantantes, que ya me conquistaron la primera noche cuando empezaron a tocar una de mis canciones de culto de toda la vida, Blue Moon… Now I’m standing alone…without a love for my heart…without a love of my own… ¡Qué recuerdos…! Además el bar Gomila en la piscina, el más loco a bordo, en activo a todas horas, con juegos, bailes, fiestas, etc., el bar Casino Biarritz…¡Para todos los gustos!

Por la mañana, a elegir, clases de pilates, yoga, aerobic, de cocinas exóticas, bailes a todos los ritmos, juegos…Y la zona infantil, el Club Popi.

Hay una noche de gala, otra de disfraces, una noche blanca, noches casual, consumo ilimitado de bebidas alcohólicas y no alcohólicas.

La organización del crucero tal como la ve el pasaje es excelente y la coordinación de todos los servicios y actividades de una precisión milimétrica. Pero ¿cómo se consigue esto? ¿Qué hay detrás para que todo funcione así? ¿Cuántas personas están trabajando en los distintos equipos, cuantas horas de trabajo, cuantos turnos, cuantos alimentos se consumen en una semana de crucero? Veamos…

El Grand Celebration tiene capacidad para 1.910 pasajeros, en este crucero unos 1.200. Tripulación: 620 personas de veinticinco nacionalidades, 550 en este crucero. Su eslora es de 224 metros, manga 28 metros, tonelaje 47.626 Tn., velocidad de crucero 21 nudos.

Desde el 30 de abril que embarcamos hasta el 7 de mayo, consumimos: 9.000 kilos de carne, 9.300 de pescado, 3.425 litros de leche, 6.850 yogures, 900 kilos de queso, 19.300 kilos de fruta surtida, 15.040 kilos de vegetales, 4.370 kilos de arroz y pasta y 510 kilos de café.

Controlar el barco con un simple ratón. La presentación técnica del Grand Celebration – a un número muy reducido de personas que lo solicitaron– comenzó en la sala de control de máquinas. La visita se hace sin cámaras de fotos. En la sala trabajan tres personas, un ingeniero y dos ayudantes técnicos. Todo el trabajo informatizado en este centro de control se recibe automáticamente en el Puente de Mando. Ahí pudimos ver como se mueve y gobierna un barco, qué sucede para que el pasajero disponga de comida, agua caliente y fría, así como los esfuerzos de la compañía para mantener su flota no solo al último nivel tecnológico, también para colaborar a la sostenibilidad medioambiental.

Hay tres componentes importantes que intervienen en el movimiento y direccionabilidad del barco: Motores, hélices de propulsión y el casco. El sistema de propulsión eléctrico diesel está compuesto de dos generadores eléctricos principales, tres auxiliares y uno de emergencia que proporcionan energía a las vainas de propulsión, las cuales impulsan al barco sobre el agua. Los motores de siete cilindros están conectados mecánicamente a través de un eje a su correspondiente generador eléctrico. Dichos generadores producen la electricidad que alimenta todas las operaciones del barco. Hay además dos hélices electrohidráulicas, de propulsión de proa y lateral de proa, responsables de la capacidad de viraje del barco, así como dos generadores axiales que alimentan la maniobra en proa y popa. Es decir, el motor eléctrico utiliza energía eléctrica para generar energía mecánica y viceversa, el generador utiliza energía mecánica para producir energía eléctrica.

Desde el centro de control de máquinas vemos en el ordenador el sistema de inyección utilizado en los motores. Los ajustes y funcionamiento de todos los componentes se hace por medio de un ordenador, lo que significa que se puede controlar el barco con un simple ratón y un monitor. Con un doble click es posible arrancar o parar un motor.

Los motores diesel también proporcionan electricidad al resto del barco, necesidades del hotel y demás servicios auxiliares. La electricidad producida por los generadores es distribuida a los cuadros eléctricos, los cuales a su vez suministran la energía a los principales consumidores del barco.

Ver la maniobra de amarre y desamarre del barco es una de las mejores experiencias de estar en un crucero. Me dejaba pasmada su impresionante capacidad de viraje. ¡A este barco nunca le sucedería lo que al Titanic!

El Grand Celebration cuenta con una planta desalinizadora de agua de la que se toma una muestra a diario. El agua de uso se recicla, no es potable. El agua negra se tira fuera de las doce millas de aguas territoriales.

En el Puente de Mando, nos reciben el capitán Modaffari, su primer y segundo oficiales a bordo, el director del Hotel Giorgios Traganis y la directora de Relaciones Públicas, Claudia Pérez. Una serie de paneles de operaciones son explicados por el capitán, cómo todas las funciones automatizadas tienen su control central aquí, el mapa planetario radar y GPS, los estabilizadores que cuando se activan equilibran y reducen el movimiento, el timón auto piloto, las hélices laterales electrohidráulicas, los dos generadores axiales que alimentan la maniobra en proa y popa, el computador de navegación, donde por ejemplo, se diseña el crucero, la estación de radio, dos satélites, un canal ORC de escucha internacional y radioteléfono, sistema de detección de fuego, – tan sensible que simplemente si la puerta de un baño está abierta mientras alguien se ducha, se activa – consola de repetición de todo el control central, control de velocidad asociada al medio ambiente…

Nos dice el capitán Modaffari que los capitanes muchas veces deben investigar cuestiones legales de los países donde navegan.

«En todo momento, yo soy la cara legal de la compañía. Intentamos siempre seguir la ley, pero las leyes locales a veces son complejas. Muchas veces tenemos que hacer planificaciones legales cuando hacemos las planificaciones de los cruceros».

“Soy la persona que debe velar por la seguridad de todos los pasajeros como máximo responsable del barco, el responsable último de todo lo que se mueve aquí. De cara a la Compañía soy su figura jurídica. Mucho honor y muchos problemas”.

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Pasamos a las verdaderas ‘tripas’ del barco. Comenzamos por la sala de carga y descarga de alimentos y equipajes, la sala de recepción y reciclado de basuras. Todo se clasifica. Los residuos orgánicos se tiran al mar, fuera de las doce millas de la costa.

Cuando nos presentan a un miembro del equipo de bomberos, lo mismo podría haber sido un cosmonauta. Su traje y equipación, -doce kilos de peso – consta de equipo anticalor, casco, bombona de oxígeno, manómetro, medidor de temperatura, extintores de polvo y de CO2.

En la lavandería nos atiende la jefa de limpieza. Se compone de varias salas. Máquinas de lavado general, máquina planchadora de entrada y salida, doblado, lo más curioso la limpiadora y planchadora de uniformes. Se coloca el uniforme en un maniquí y ahí con una máquina como un mando a distancia, se limpia a base de vapor y con otra del mismo sistema se plancha. Verlo es una pasada.

Marta, nuestra acompañante desde el principio de la visita, nos enseña muy orgullosa el gimnasio de la tripulación, con toda clase de máquinas de fitness. Marta nos ha explicado previamente que la tripulación se compone de oficiales, staff y crew. Las normas a bordo son muy estrictas, algo necesario para manejar, en este crucero, a 550 personas de veinticinco nacionalidades. El idioma oficial en el Grand Celebration para los cruceristas es el español, pero para la tripulación es el inglés, primero porque todas las señales de navegación internacional están en inglés y segundo, es necesario para entenderse entre ellos. El staff – personal del hotel, restaurantes, bares, animación, excursiones – trabaja una media de once horas diarias y siempre tienen que estar disponibles. Durante diez meses al año no hay días de descanso, los otros dos meses, vacaciones. Hay tres turnos de trabajo y vacaciones, porque evidentemente el barco no para nunca. El Capitán tiene dos meses de vacaciones cada cinco meses de trabajo, que pasa en Italia, con su familia.

Todas o casi todas estas personas tienen una familia, de la que disfrutan dos meses al año. Pero como dice Marta, estamos aquí porque queremos, es un buen trabajo y nos gusta , disfrutamos con él.

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Pasamos al área de alimentos y bebidas. Consta de cuatro enormes almacenes: 1. De refrigerado, a 18 grados centígrados. 2. El seco. Legumbres, harina, arroz, pasta, etc. 3. El de enlatados. 4. Congelador. 1. Congelador de carne. 2. De pescado. 3. De bollería. Y una sala de frío a 4’ para la leche, yogur, zumos, quesos… De ahí pasamos a la sala de ‘peladores de patatas’. Mecánicos, claro.

Los comedores de la tripulación, sencillos, limpísimos. Comedor de crew, comedor de staff, comedor de oficiales, comedor del capitán y sus invitados. Dos cocinas, de tripulación y oficiales.

La cocina de pasajeros está dividida en dos secciones: Cocina fría – trolley en frío – y cocina caliente, eléctrica, -aprovecha el vapor de agua. Es impresionante la línea de montaje de platos calientes al Baño de María.

En toda esta visita de cocinas nos ha acompañado Alan Álvarez, el Chef Ejecutivo del Grand Celebration. Es un onubense, serio, muy consciente de su posición y responsabilidades. No es para menos. Tiene a su cargo un equipo de noventa personas. Y todo tiene que funcionar a la perfección.

Toda la panadería y bollería se elabora a bordo. Su departamento forma parte de las cocinas.

Otra gran nave es el departamento de lavavajillas. Muy interesante el ‘tren de limpieza de platos’, que trabaja a un ritmo de 2.500 por hora. Los vasos y cubiertos se colocan en grandes cestas.

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Salimos de las ‘tripas’ –cubiertas 3 y 2 – y volvemos a la cubierta 8, al Teatro Mirasierra, con aforo para 700 personas, un teatro donde se puede estar disfrutando de una bebida durante el espectáculo. Visitamos el backstage, los camerinos, donde ya están preparados los trajes para el espectáculo de esa noche, la última del crucero. Y la cabina de efectos especiales, en la parte alta, frente al escenario. De nuevo nos enfrentamos a un tablero de mandos complicadísimo. Nos dice su responsable que ‘en la producción de iluminación y sonido emplea la numerología’, una forma de mezclar las matemáticas con el arte. Trabaja en equipo con los artistas, el ‘ballet internacional’ compuesto de seis bailarinas y cuatro bailarines, acróbatas, cantantes, instrumentistas, un cómico del ‘Club de la Comedia’ y el mago Antonio Vara, un mago de broma. La cantante landmark del crucero es la brasileña Giselle, una soprano que podríamos escuchar en cualquier teatro de ópera, es extraordinaria. Pero como ella dice ‘estos son tiempos difíciles y aquí tengo asegurado trabajo de forma estable’. Forma pareja artística con el guitarra eléctrica, Daniel.

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No puedo terminar este reportaje sin mencionar la exquisita profesionalidad de Héctor Sánchez, maître ejecutivo y coordinador general del staff de todos los restaurantes, pasaje y tripulación. A sus órdenes, todos los rangos de todos los restaurantes y bares del Grand Celebration. Tiene una amplia experiencia en esta responsabilidad. Está casado con una colombiana y tiene una niña de seis años, a la que echa muchísimo de menos. Lleva en el G. C. cinco años, trabajando todas las horas que haga falta, que son muchas. Pero, me dice ‘aquí en unos años puedo ahorrar bastante dinero, prácticamente todo el sueldo, ya que estamos alojados y mantenidos’, así que ‘soy consciente del sacrificio que supone estar lejos de mi familia tanto tiempo, pero esta es una manera de tratar de asegurar un futuro’. Nos despedimos al final de la cena del 6 de mayo, última del crucero, y me dice: ‘Después de una semana podemos despedirnos con un beso’. Por supuesto, Héctor, me encanta que sea así.

No tuve ocasión de despedirme de Gustavo, el camarero colombiano, tan especial, tan atento, especialmente atento, porque en general todos lo son. Gustavo llega a ser entrañable y también espero que tras unos años de ahorro, pueda reunirse con su familia y trabajar viéndola a diario. Y Jorge, nuestro eficiente y seductor maître de la mesa 60 del Restaurante Riazor en las cenas del crucero. Jorge espera un bebé que quizá conozca cuando ya haya nacido. Estos son tiempos difíciles.Todos ellos realizan un trabajo duro de forma excelente. Como me dijo Héctor Sánchez, ‘vendemos el producto’, y lo hacen, en mi opinión, a plena satisfacción. Un trabajo duro, pero un trabajo. Un privilegio en estos tiempos.

Continuará.

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