FIRMAS Juan Velarde

Moncloa, ¿Hay alguien ahí? Por Juan Velarde

«No sé si tenemos un Gobierno de p… madre con una comunicación de mierda o un Gobierno de mierda con una comunicación de p… madre». Esta sencilla (y sonora) frase está pronunciada por los pasillos de Moncloa y no por alguien cualquiera, sino por un peso pesado del gabinete gubernamental. Desde luego, razón no le falta, pero es que además el Partido Popular es especialista en hacer de la política de comunicación su Talón de Aquiles, un quebradero y un dolor de cabeza que haría falta toda la fábrica de Bayer para poder mitigar esas cefaleas y aún así habría serios problemas para lograr que la mítica aspirina pudiese hacer efecto.20120511164712-rajoy-fernandezdiaz-420x210.jpg
El Ejecutivo, en materia informativa, es una mezcla entre la genial Casa de los Líos, aquella entrañable serie de Arturo Fernández y una película muda. O resulta que sale hablar a título personal un ministro y enseguida le replican dos o más miembros del Gobierno o, por el contrario, ante determinado asunto de trascendencia, pongamos por caso la crisis de Bankia, quien sale a dar la cara por todos nosotros es el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, que asegura que él tiene todos sus ahorros en esa entidad y que no pensaba tocar un solo céntimo.

Evidentemente, un Ejecutivo no tiene que estar permanentemente en los medios, es decir, comunicar por comunicar tampoco es, pero tampoco es cuestión de que espere hasta el mismo viernes para dar cuenta tras el Consejo de Ministros de los asuntos que ocupan y preocupan a la ciudadanía. No pueden estar, quienes tienen su dinero en el banco, esperando cuatro días a que alguien desde Moncloa decida dar las oportunas y pertinentes explicaciones.

Insisto, mal hace Mariano Rajoy calcando la estrategia de Génova en Moncloa. Cuando eres oposición puedes permitirte ciertos caprichos, como ningunear durante meses a la prensa, pero cuando eres presidente de Gobierno (y eso también es válido para cualquiera de sus ministros) ya no vale escudarte en la barrera castrense, en el muro impermeable de turno. Y es que si malo es hablar en demasía, más lo es quedarse callado y demostrar que se es presa del pánico del qué dirán.

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