FIRMAS Juan Velarde

A Urdanga le chafan el chollo. Por Juan Velarde

Lo que está aconteciendo en la Casa Real española es de todo punto indignante. Ya hace tiempo que en esa institución se perdieron las buenas maneras, el disimulo y el intentar guardar las apariencias cuando al resto de los ciudadanos les venían mal dadas. No, a los ocupantes del Palacio de La Zarzuela les importa ya todo un pimiento y además han tomado a los españoles por sujetos de biberón y chupete. Piensan que no nos enteramos, se creen que viven en un mundo aparte que les permite hacer lo que sus reales actitudes les plazca, pero no, no es así y al menos resulta reconfortante ver como ya hay medios que se atreven a contar con pelos y señales las atrocidades que se cometen y se pretenden cometer al amparo de una Constitución en la que se dice bien claro que el Rey no es responsable de sus actos. Dicho de otra manera, que es un irresponsable.

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El caso es que con el chusco episodio de la cacería africana, Corina, las muletas y ’el lo siento mucho, no volverá a pasar’, se había quedado olvidado en el espectro informativo el caso de Urdanga, alias ’el manga’. No es tonto el Duque de Palma, el esposo de la Infanta Cristina, que en clara estrategia con su abogado intentaron colarnos por la puerta de atrás un acuerdo con el socio Diego Torres para, si bien reconocer los hechos de que el dinero no se usó como correspondía a una institución sin ánimo de lucro, intentar librarse de una pena mayor, es decir de acabar en el talego, lo que hubiese representado toda una estampa que daría la vuelta al mundo y parte del Universo.

Sin embargo, ¡qué curioso! cuando ya el escándalo amenazaba con salpicar a base de bien a la Casa Real, todos se han puesto a recoger velas, a replegarse y a negar la mayor. Está claro, se lanzó un globo sonda y éste quedó pinchado nada más elevarse ligeramente. No está el horno para bollos y después de los tiros elefantiásicos de Su Majestad, el pueblo español ya no está para más petardos y a ver si de una vez por todos se acaban con esos privilegios. Si el yerno era un trincón, algo que han de dirimir los jueces, pues que pague como debe, especialmente devolviendo la pasta, si es que se quedó con algo como marcan los indicios. Lo que no podía ser es que por ser quien es tuviese un trato más privilegiado que el resto de los ciudadanos. Aquí tiene que imperar ese principio universal de que quien la hace, la paga.

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