FIRMAS Juan Velarde

Barreda airlines. Por Juan Velarde

Dicen que a nuestra clase política hay que echarla de comer aparte, pero además, dentro de esa casta cerrada, impenetrable para el común de los mortales, siempre hay individuos que son capaces de superar lo insuperable, de mostrarse cuales seres insensibles ante una situación de manifiesta podredumbre. Da lo mismo que alrededor tuyo la gente esté pasándolas canutas, que tenga que estar aguardando horas en la calle para poder acceder a un comedor social o para ser el afortunado que consigue llevarse a casa los alimentos que un supermercado tira al contenedor de las basuras al finalizar la jornada y que se desprecian por el ‘sólido’ argumento de que están a punto de caducar o están algo ‘machacados’ y esos los clientes no los quieren.

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El caso es que en la ‘próspera’ Castilla-La Mancha de los tiempos del socialista José María Barreda, mientras se negaban ciertas ayudas por un lado, por el otro el presidente manchego presumía de instalación aeroportuaria en Ciudad Real (cerrada a día de hoy), aunque eso le costase al erario, es decir a los ciudadanos, la nada moderada cifra de 100 euros por cada pasajero que llegase hasta ese aeródromo, una suerte de derroche al que no estaba dispuesto a poner fin el señor Barreda, muy encantado él de ponerse al frente del progreso de la región y de querer hacer en la provincia castellano manchega el Barajas-2 o el JFK de Nueva York. A megalómano este político ganaba a Gallardón.

Afortunadamente, no fueron muchos los pasajeros que se dejaron cautivar por las ‘maravillas’ que ofrecía el aeropuerto de Ciudad Real, una instalación completamente absurda dado que al final, con un AVE al lado, nadie en su sano juicio, iba a escoger viajar, pongamos el caso, desde París al aeropuerto manchego para luego tener que coger tren hasta Madrid. Por mucho ahorro que se le quisiera echar al asunto, lo que no se gastaba en alas te lo pulías luego en raíles y catenarias.

Lo que realmente me preocupa con este aeropuerto, al igual que con todas esas obras que se han hecho alrededor de toda nuestra vasta geografía, es saber qué va a pasar con ellas, si se les podrá dar alguna utilidad y, lo más importante, si de una vez por todas quienes perpetran ese disparate estatal-autonómico-local pagarán hasta el último céntimo por ese asalto a los bolsillos de los contribuyentes.

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