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César Fernández Trujillo, analógico hasta el final

Redacción.-Todos tenemos un momento capturado en el tiempo del ya ausente César.

Una vida tan larga y fructífera brinda muchas cosas. Miles de amigos, muchos de ellos desconocidos y unidos por su voz. Millones de horas de radio que se las ha llevado el viento. Otras tantas guardadas para la posteridad en soportes de distinto tipo. Su propio archivo sonoro con cientos y cientos de horas de radio memorables, que nunca verán la luz de su mano, y que los que venimos detrás tenemos que honrar y custodiar. Miles de folios editoriales escritos con una (inseparable) máquina de escribir, cada mañana, antes de iniciar su programa, tras la lectura y análisis de la prensa diaria y sus cigarritos de rigor (¡Ay, César, esos cigarritos!).

La (mala)suerte no ha querido que el maestro -nunca mejor calificación para un profesional- viera cómo el cariño que le profesamos se cristalizara una vez más, ahora de forma directa e intransferible, significándole como hijo predilecto de su terruño. Tampoco ha querido la suerte que presentara su libro, su esperado libro. No ha querido el destino que sus legiones de alumnos lo arroparan y abrazaran, buscando serenidad en estos momentos tan duros para la profesión.

César siempre era un optimista que había vivido antes cualquier cuita que nos atenazara. Por eso había que escucharle, aunque él sabía callar como nadie.

Todos tenemos un momento en la memoria, en la retina, que nos guardaremos del gran César. Como el último en que lo vi ante un micrófono, en su Radio Isla Tenerife, una radio chiquita que acaba de irse junto al maestro y que le ha hecho aún más grande como hombre de radio, tras su ¿jubilación?

Genio y figura. Yo salía de uno de los estudios de la radio, acompañado por José Antonio Pardellas, su último director y compañero de mil batallas ganadas al tiempo y a la profesión. César se encontraba en otro estudio realizando su programa diario. El técnico trasteaba con las líneas telefónicas tratando de meter a un invitado que -por lo que deduje- llevaba un rato a la espera. Y pasaron los minutos. Muchos.

Finalmente César, contrariado, se quitó los cascos y los lanzó sobre los periódicos. A pesar de que el artilugio no sufrió desperfecto alguno, Pardellas le miró y refunfuñó algo. Dentro del estudio, César también refunfuñaba algo para sí; relativo seguramente a la falta de respeto con el invitado al hacerle esperar tanto tiempo.

Para cualquiera que no conociera bien al maestro, aquello hubiese pasado por una calentura de divo. Yo vi a un pibito con 50 años de profesión a la espalda que quería que su programa fuera perfecto, sin errores y guardando el máximo respeto a la audiencia e invitados.

Y ese tipo de radio se ha marchado con César Fernández Trujillo.

¡Arriba sintonía de salida!

 

3 Comentarios

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  • Gracias a mi madre, desde niña su voz me ha acompañado y siempre estará conmigo, como uno más de la Familia. Un caballero. Un abrazo para su Familia y Amigos.

  • Voz majestuosa, actitud impecable, estilo genético, rigor en la noticia, respeto en la opinión, humildad ante el oyente…le conocí además en las fiestas de barrio, cercano, gentil, comprensivo ante los fallos en el protocolo de las voluntariosas comisiones de fiestas, siempre con la palabra correcta, midiendo los tiempos, cubriendo como nadie las pausas imprevistas….parece increibe que un periodista de semejante nivel tuviera en la isla una burbuja de cristal mientras cada día tropezamos en medios nacionales auténticos memos, sectarios, ineptos, analfabetos titulados y demás ejemplares de seudoperiodistas encumbrados al éxito.
    Descanse en paz alguien cuya voz me acompañará hasta que muera.