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PSICOLOGÍA. Conformarse en silencio. Por José Oriol

Los vagones que conducían personas hacia los campos de concentración, trasladaban almas apesadumbradas y extrañamente conformes, hacia un destino trágico e ignorado.

Cuesta entender cómo aquellos intelectuales alemanes, personas de dinero, y reputación habían llegado a aquella servidumbre. A formar largas colas, tan ordenadas como pacíficas, de familias enteras señaladas con su estrella de David y dejarse llevar hacia la muerte mas indigna que el ser humano haya conocido nunca.

Las razones no debieron ser muy lógicas, nadie se deja enviar a la muerte sin oponer resistencia, nadie, mientras pueda, muere en silencio. Y sin embargo, ha ocurrido en una de las culturas más racionales del mundo, responsable de gran parte de la filosofía y de la tecnología que hoy conocemos.

Al igual que la rana colocada en un caldero de agua tibia permanece tranquila y conforme mientras se le aumenta la temperatura hasta hervirla, el endurecimiento progresivo de las condiciones de vida hizo que, de forma imperceptible, empezaran a aceptar cosas inaceptables, que hubiesen hecho saltar a cualquiera, como salta una rana al caer a un caldero de agua hirviendo, para poner su vida a salvo.

Hablo de las condiciones necesarias para inhabilitar los mecanismos básicos de supervivencia de todo organismo vivo, que buscan su preservación y cuidado. Y en este caso, de conformidad, obediencia y claudicación.

Es posible pensar que la conciencia cívica de los judíos y la confianza en el estado impregnara el pensamiento de los perseguidos en la Alemania nazi. Es posible que nunca alcanzaran a imaginar el grado de depravación al que puede llegar una persona-soldado-nazi, si se dan las condiciones adecuadas. Es posible que se conformaran.

El Conformismo, es el cambio de creencias y conducta de una persona como consecuencia de la presión que ejerce el grupo, de modo tal que se modifica la disposición previa del sujeto, en dirección de la norma establecida. Entendiendo «presión» como los actos explícitos destinados a producir el consenso, como la sanción negativa o castigo de la divergencia (p.e. el aislamiento). O también, la simple presión tácita derivada del consenso del grupo respecto a alguna cuestión.

Este último muy interesante porque basta que varias personas realicen estimaciones erróneas intencionadamente respecto a algo para que un recién llegado tienda a renunciar a sus percepciones correctas para ajustar su juicio a lo estimado por el grupo. Asunto extremadamente preocupante porque hablamos de modificaciones en las percepciones de la realidad física (distancia entre dos puntos), probadas experimentalmente por los científicos sociales, originalmente, por unos llamados Asch y Crutchfield, pero luego repetidos con los mismos resultados ciento treinta y tres veces, en diecisiete países distintos.

Dicho de forma más llana, está sobradamente demostrado que las personas hacemos estimaciones erróneas de hechos objetivos para ajustarnos a un grupo,  sin darnos cuenta de que estamos renunciando a nuestras percepciones correctas.

De ahí la tesis que vengo a defender, la conformidad es un proceso psicológico fundamental en el ser humano, consecuencia directa de sus necesidades de pertenencia a un grupo o una sociedad, que convenientemente utilizado anula otros mecanismos básicos de supervivencia como la autoprotección de la salud o la vida. De modo que, hacer pequeñas concesiones a la conformidad pero frecuentes a lo largo del tiempo, puede dar lugar a consecuencias desastrosas para la vida de una persona, tales como colaborar con sus verdugos introduciéndose mansamente en un tren que los conduce a la muerte.

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  • Magnífica exposición y análisis de un fenómeno cada vez más extendido en nuestra sociedad.