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‘Cubillo: historia de un crimen de Estado’. Por Eduargo García Rojas

Dirección: Eduardo Cubillo Blasco. Guión: Eduardo Cubillo y Óscar Guisoni. Producción ejecutiva: Ana Sánchez-Gijón. Producción: La Mirada Producciones, La Gaveta Producciones, Vértigo Laberíntico Producciones. Dirección de fotografía: Juan Antonio Castaño (AEC). Música y montaje: Eduardo Cubillo. Duración: 93 minutos.

Con independencia de que me encuentre en las antípodas ideológicas de lo que representa y aún intenta representar Antonio Cubillo, líder del Movimiento Para la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC), no cuestiono el papel que ocupa en la todavía poco estudiada historia de la Transición en las islas.

Un  periodo del que tengo vagos recuerdos infantiles, como los de ver a los adultos escuchar en la clandestinidad las alocuciones radiofónicas que realizaba desde La voz de Canarias Libre así como la de recoger pasquines tirados en la calle que la policía me quitaba de las manos.

Cubillo, con todas sus luces y sombras, pertenece a una Canarias que ya no existe pero forma parte de la biografía de un archipiélago cuya historia se desvanece no sé porqué razones.

Y este aspecto, el de recuperar la desmemoria de esta tierra desnortada, quizá sea una de las características más interesantes del documental Cubillo: historia de un crimen de Estado, una película dirigida por su sobrino, Eduardo Cubillo y producida por La Mirada Producciones, La Gaveta Producciones y Vértigo Laberíntico Producciones con apoyo económico del Gobierno de Canarias.

El documental, afortunadamente, no cae en la hagiografía de tan polémico como cuestionado personaje, se limita a contar unos hechos con sus antecedentes y conclusiones, con mirada relativamente objetiva y periodística.

Tiene además la capacidad, rodada con contenida objetividad, de reconciliar a Cubillo, postrado hoy en una silla de ruedas tras ser apuñalado salvajemente cuando entraba en su domicilio en Argel, con quien tuvo la misión de asesinarlo, Juan Antonio Alfonso.

El cara a cara que mantiene Cubillo con Alfonso y que muestra el documental en blanco y negro y sin dramatismo, es de lo mejor de este trabajo cuyo mayor mérito es la sobriedad con la que está filmado y también en como cuenta aquellos hechos.

Se nota que hay mucho trabajo meditado detrás de sus imágenes así como una notable capacidad de síntesis con la que se cuentan los hechos.

La intención es proporcionar al espectador elementos para que él mismo saque sus propias conclusiones de aquel periodo tan turbulento y aún oscuro en la historia del archipiélago y de España.

Destaca así la exquisita obsesión por equilibrar los tonos y el discurso, lo que hace que se perdonen algunos excesos que apenas chirrían porque el documental no nace con pretensión reivindicativa sino de exponer lo que hubo. O al menos se conoce que hubo de aquel frustrado intento de asesinato cuando Cubillo se convirtió en un problema para el Gobierno de España.

Cubillo: historia de un crimen de Estado es así un apasionante relato en el que se muestra en la medida que las fuentes lo facilitan las cloacas de un Estado cuya herencia franquista aún dominaba los resortes de su aparato policial así como la articulación de un movimiento independentista condenado al fracaso.

Condenado al fracaso por el discurso que sostenía y su loca aventura armada.

Cubillo: historia de un crimen de Estado es un documental con oficio. Profesional y sin ataduras poéticas.

Y si bien puede molestar en ocasiones por el acento que marca su banda sonora para subrayar algunos momentos, se deja ver y sobre todo no engaña por el equilibrio de posiciones que Eduardo Cubillo quiere sostener a lo largo de toda la obra.

Una obra en la que, paradójicamente, la víctima del atentado habla con quien intentó asesinarlo y da voz, he aquí lo más importante, a José Luis Espinosa (1), espía infiltrado en el Mpaiac a las órdenes del supercomisario Roberto Conesa y el traidor, siempre en cursiva, de esta trama que parece salida de una novela policíaca.

Cubillo: historia de un crimen de Estado viene a concluir que las víctimas de esa compleja red de traiciones fueron además del líder independentista, su agresor, Juan Antonio Alfonso y el mismo José Luis Espinosa. Todos ellos marionetas de una operación de cuyos titiriteros hoy se conocen algunos de sus nombres y apellidos.

El director, que contó con documentación de los archivos personales de Antonio Cubillo, ofrece así un relato que, periodísticamente, es impecable. Y hace plantear cuestiones ajenas al asunto que trata. En especial el empleo de la guerra sucia al que recurren los gobiernos presuntamente democráticos para quitarse de encima problemas.

Cubillo: historia de un crimen de Estado es un documental insólito y valiente.

Un trabajo que propone, a grandes rasgos y procurando un delicado equilibrio para no caer en molestos maniqueísmos, la apasionante radiografía de un crimen, afortunadamente frustrado, de Estado.

(1) Otros de los entrevistados en el documental son José Manuel Otero Novas, ministro de presidencia bajo el gobierno de Adolfo Suárez; Lorenzo Olarte, ex presidente del Gobierno de Canarias y en los años setenta asesor del presidente Suárez; Eligio Hernández, ex Fiscal General del Estado, delegado del Gobierno en Canarias y uno de los promotores del regreso de Cubillo a Canarias desde el exilio; Heidi Merck, ex ministra de Justicia de la Baja Sajonia, y que fue diputada del partido Socialdemócrata en la oposición y miembro de la Comisión de Investigación que destapó la implicación de los servicios secretos de la República Federal Alemana en el atentado a Cubillo; Julen Madariaga, co-fundador de ETA y que conoció a Cubillo en Argel; Alfredo Grimaldos, periodista y autor del libro La sombra de Franco en la Transición; Melchor Miralles, periodista especializado en terrorismo y ex subdirector del diario El Mundo; Federico Utrera, periodista y escritor, autor del libro Canarias, secretos de Estado; José Díaz Herrera, periodista en los años setenta de Diario 16; Pedro Canales, periodista y José Luis Morales, periodista de la revista Interviú en los años setenta y autor de la novela Sima Jinámar.

Saludos, ¿miedo?, ¿asco?, desde este lado del ordenador.

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