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Fallece Patricia Medina, una actriz de sangre canaria del cine de serie B del Hollywood clásico. Por Eduardo García Rojas

¡Qué sorpresa! Pasa desapercibida en Canarias la muerte de Patricia Medina.

La actriz británica fue hija del grancanario Ramón Medina Nebot, quien contrajo matrimonio con la inglesa Wonda y del que nacieron, fruto del matrimonio, tres hijas: Pepita, Patricia y Gloria.

Medina, que se trasladó a Hollywood con su primer esposo, Richard Greene, vovería a casarse otra vez con Joseph Cotten, un actor por el que siente quien escribe este blog  una extraña y si quieren enfermiza devoción.

La carrera cinematográfica de la actriz estuvo marcada por producciones de serie B, aunque se la puede ver en la vibrante película de capa y espada Los tres mosqueteros (George Sidney, 1948) como Kitty, la camarera de Milady de Winter, papel que interpreta la turbulenta Lana Turner.

Otras cintas, de escaso calibre pero de visionado entrañable para cinéfilos de buen corazón, son sus apariciones en La legión extranjera, junto a la pareja de cómicos Abbott y Costello, y Mi mula Francis, donde Francis –pese a Donald O’Connor– monopoliza el protagonismo porque suelta cuatro verdades por su boca de asno.

Si han visto la película probablemente recordarán a la mula y no a O’Connor y mucho menos, me temo, que a la bella Medina.

Con esto quiero decir que la filmografía de Patricia Medina está cuajada de películas menores, sí, pero también de extrañas rarezas como su intervención en Mr. Arkadin, de Orson Welles, que es uno de esos largometrajes de los que recuerdo una frase que aún permanece grabada al rojo vivo en mi disco duro: “No intente escarbar en la memoria de un hombre que ya no tiene recuerdos”.

Medina, Patricia Medina donde gana mayor protagonismo es siempre como acompañante femenina en cintas de capa y  espada de serie B como Las aventuras de Dick Turpin (Ralph Murphy, 1951); La alfombra mágica (Lew Landers, 1951); Aladino y la princesa (Lew Landers, 1952); Siren of Bagdad (Richard Quine, 1953) y Corsarios de Trípoli (Felix Feist, 1955). Y junto a Alan Ladd, un actor de pequeña estatura pero que la pantalla hacía crecer como un gigante: La nave de los condenados (John Farrow, 1952) y El caballero de Negro (Tay Garnett, 1954).

También la podemos ver en El fantasma de la calle Morgue (Roy Del Ruth, 1954), basado en el relato de Edgar Allan Poe y en la excéntrica cinta de terror La bestia de la montaña (Edward Nassour, Ismael Rodríguez, 1956).

En televisión, destacan sus trabajos en series como El Zorro, entre 1957 y 1959, un capítulo de Bonanza y en The Alfred Hitchcock Tour, concretamente en el capítulo titulado See the Monkey Dance.

Patricia Medina dejó escrita una autobiografía, Laid Back in Hollywood: Remembering, que desconozco si ha sido traducida al español.

De su origen paterno canario comentó en cierta ocasión en una entrevista: “Mi padre es canario y, a pesar de ello, mi hermana pequeña nunca llegó a conocer las islas. Quien sí las conoce bien es la mayor”.

Pedro González Sosa, en un artículo publicado en La Provincia el año pasado, escribe sin embargo y por boca del coleccionista Andrés Padrón: “recuerdan sus allegados muy próximos aquí residenciados que solía visitar la isla con su hermana mayor en su años juveniles hospedándose en la casa de sus abuelos en la zona de Tamaraceite.”

El caso es que Patricia Medina, actriz y esposa de Greene y más tarde de mi admirado Cotten, falleció el pasado 28 de abril en Los Ángeles, California, a los 92 años de edad.

Vaya pues mi reconocimiento cinéfilo.

Vayan también unas preguntas:

¿Le dedicará el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canarias, si aún se mantiene, el homenaje que se merece el próximo año?

¿Exhibirá la TV Canaria estos días alguna de sus películas para recordar su memoria?

Mmmm… Mucho me temo que no.

Ahhh, si la Mula Francis hablara…

Saludos, señora Medina, desde este lado del ordenador.

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