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N Negra de Arona: la segunda y tercera balacera. Por Eduardo García Rojas

 

 

 

La N Negra de Arona es un pequeño milagro, un pequeño oasis cultural, que este año cumplió su sexta edición con una interesante propuesta: analizar las claves de la literatura negro criminal en el archipiélago. Claro que como un buen interrogatorio sometido a tercer grado se le añadieron dos sarcillos con forma de signos de interrogación como sugirió el escritor Alexis Ravelo: ¿Novela negra canaria?

En la mesa redonda de este viernes, 11 de mayo, cuatro de los narradores que hoy por hoy cultivan el género en las islas debatieron bajo la moderación del profesor titular de la Universidad de La Laguna –y uno de los cómplices de la librería especializada Mistério, ubicada en La Laguna–  Miguel Ángel Rábade, sobre esta cuestión.

Allí estaban además de Ravelo, Antonio Lozano, Javier Hernández Velásquez y José Luis Correa.

Rábade sacó toda su artillería en la intervención ¿Existe una novela negra en Canarias? al razonar que NO, aunque fue ferozmente respondido por los cuatro delincuentes que, a mi juicio y con su trabajo están poniendo de manifiesto que el género se ha instalado en las islas y goza de momento (y sospecho que por mucho tiempo) de excelente salud.

Rábade, que sabe mucho de novela negra y también de noir isleño como acuñó Ravelo en su intervención del jueves, 9 de mayo, continúo gastando munición mientras la sala de Guaza del Centro Cultural de Los Cristianos se cubría de pólvora y el público asistente levantaba las manos para contribuir a una balacera en la que se reflexionó sobre un género que ha hecho posible, resaltó el responsable de Mistério, que las novelas de nuestros escritores negros puedan encontrarse hoy en las librerías al lado de las de Lee Child pero también de clásicos como Dashiell Hammett, Raymond Chandler o Ross Macdonald.

¿Novela negra canaria?

¿Noir isleño?

Como lector sí creo que hay una novela negra canaria.

Un noir isleño que tiene marca y afortunadamente nombres y apellidos: José Luis Correa, Antonio Lozano, Javier Hernández Velásquez, Jaime Mir, Carlos Álvarez, Alexis Ravelo y una nueva hornada de escritores nacidos en estas islas que ya no le hacen asco a la literatura de género. A un género, como es el negro criminal, que como dice el maestro Paco Ignacio Taibo II es la novela social de nuestros desgraciados tiempos.

Es una literatura, además, que me hace viajar a las alcantarillas de la capital en la que habito. También, el único género que se atreve a decir esas cuatro verdades que la prensa local ignora vaya uno a saber las razones…

El noir isleño, la novela negra canaria, que nace en estas islas a finales de los ochenta con la novela El caso del cliente de Nouakchott y los relatos que integran Negra hora menos de Jaime Mir Payá y Carlos Álvarez, respectivamente, ha logrado consolidarse en la actualidad con la obra de Lozano, Ravelo, Hernández y Correa, más los que vendrán porque este género es el único que permite tomar el pulso a ese corazón hecho una pasa que es Canarias. Y para ello no inventa territorios míticos ni realismos mágicos que si no están bien escritos ni son realismos ni mágicos.

Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife, La Laguna, etc, etc… son así lugares negro criminales como pueden ser Nueva York, Pekín o Marsella. Y es que el crimen es el crimen.

¿Una de las bellas artes como escribiera Thomas de Quincey?

En su intervención del jueves, 9 de mayo, Alexis Ravelo explicó que aburrido de novela negra canaria propuso en su lugar denominarlo noir isleño.

Ravelo comenzó a bucear en la laguna negra en 2002 cuando despertó en su cabeza la idea de “escribir la gran novela canaria”. El escritor confesó que hizo el intento, mientras simultaneaba la experiencia con trabajos extras para grupos de música y agencias de publicidad, aunque al final se dio cuenta que aquello que tenía escrito de la gran novela canaria solo demostraba “lo ignorante que puede ser un joven escritor.”

Los personajes, las situaciones “eran demasiado parecidas a mí.”

Alexis Ravelo toma entonces la solución kamikaze: “la borré del ordenador.”

Adiós a la gran novela canaria.

Pero, afortunadamente, “encantado de conocerlo, Eladio Monroy.”

Eladio Monroy es una creación de Ravelo.

Un marinero jubilado y gran lector.

“No es un detective sino un buscavidas”, resalta su creador. Y sí un personaje noir al que las circunstancias lo llevan a meterse en problemas.

¿Eladio Monroy es Alexis Ravelo?

No. Pero Eladio Monroy no existiría sin Alexis Ravelo.

Y afortunadamente Alexis Ravelo escribe sobre Eladio Monroy.

Luego los dos existen.

Y Las Palmas de Gran Canaria también existe en las novelas de Monroy.

Y yo, que no vivo en Las Palmas de Gran Canaria, recorro el lado salvaje de las calles de la capital grancanaria gracias a las novelas de Ravelo.

¿Sufre Ravelo el mismo síntoma que sir Arthur Conan Doyle con Sherlock Holmes?

Ya saben, cuando el escritor británico harto de su personaje decidió asesinarlo para disgusto de sus lectores que le obligaron a resucitarlo en otra entrega… Creo que sí, el problema es que Eladio Monroy ya no le pertenece al autor sino a sus lectores…

Algo parecido le pasa a José Luis Correa con su –este sí– detective privado Ricardo Blanco.

Correa presentó en N Negra de Arona la última novela de su protagonista, Nuestra señora de la Luna. Nuestra señora de la Luna es el quinto libro que su autor escribe de Blanco, personaje que también se mueve en los altos y bajos fondos de la capital grancanaria.

No tiene nada que ver con Eladio Monroy pero quiero pensar que más de una vez se han cruzado en alguna calle de esa misma ciudad en la que transitan y, a su manera, vigilan porque pese a sus demonios se funden en ella.

José Luis Correa confiesa que cuando escribió la primera historia de Ricardo Blanco no pasó por su cabeza que tiempo después continuara con él. Todo comenzó como un juego. Un homenaje al cine negro norteamericano en blanco y negro pero trasladado a la capital grancanaria con personajes que se movían como insectos en  la capital grancanaria.

El problema es que Ricardo Blanco gusta.

Y una editorial como Alba confía en Blanco.

Y apuesta por Blanco.

Y Correa escribe sobre Blanco aunque en la memoria de su ordenador duerman otros trabajos que continúan sonámbulos porque no son de Ricardo Blanco.

Ojo: Correa ya está trabajando en la sexta entrega.

El caso de Antonio Lozano es distinto.

La novela que presenta ese mismo jueves, 9 de mayo, en la N Negra de Arona es La sombra del minotauro.

Título en el que recupera a su detective privado José García Gago.

Gago aparece por primera vez en la novela Preludio para una muerte, publicada en 2006.

En su primer caso, Lozano ubica a su personaje en otro territorio negro que no tiene que ser necesariamente el de la gran ciudad: una población próxima a la capital grancanaria. Pueblo chico, infierno grande.

En La sombra del  minotauro, García Gago se mueve en la capital grancanaria.

La ciudad, una vez más, como personaje.

Javier Hernández Velásquez, que el jueves 9 de mayo presenta El fondo de los charcos acompañado del editor Ánghel Morales, hace lo mismo, aunque con una ambición en lo que lo negro y criminal se mezcla con la historia.

La historia de una capital de provincias que pudo tocar el cielo pero a la que castraron por la sin razón de una Guerra (in)Civil.

La capital tinerfeña vuelve a ser protagonista en la próxima novela del escritor: El sueño de Goslar.

Jaime Mir había ya formulado estas claves –las que plantea Correa, Ravelo y Hernández–  con su El caso del cliente de Nouakchott.

La ciudad, Santa Cruz de Tenerife, como protagonista más de la trama.

La ciudad, Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y cualquier territorio de nuestra desvertebrada geografía, que necesita de caballeros sin espadas capaces de decir no a lo que devora nuestra naturaleza y a reivindicar el noir canario, la novela negra canaria, como altavoz independiente y feroz de los que aún creen que todo está bajo control en este archipiélago con seguro de sol pero de corazón tan negro.

¿Existe novela negra canaria?

A mi juicio, y afortunadamente, SÍ.

Saludos, gratamente sorprendido por la capacidad visionaria de la concejalía de Cultura y sobre todo de Mercedes Chinea por hacer posible la  N Negra de Arona, desde este lado del ordenador.

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