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‘Mujeres con gafas de luna’ y ‘Un rato más’. Por Eduardo García Rojas

En este fenómeno desinquieto que está resultando ser la novela en Canarias y ante la avalancha de títulos que inunda el mercado destacan dos títulos escritos por mujeres en los que se abordan historia e intenciones más o menos parecidas: Mujeres con gafas de luna (Ediciones Aguere/Ediciones Idea) y Un rato más (Novum Publishing) de Juana Santana y Saro Díaz, respectivamente.

La vida puede parecer triste si la miras con estas gafas con las que estás mirando ahora, son las gafas de luna, todo el mundo usa gafas de sol, ella es la única que se pone gafas de luna con las que se ven las cosas de otra manera. Con las gafas de luna se ve a la gente afanada en pagar impuestos, hipotecas. Letras de cambio, bienes de consumo, gracias a lo cual se mantiene un sistema que se basa principalmente en la esclavitud. El entramado es sutil y sofisticado, hay que tener gafas de luna para verlo, los que se creen libres solo son esclavos, los que se creen que votan y eligen solo son dirigidos a votar a los mismos perros que se van cambiando los collares cada cuatro años.” (Mujeres con gafas de luna, Juana Santana).

La novela de Santana propone un monólogo a dos bandas con el mismo personaje, Lucía/Francisca. Un personaje que busca su lugar en el mundo pese a las numerosas frustraciones que pueblan su vida. El tono de la obra sabe así como a ajuste de cuentas con su destino,  pero no reniega del espacio geográfico en el que se desenvuelve la protagonista, La Laguna principalmente, como territorio en el que todavía se puede soñar pese al peso de la aplastante realidad.

El libro, que apenas supera las ochenta páginas, es un atractivo y vitalísimo canto a la esperanza, por muchas que sean las adversidades que se interiorizan en la cabeza de su protagonista, y he ahí donde late uno de los atractivos de una historia que permite al lector explorar las entrañas de un personaje que no navega a la deriva sino que se preocupa por encontrar su lugar en el mundo mientras aprende a desprenderse de todo el lastre que la ha configurado –y dañado– como persona y a asumir con resignación aquellos pedazos que puedan haber quedado colgados en algún lugar remoto de su imaginario.

“Con la etiqueta alojada en su mente –artista fracasada–  se sintió mejor. Flaubert afirmaba que valemos más por nuestras aspiraciones que por nuestras obras. Ahora ya no aspiraba a nada, podía permitirse llevar su aburrimiento vital de aquí para allá, sin objeto. Suponía casi un alivio.” (Un rato más, Saro Díaz).

Por el contrario, Saro Díaz evita ubicar a su personaje en cualquier población de Canarias aunque las referencias que menciona conduzcan inevitablemente al lector a entornos urbanos conocidos de las islas.

Un rato más propone adentrarnos en el alma y el corazón de una mujer que ha perdido el gusto por la vida. O más bien de un personaje que ha preferido rechazar la vida porque le aburre, le parece trivial y terriblemente fastidiosa. Un viaje a Nueva York, en el que le suceden una serie de peripecias, irá transformando su manera de ver las cosas y, una vez de regreso a su ciudad sin localizar, a reencontrar un amor que ya creía perdido definitivamente en su agenda existencial.

La novela está escrita en tercera persona y estructurada en tres grandes capítulos que ya anuncian la evolución de su protagonista, Ana: Sola, Con los otros y Combate permanente. Díaz añade un pequeño epílogo que cierra lo que prometía un relato desesperado con una juguetona y resignada sonrisa. Al final, viene a contarnos, para vivir hay que superar el miedo precisamente a vivir.

Ambas novelas, Mujeres con gafas de luna y Un rato más son relatos bastante interesantes para los tiempos que corren, y un reclamo para continuar adelante, a que crucemos las fronteras sombrías que nos separan del camino de baldosas amarillas.

En estos dos títulos, además, encuentro coincidencias que casi parece poner de manifiesto por donde se está escorando la literatura de estas dos escritoras. Mujeres que cultivan una escritura de acción interior a través de la cual hacen mover a sus personajes.

Se agradece el mensaje final, aunque en la novela de Díaz resulte un tanto forzado su quiero vivir. Quiero vivir sin miedo a vivir.

Santana se pregunta por el contrario si descubrir la tediosa y esclavizante realidad gracias a unas gafas metafóricamente de luna que solo “enseñan las cosas de esta forma tan poco probable, tan inexacta, tan general”  merece la pena cuando lo que aspiramos es fundirnos con el todo. Ser parte del todo. O el universo para la escritora.

Dos reflexiones que sus autoras describen mostrando el reflejo de las emociones de sus protagonistas.

Mujeres con gafas de luna y Un rato más (el orden de las obras no altera su calidad) son así, a mi juicio, dos relatos necesarios para continuar reivindicando la literatura que hoy, mujeres y hombres, están desarrollando en este archipiélago hasta el día de ayer algo dormido.

Saludos, quiero más, desde este lado del ordenador.

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