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N Negra de Arona: La primera balacera. Por Eduardo García Rojas

Arona se ha cubierto de un manto de tinta negra desde este miércoles, 9 de mayo.

La escena del crimen se encuentra en la sala Guaza, del Centro Cultural de Los Cristianos, donde una serie de escritores y unos individios que más que apasionados son locos por el género, se encuentran reunidos para hablar de los que más le gusta –la novela negro criminal– y compartir experiencias, títulos y autores con otros sospechosos habituales a una literatura que, afortunadamente en Canarias, ha dejado hace ya mucho tiempo su inestable y caprichosa adolescencia.

Me tocó esta misma tarde hablar de la novela que considero fundacional de lo policiaco en Canarias: El caso del cliente de Nouakchott, de Jaime Mir Payá. Y se me fue el tiempo volando porque además del discurso, el público asistente contribuyó a aligerar la velada levantando las manos y formulando preguntas muy interesantes.

Además de la novela de Jaime, reeeditada el año pasado por Oristán y Gociano, se habló de libros, editoriales y la paradójica ignorancia literaria que tanto los que viven en esta isla, Tenerife, como los que habitan en la que tengo delante de mis narices, Gran Canaria, así como las otras cinco que navegan a la deriva igual que las dos capitalinas, tenemos de los que se hace a un lado y al otro de las fronteras marinas que nos separan.

Las conclusiones fueron, como pasa casi siempre, desalentadoras.

Tras la intervención, cogió el relevo el editor Ánghel Morales, quien presentó la úlima novela de Javier Hernández Velázquez, El fondo de los charcos (editorial Baile del sol), título en el que su autor además de recuperar la memoria del poeta Domingo López Torres, rinde un hermoso y emotivo homenaje a Santa Cruz de Tenerife.

Velázquez, autor también de Factotum, La identidad fragmentada y el libro de relatos Los días prometidos de la muerte, publicará pronto El sueño de Goslar, novela en la que la ciudad que lo vio nacer y crecer vuelve a ser protagonista.

En su intervención, el escritor que es una de las voces –tiempo al tiempo– más maduras y valientes no ya de lo negro criminal en Canarias sino de la literatura que se quiere escribir en Canarias, recordó la figura de López Torres y de la gente que hizo capaz, como el mismo López Torres, Gaceta de Arte y soltó cuatro verdades que si bien no sé si comparto,  tienen la audacia de haber sido lanzadas con aplastante sinceridad en unos tiempos donde la sinceridad es un valor que está a la baja.

Así, El fondo de los charcos es El fondo de los charcos además de por López Torres un libro con ambiciones reivindicativas en la que Hernández Velázquez pero también todos los que somos de su misma quinta manifestamos nuestro orgullo por pertenecer a unas islas en la que hace ya muchos años un grupo de iluminados demasiados adelantados a su tiempo conformaron lo que se conoce como facción surrealista canaria.

Pero es que el peso de esta facción, y el peso como influencia si quieren fantasiosa de lo que hicieron, es lo que está dotando de un corpus sin prejuicios ni venenosas veleidades a esta hornada –y la que está empujando– de narradores a este lado siempre inestable del Atlántico.

Y ahí radica su grandeza.

Y su mayoría de edad.

Y capacidad de riesgo y de querer llegar a otros mercados aunque su autor resida en estas entrañables cagaditas de moscas que son las islas Canarias.

La N Negra de Arona continúa este jueves, 10 de mayo, con las intervenciones de Alexis Ravelo y José Luis Correa. El primero intentará desentrañar las claves del Noir Isleño a las 16.30 horas. El segundo presentará a las 17.30 la última novela protagonizada por su detective privado Ricardo Blanco, Nuestra Señora de la Luna.

Cuando el humo de la pólvora se disuelva en la sala Guaza del Centro Cultural de Los Cristianos intervendrá Antonio Lozano, quien dará a conocer La sombra del minotauro, novela en la que recupera al investigador José García Gago.

Saludos, bang, bang, bang, desde este lado del ordenador.

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