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El 15M en Gran Canaria ¿franquicia o movimiento social? Por Juan G. Luján

Quizá después de vivir el éxito de las manifestaciones contra las prospecciones petrolíferas, las de la Huelga General del 29 de Marzo y la del primero de mayo, uno estaba acostumbrado a ver las calles de Las Palmas de Gran Canaria llenas de gente, con manifestaciones que parece que no se acababan nunca porque se leía el manifiesto y siempre seguía gente llegando. Pero la manifestación por el aniversario del 15 M en Gran Canaria se parece muy poco a las últimas movilizaciones que se han vivido en esta isla y, desde luego, no tiene ningún parecido con la del 15M de 2011.

Escribo en las primeras horas de la madrugada mientras en Madrid miles de personas desafían la orden del Ministerio del Interior de desalojar la Puerta de Sol a las 10 de la noche. En Barcelona los indignados acampan en la Plaza de Cataluña (con permiso de las autoridades) por lo menos hasta el próximo martes. En Valencia algunos cientos entraron en una plaza que tenía unas vallas que pretendían impedir la concentración final.

¿Qué ha pasado en las islas en los últimos 12 meses para que aquella movilización del 15M que situó a las dos capitales canarias entre las ciudades con manifestaciones más multitudinarias de todo el Estado haya tenido este sábado un aniversario con mucha menos fuerza? Porque la verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero, según sentenció Juan de Mairena (texto de Machado que no se ha leído el director de La Razón). Los portadores de la pancarta de cabecera en Las Palmas de Gran Canaria eran los “resistentes” de San Telmo y quizá eso lo explica todo.

El Parque San Telmo pasó de ser un encuentro de esperanzas plurales, un espacio de construcción de una democracia soñada que quería ser real, a ser un seminario sobre los colores, formas y olores de los ombligos. Una organización que quiere ser tan pura, tan libre de injerencias externas, tan ajena a las otras organizaciones, tan aislada de líderes y banderas, tan nueva en las formas de hacer las cosas, tan cambiante de portavocías…puede acabar siendo algo tan perfecto, tan perfecto como Dios mismo y, claro, podría ser que Dios no existe.

Acudí a algunas de las asambleas de San Telmo. La espontaneidad de las primeras semanas se fue transformando en otra cosa. Esa desconfianza hacia toda persona que perteneciera a cualquier organización llegaba al absurdo. “Es que ellos son de un colectivo jerarquizado”, “es que aquellos pertenecen a un sindicato”, “es que aquí no se puede poner una bandera de siete estrellas verdes”…Así ser miembro de la coordinadora de Ben Magec, ser afiliado de CCOO o ser militante de un partido conocido era siempre sospechoso. Sin embargo no lo era tanto haber estado en las listas de Falange o querer pactar todo con la policía.

Se hicieron muchas cosas bien. Se empezaron a formar grupos de indignados en barrios y pueblos de la isla, la gente de Stop Desahucios (que nació del 15M en San Telmo) logró frenar varias expulsiones de viviendas. Cuando se salía del Parque San Telmo para realizar acciones concretas el movimiento crecía. Pero ese miedo a no ser manipulados por otros provocó tambien cierto aislamiento. Los puros cada vez fueron más puros, porque a la gente militante de toda la vida no le gusta sentirse sospechosa. Algunos de los episodios que se vivieron en los últimos días de la acampada en el Parque San Telmo más vale olvidarlos para siempre. Se pasó de las páginas de sociedad en los periódicos a las de sucesos. Sí, a cierta prensa le gusta el amarillismo, pero desde un movimiento social tampoco deben ponérselo tan fácil.

Otro de los desaciertos fue la importación de los discursos. De Madrid se traín los manifiestos mientras no había comunicación con Tenerife o Lanzarote. Unos simpatizaban más con Barcelona, otros con Sol, pero no se planteaba la coordinación entre las islas y no cabían reivindicaciones canarias (“porque eso son cosas locales”). Y así llegamos al 12M de 2012. En la misma ciudad donde en apenas un mes ha habido tres manifestaciones con decenas de miles de personas en las calles (contra las prospecciones de petróleo, por la Huelga General y el 1º de mayo), la manifestación de este sábado fue la menos concurrida a pesar de que se reivindicaban las mismas cosas que en las movilizaciones anteriores.

Habrá que reflexionar. Sería bueno volver al principio de todo. Que el Parque San Telmo se abra a todo el mundo. Que no sean sospechosos los que militan en otras organizaciones. La democracia se construye con la pluralidad de las identidades y no anulando y enterrando todas las banderas. El 15M puede volver a ser un movimiento social de referencia en las islas y desde las islas. Otros prefieren que se convierta en una franquicia de la Puerta de Sol madrileña.

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