Sin categorizar

Mi tesorooo… Por Eduardo García Rojas

El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover.” (Mark Twain)

A lo largo de mi vida he ido acumulando libros, discos, historietas y películas que han convertido mi espacio vital en un lugar desordenado y cubierto de telarañas.

Los libros, los discos, las películas y las historietas acumulan polvo en los estantes y en una esquina de lo que debió haber sido como un despacho se acumula una montaña de trastos que peligrosamente crece sin que me dé cuenta de su porqué. Bueno, la razón la sé aunque la evite como suelo evitar las molestas incomodidades cotidianas que salpican mi tránsito por esto que llamo vida: prefiero ignorarlo pese a que el problema se vaya haciendo cada día un poquito más grande.

Lo que voy a exponer a continuación no tiene nada que ver con la apurada reflexión que acabo de escribir hace apenas un instante. No, no tiene nada que ver. Sin embargo, y perdonen la contradicción, sí que sospecho que tiene algo que ver. Argo que ver para que me entiendan.

En estos tiempos negros que vivimos, en los que acuciado observo como el volumen de mi cuenta corriente desciende cada mes sin que apenas perciba un chorrito de ingreso, me entero por mediación de un amigo de la última payasada de las listas Forbes, una publicación que conozco porque ¿quién demonios no conoce las celebérrima listas Forbes a pesar de que nunca haya ojeado un ejemplar de la revista?

La última lista selecciona a los personajes de ficción más ricos. En la clasificación ocupa el primer puesto el dragón Smaug, una creación de J. J. R. Tolkien para su novela El Hobbit.

Forbes calcula en unos 62.000 millones de dólares la fortuna de este residente de la Montaña Solitaria, un dragón que, permítanme ustedes ahora que nadie nos lee, me parece una metáfora perfecta con la que poner cara a los multimillonarios que en la vida real nos aplastan como si fuéramos insolentes cucarachas.

El segundo puesto de la lista es para Flintheart Glomgold, o la némesis del Tío Gilito –personaje que al parecer encabezó el ránking del año pasado–. El tal Glomgold ha logrado reunir unos 52.000 millones de dólares con artes muy poco transparentes. Al igual que Gilito es un huraño, pero no se baña en una piscina repleta de billetes como sí hacía el tío de ese histérico y siempre sobreactuado –ahora lo entiendo– de Donald.

La lista continúa.

En la tercera casilla aparece Carlisle Cullen, el patriarca del clan de los vampiros de la saga Crepúsculo, y a quien no tengo el gusto de conocer. Le sigue Jed Clampett, protagonista de la serie de televisión Los nuevos ricos que era aquella en la que un paleto descubre petróleo en sus tierras y se traslada a vivir con los suyos a un barrio de señoritos y en un honroso quinto lugar Tony Stark, a quien conocerán como Iron Man y que en pantalla grande ha inmortalizado con irónica gracia Robert Downey Jr.

Stark, que tiene tiempo para ejercer de play boy y salvar el mundo de cualquier tipo de amenaza, se ha hecho con los 8.300 millones de dólares que, según calcula Forbes, ha llegado a su bolsillo gracias a la venta de armas. Lo que no explica es cómo quien se preocupa por salvar al mundo lo haga negociando con lo más de lo más para arrasar ese mismo planeta que dice proteger.

Claro que es un personaje de ficción y la contradicción no le quita el sueño.

Como no le quita el sueño a los banqueros que han diseñado la estafa perfecta ni a los empresarios que se lamentan de que el paquete de reformas laborales que sacude a la Europa de mercaderes en la que vivo les resulte aún enojosamente tibio…

Pero continuemos con la lista.

Tras Stark nos encontramos con un personaje de dibujos animados, Richie Rich, con casi 9.000 millones de dólares, y también con Charles Foster Kane, el magnate de la prensa que perdió la infancia (Rosebud) que inmortalizó Orson Welles en Ciudadano Kane.

Entre tanto listo sin alma, Forbes coloca a un tonto con buen corazón: Forrest Gump, aquel que decía estirando las vocales que la vida se parece a una caja de bombones…y muy cerca de él a Bruce Wayne, el multimillonario cuyo lado oscuro muestra disfrazado de murciélago.

Wayne, que guarda celosamente en su armario el traje de Batman o Batmán como se acentuaba en los inolvidables cuadernos de la editorial mejicana Novaro, al contrario de Stark tiene el corazón partío por ser testigo del asesinato de sus padres tras haber visto en el cine La marca del Zorro, cinta en la que el héroe enmascarado para no ser descubierto como el as de la espada que era simulaba ser un afeminado…

El top ten de los más ricos de la ficción lo cierra un clásico: Mr. Monopoly, el gordito vestido de frac, sombrero de copa y bastón en mano, y con cuyo juego de compra y venta de casas contribuyó a desgraciar más de una infancia.

No, no guardo buenos recuerdos de mis partidas de Monopoly, quizá porque siempre me quedaba arruinado y quien tenía la banca se negaba a darme crédito por mucho que hipotecara mis escasas propiedades. El juego, como observarán, resulta ahora inquietantemente parecido con la siniestra realidad actual.

Fuera de la lista, Forbes incluye a Lisbeth Salander, Tywin Lannister o el Señor Burns, el dueño de la central nuclear y de medio Springfield en Los Simpsons, entre otros.

Y aquí no pasa nada…

Lo que me anima a recomendar a los responsables de Forbes a que el próximo año elaboren una lista pero está vez con los diez hijos de puta más ricos del planeta.

Ojo, porque no me valen políticos sino precisamente los diez multimillonarios y/o banqueros que nunca aparecerán en los ránking de esa revista…

¿O es que alguien se cree a estas alturas que Bill Gates o Marck Zuckerberg son realmente los marcianos más poderosos económicamente de esta canica llamada Tierra?

Saludos, navegando en mi Titanic particular en el que aún toca en cubierta la orquesta, desde este lado del ordenador.

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